La diputada de Podemos Irene de Miguel ha expuesto su punto de vista sobre la crisis en el sector agrícola que ha echado a las trabajadores del campo a la calle a protestar por sus derechos. De Miguel, ingeniera agrícola, ha razonado en Canal Extremadura un alegato que ha callado muchas bocas que señalan que los trabajadores se echan a la calle solo porque quieren más dinero.

«Ahora que estamos recogiendo el brócoli: en origen se paga el productor 0,41 €/kilo; En destino, el supermercado está a 2,90 €/kilo: un incremento del 600 %», y continúa: «La aceituna verde de 0,76 en origen A cuatro con 81 € kilo. Un incremento del 533 %. Y la naranja, los cítricos, ascienden también hasta más del 500 %.

«¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que en esa cadena alimentaria al productor se le da un precio mínimo, un precio absolutamente injusto, pero hay otros que sacan mucho beneficio por el camino. Esos son los intermediarios, esa es la gran distribución», señala De Miguel.

La diputada reprocha a los tertulianos que «no os he oído hablar nunca del abuso de los monopolios. No os he oído hablar nunca de los tratados comerciales y como tratan a la agricultura como moneda de cambio hacia otros sectores más industrializados».

«El mercado libre en la agricultura se ha demostrado que no es viable, porque es injusto. Hay que intervenir en el mercado. Hay que intervenir el mercado para fijar un precio mínimo en origen para los productores en función del coste de producción anual», razona la miembro de Podemos.

«No se puede dejar al mercado que se autorregule porque eso no sucede. ¿Sabes lo que sucede?, que al final ¿quién cierra, quién se arruina? El pequeño y mediano agricultor. ¿Quién acapara las tierras, el agua, las semillas? Las grandes empresas, el oligopolio alimentario», expone la diputada, que señala además que «no es el salario mínimo interprofesional, es el abuso del monopolio, sus latifundios que se llevan todas las subvenciones públicas, toda la política agraria común, que no beneficia quien produce, sino que tiene la tierra».

«Y, sobre todo, es un modelo también agroindustrial que nos está llevando a una especie de esquizofrenia en la que cada vez tenemos que producir más y llevarlo más lejos, pero recibir menos dinero», sentencia De Miguel.