La grave sequía que asola el noreste de Kenia ha hecho que el número de niños y niñas que se enfrentan a la desnutrición aguda aumente en un 25% en lo que va de año, hasta alcanzar casi un millón, y se teme que esta cifra crezca aún más si las previsiones de otra temporada de lluvias fallida resultan ser acertadas, provocando una catástrofe sin precedentes.

Save the Children publica una serie de impactantes imágenes realizadas por el galardonado fotógrafo Tommy Trenchard desde el epicentro de la sequía para ilustrar el devastador impacto de la crisis en la vida de los niños y niñas.

Las fotografías captan su lucha por sobrevivir, viviendo en uno de los entornos más duros del planeta. Las familias se ven obligadas a cavar en busca de agua dulce en los lechos secos de los ríos, los niños y niñas describen que no saben de dónde vendrá su próxima comida o si podrán permitirse ir a la escuela, y las madres atienden a sus hijas e hijos enfermos y desnutridos mientras lloran durante la noche.

Yvonne Arunga, directora de Save the Children en Kenia, dice: «Estas impactantes fotografías ilustran el desastre que se está produciendo ante nuestros ojos. Ningún niño o niña debería irse a la cama con hambre, no poder permitirse ir a la escuela o tener dificultades para acceder al agua potable. El aumento de los precios debido a la guerra en Ucrania, el cambio climático y el impacto económico del COVID-19 se han combinado para crear una crisis de hambre a una escala sin precedentes, poniendo en riesgo la vida de millones de niños y niñas. Con la previsión de que las lluvias vuelvan a ser escasas, el tiempo se agota. El mundo debe actuar ahora para evitar la catástrofe».

MÁS DE 18 MILLONES DE PERSONAS CON INSEGURIDAD ALIMENTARIA

El Cuerno de África se enfrenta a la peor sequía de los últimos 40 años, tras cuatro lluvias fallidas consecutivas, y la crisis se ve agravada por el aumento de los precios de los alimentos debido a la guerra en Ucrania y a las consecuencias de la pandemia del virus COVID-19. Al menos 18,6 millones de personas en Etiopía, Kenia y Somalia viven con inseguridad alimentaria aguda y malnutrición creciente, y esta cifra podría aumentar a 20 millones en septiembre. Entre ellos hay más de 7 millones de niños y niñas que sufren desnutrición aguda, y dos millones se enfrentan a la forma más peligrosa, la desnutrición aguda grave.

Más de dos millones de niños y niñas viven en las regiones áridas y semiáridas del norte y el este de Kenia. Se calcula que 942.000 niños menores de 5 años y 135.000 mujeres embarazadas y lactantes sufren desnutrición aguda y necesitan tratamiento, lo que supone un aumento de 755.000 y 103.000 respectivamente desde febrero de este año.

Más de 1,5 millones de ganado, que son vitales para que las comunidades de pastores puedan alimentar y mantener a sus familias, han sido arrasados por la sequía en Kenia. Como consecuencia, los niños y niñas tienen poca leche para mantenerse alimentados y los animales que han sobrevivido son demasiado escasos para que las familias puedan venderlos y obtener ingresos.

Millones de personas se han visto sumidas en la pobreza y las familias no pueden permitirse alimentar a sus hijos o enviarlos a la escuela. Unos 3,3 millones de niños y niñas corren el riesgo de abandonar la escuela en Kenia, Etiopía y Somalia. Esta cifra se ha triplicado en sólo tres meses.

Mahad*, de 12 años, vive en un pueblo del norte del condado de Garissa, cerca de la frontera con Somalia, con su madre y sus siete hermanos. Su familia perdió cientos de animales debido a la sequía, y ahora tienen dificultades para costear la comida y las tasas que hay que pagar para mantenerla en la escuela. En su pueblo no llueve desde hace varios años, y las familias se ven obligadas a cavar en el lecho de un río seco en busca de agua.

Su padre, Hussein*, de 45 años, dijo: «Todavía estamos vivos. Todavía no hemos muerto. Pero sólo Dios sabe lo que pasará si hay otra temporada de lluvias fallida. Antes comíamos tres veces al día, ahora sólo dos. A veces nos quedamos sin comer”. A lo que añade: “La escuela necesita cuotas que pagar y ahora mismo no podemos asumirlas… Si no puedo pagar las tasas escolares, mis hijos tendrán que venir y quedarse en casa».

Dualle*, de 14 años, dijo que desde que murió el ganado su familia no tiene nada que comer. Él y sus cuatro hermanos pasan días sin comer y dependen de la ayuda de sus vecinos. Dualle* explica que los niños y niñas pequeños se ven especialmente afectados por la falta de leche de los animales y son susceptibles de enfermarse porque están muy desnutridos. Afirma que «el ganado se está muriendo y por eso la gente no tiene nada que comer. Algunas noches no podemos cenar, entonces los niños se quedan con hambre y al día siguiente pedimos ayuda a nuestros vecinos que están mejor que nosotros. Es continuo, puedes encontrarte con que sólo cocinas comida para tres días y los restantes te falta comida.

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