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Iria Bouzas

 

Algunos creen que necesitamos su permiso para empoderarnos y que nos pueden decir hasta donde podemos hacerlo

Tengo la desagradable sensación de que, desde los años 60, hay una especie de consenso social para tolerar, más que para aceptar, las reivindicaciones que vienen del colectivo de mujeres.

Después de una lucha tras otra, después de años y años de presiones, trabajo, sangre, sudor y mucho esfuerzo, las mujeres hemos conseguido algunos avances pero cada día parece más obvio que estos no han sido interiorizados de verdad por una parte de la sociedad.

Hace tiempo que no es políticamente correcto hacer callar a una mujer. Así, que algunos, creen que tienen la potestad de decidir dejarnos hablar y la legitimidad para indicarnos cuando estamos hablando demasiado o cuando lo estamos haciendo demasiado alto.

Esos mismos que se creen amos y señores de la regulación de nuestra voz, también han interpretado que el resto de nuestras conquistas de derechos no han sido tales conquistas, para ellos han sido dádivas que nos han otorgado desde el fondo de sus magnánimos corazones.

Lo lamentable de este fenómeno de distorsión de la realidad de la lucha de las mujeres, es que no se limita solo a la parte más rancia, conservadora y reaccionaria de la sociedad. Cada día, hay más voces dentro del feminismo acusando a los compañeros en otras luchas civiles de practicar estas actitudes tan hipócritas e inaceptables.

La autodenominada izquierda, hace décadas que reclama como suya la lucha feminista pero parece que lo hace más, desde la necesidad de acaparar cualquier movimiento que movilice a la lucha y la protesta, que por el convencimiento interno de muchos de sus miembros de la legitimidad, la justicia y la necesidad real de que se cumplan sus demandas.

Da la sensación de que creen que para empoderarnos necesitamos su permiso, y parece que piensan que nos han dado esa autorización para empoderarnos, ¡pero solo un poquito!

La huelga feminista del 8 de marzo está dejando a muchas personas en evidencia. Después de años en los que se les llenaba la boca hablando de solidaridad y feminismo, de pronto hay quienes se sienten ofendidos y agredidos por no ser ellos los líderes de una jornada reivindicativa y es este mismo enfado el que les lleva a dejar apartado su disfraz y enseñar al mundo sus opiniones reales.

Muchísimas mujeres están en estos días soportando comentarios, comunicados y notas de prensa que me quedo corta al definir como insolidarias.

Insolidarios, machistas y egocéntricos son algunos de los calificativos que se pueden atribuir a la actitud de muchos líderes de sindicatos, agrupaciones políticas organizaciones de izquierdas.

Las feministas que pertenecen a estos colectivos están, como siempre, aguantando estoicamente actitudes machistas y despreciativas mientras intentan seguir trabajando en la lucha por conseguir sus ideales.

El otro día una mujer, me decía que después de una bronca de media hora ante unos comentarios que le revolvieron las tripas, decidió dejar de discutir para ocupar su tiempo en seguir organizando la huelga porque es lo que ahora mismo más le preocupaba.

Esto, señores míos de la izquierda, tienen ustedes que hacérselo mirar y deberían hacerlo a la mayor brevedad posible.

¿Cómo pretenden ustedes convencernos con su mensaje de solidaridad y lucha cuando a la primera oportunidad en la que las mujeres de sus colectivos le piden su colaboración, van ustedes y se oponen?

En serio, ¡háganselo mirar!

Llevan ustedes demasiados años con esa mentalidad de machitos gallitos que les hace pensar en sí mismos como el bastión de los sectores de la reivindicación española.

Llevan ustedes demasiados años pensando, una vez más como machitos gallitos, que sus opiniones, creencias e intereses son los únicos válidos para definir las prioridades y las relevancias en la lucha social.

Llevan ustedes demasiados años así, porque (erróneamente) las mujeres de sus colectivos les han permitido mantener esa imagen de ustedes mismos.

Pero por lo que escucho estos días, ¡a ellas se les ha terminado la paciencia y a ustedes se les ha terminado el chollo!

Si se han olvidado de que las mujeres somos el 50% de la humanidad, en serio, ¿a qué esperan para hacérselo mirar?

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