Rafael Silva


Los cubanos han hecho de su país una fortaleza de la independencia y dignidad en América Latina y el Caribe. Una hazaña que merece reconocimiento y solidaridad de la Humanidad

Manuel Cabieses


Exactamente, ayer se cumplieron 60 años de la hazaña cubana. El 1 de enero de 1959 comenzó a gestarse en esa pequeña isla un modelo de sociedad, quizá de los más solidarios y humanos que tenemos hoy día en todo el planeta. Porque Cuba sigue representando hoy, con sus virtudes y sus defectos (como toda obra humana), el mejor referente del Socialismo, y por tanto, lo que más se aleja de la barbarie capitalista del resto del mundo. Incluso los países orientales se alejaron del destino socialista, y viraron con el tiempo hacia un capitalismo de Estado gestionado por un único partido, lo que evidentemente los aleja mucho de lo deseable. Pero Cuba ha sabido, a lo largo del tiempo, y varias generaciones lo avalan, mantenerse firme en el carácter auténticamente socialista de su Revolución. La Revolución Cubana ha sido el mayor acontecimiento político-social del siglo XX en toda América Latina, y uno de los mayores de todos los tiempos. Y lo hizo gracias a la valentía y el arrojo de sus líderes (con Fidel a la cabeza), la coherencia de sus ideales teórico-prácticos, y la integridad de un pueblo que supo seguir a su líder sin traicionar su propio proyecto. Cuba tiene el orgullo de haber creado y mantenido una revolución a tan solo 60 millas del imperio más beligerante de la historia.

Con sólo 11 millones de personas se enfrentó a la fuerza militar más agresiva y poderosa, y a una potencia mundial de 350 millones de habitantes. ¡Y venció! Cuba siempre fue pobre en recursos naturales, pero rica en dignidad de sus gentes. Y creemos no exagerar si afirmamos que la isla mantiene todos los récords de solidaridad mundiales. Jamás un país prestó tanta ayuda a los demás, ni fue tan solidario con las desgracias y los sufrimientos de otros. Sus médicos, maestros y soldados han derrochado humanidad en diversos lugares del mundo, sobre todo en África y en América Latina. La revolución cubana, desde sus inicios hasta la actualidad, ha sido acosada por todos los frentes, y ha tenido que redistribuir la pobreza de la forma más justa posible para enfrentar con éxito las presiones desestabilizadoras del imperialismo y de sus perversos “aliados”. Aún así, con tantas dificultades, ataques e impedimentos, el pueblo cubano goza de sus derechos fundamentales cubiertos por el Estado, como la salud y la educación. Existen aún limitaciones en vivienda y en transporte, que están intentando solucionarse. Es cierto que muchos jóvenes cubanos emigran buscando mejores condiciones de vida, pero lo hacen en mucho mayor número en sus países homólogos de América Latina (véase sin ir más lejos la Caravana centroamericana que camina en oleadas a Estados Unidos, procedentes de Honduras, Guatemala, El Salvador…). Para comprender mejor la idiosincrasia de la revolución cubana, recomendamos a nuestros lectores y lectoras la pequeña serie de dos artículos que le dedicamos en nuestro Blog en 2016, titulada “Cuba: referente vivo del Socialismo”.

Las mentiras que nos vierten sobre Cuba los medios de comunicación convencionales se podrían contar por miles. Esas “fake news” que están tan de moda últimamente llevan produciéndose para el caso cubano desde hace décadas. Que si no se respetan los derechos humanos, que si no hay democracia, que si existen presos políticos, que si la gente se muere de hambre, que si la gente se quiere ir del país…La lista de bulos sería interminable. Todos son mentira. Varios sondeos de opinión independientes, sobre todo de la consultora Gallup, así como una nota del propio Pentágono estadounidense, señalan que más de 3/4 partes de los cubanos se identifican perfectamente con su sistema político, y sólo un 5% desearía cambiarlo por otro sistema. No nos dejemos engañar por la ralea capitalista y la caverna mediática, ávida de atacar a cualquier referente mundial que se escape del prisma capitalista. Cuba representa hoy día lo más cercano al paraíso para aquéllos que anhelamos el ideal socialista, pero para aquéllos que sean partidarios de la brutal sociedad capitalista, y para los cuales la justicia social no represente absolutamente nada, evidentemente Cuba no será en absoluto un ideal de sociedad.

La Cuba de hoy mantiene el carácter socialista de su revolución, pero tiene por delante grandes desafíos. Ya no tenemos a los Castro dirigiendo el país, pero tenemos a un hombre con su misma integridad y de su máxima confianza, como es Miguel Díaz-Canel. Continúa el criminal bloqueo estadounidense que tanto daño ha causado al pueblo cubano, y que ya sólo defienden en la ONU dos países, Estados Unidos y su inquebrantable socio Israel. La Asamblea General de Naciones Unidas viene condenando el bloqueo a Cuba desde hace 27 años. Pero USA se niega a acatar la opinión internacional. Así es la maldad del Imperio. Todos los demás países votan en contra de mantener dicho bloqueo, y a favor de liberar a Cuba de tanto perjuicio. Pero el imperio no perdona a quien se enfrenta a sus designios, y seguramente aún quedará bloqueo para rato. La apertura del régimen cubano tiene su primer gran hito en la próxima Constitución que se someterá al veredicto del pueblo el próximo 24 de febrero (su última Carta Magna data de 1976). La propuesta actual consta de 224 artículos, y ha sido elaborada por la Asamblea Nacional del Poder Popular (el Parlamento cubano), discutiéndose posteriormente durante meses en centenares de reuniones de base. Pero claro, después vendrán nuestros líderes políticos a decirnos que “Cuba es una dictadura”, que allí no hay democracia, y demás sandeces por el estilo. ¡Qué más quisiéramos que gozar en nuestro país de una democracia como la cubana! Confunden la pluralidad de partidos con la pluralidad democrática y con la participación popular, y así continúan engañando al personal.

Pero como decíamos, después de 60 años, algunos signos aperturistas al capitalismo comienzan a darse en Cuba. La nueva Constitución reconocerá el papel del libre mercado en la economía y nuevas formas de propiedad, incluida la privada, así como la realidad de los profesionales y autónomos (los “cuentapropistas” cubanos). Pero todo ello no restará un ápice al papel hegemónico del Estado, que seguirá constituyendo el último baluarte para garantizar que en la isla caribeña se respetan los derechos humanos, y todo el mundo posee sus necesidades mínimas cubiertas. En la isla existe desde hace tiempo una gran inversión extranjera (nuestro país es pionero de los modelos de negocio turísticos en Cuba), que gozará de una mayor seguridad jurídica con la nueva Constitución. También está creciendo un sector de pequeños empresarios que se dedican a diversas funciones. Con todo, Cuba sigue representando hoy un bastión moral inexpugnable. La hazaña cubana se actualiza, se impregna de lo mejor de los tiempos pasados y se barniza en el tamiz de una tímida apertura al capitalismo, pero siempre desde la independencia y la dignidad del pueblo cubano, que quedarán en la Historia para siempre.