Buenos días a todas y todos

Antes de nada dar las gracias al Grupo de Memoria Histórica del Parlamento Europeo por haber organizado esta importante conferencia y en particular a la diputada por Galicia Ana Miranda que me invito a participar en ella. Muchas gracias Ana y espero no defraudarte.

La tortura en la dictadura franquista.

Mi intervención quiere tener por objeto denunciar públicamente las torturas y represión en general de que fuimos víctimas cientos de miles de luchadoras y luchadores contra la dictadura franquista en sus años finales, de las que puedo dar fe por haberla sufrido en mis propias carnes y reivindicar la lucha por la justicia que muchos de los afectados que aún vivimos estamos llevando a cabo contra la impunidad de los torturadores de la dictadura que se impuso como elemento fundacional en la mal llamada transición a la democracia en el Estado Español.

Me parece necesario partir de una consideración inicial sobre este particular crimen del poder: La tortura es después del asesinato el mayor crimen de que podemos ser víctimas los ciudadanos por parte del poder del estado. Así lo demuestra que su prohibición vaya unida en primer lugar tanto en  la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en las Constituciones y Códigos Penales de los países democráticos. Pero además cuando en un contexto de dictadura se produce de manera sistemática o generalizada contra una parte de la población civil que se opone políticamente a la misma, como sucedió en el Estado Español durante 40 años,  es un crimen de lesa humanidad, un delito internacional que ni prescribe ni puede ser amnistiado de acuerdo con el derecho penal internacional vigente en la época que fueron cometidos.

Mi intervención se referirá como no puede ser de otra manera al caso concreto del Estado Español que es el objeto de esta Conferencia.

La represión tras el golpe de estado contra la república, La guerra civil y la posguerra.

Partiré de recordar que en Julio de 1936 hubo un golpe de estado cívico-militar de carácter fascista contra la II Republica que era el Régimen Constitucional legal, lo hicieron de manera planificada para eliminar todas las libertades civiles y políticas y todos los derechos económicos, sociales y culturales que garantizaba la República a todos los ciudadanos con la finalidad de instaurar una dictadura militar fascista. Y con el apoyo y bendición de la jerarquía de la Iglesia Católica, lo llevaron a cabo mediante el terror, deteniendo, secuestrando, asesinando, torturando, violando, vejando. Requisando propiedades a todas las personas que no lo apoyaron, empezando por las autoridades de la República (Alcaldes, Gobernadores civiles, Parlamentarios, Ministros, Jefes militares y de las fuerzas de seguridad) que se opusieron o no se unieron al golpe y a los dirigentes y miembros de todos los  partidos democráticos, organizaciones obreras, campesinas, vecinales, culturales, a los maestros, pastores protestantes, intelectuales que se identificaban con la república;  esto en las zonas donde como en Galicia triunfo el golpe, y en todo el país, después de la guerra civil que provocaron y ganaron con el apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista.

Según prestigiosos historiadores la cifra de víctimas directas de este periodo supera la escalofriante cifra de más de un millón de personas, razón por la que algunos de ellos hablan del HOLOCAUSTO ESPAÑOL.Todo este terror  y el miedo generado constituyo una inversión a largo plazo en términos de consentimiento. La sociedad española quedo así sometida a la dictadura principalmente por el miedo, despojados sus habitantes de todos los derechos y libertades más elementales.

Después de la posguerra, quedaron la tortura como método sistemático, las condenas carentes de garantías jurídicas,  la cárcel, el robo de bebes, las muertes en la calle por disparos de la fuerza pública, etc. En definitiva, a lo largo de la dictadura franquista se produjo una sistemática vulneración de los DDHH, como así reconoció  públicamente la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo en marzo de 2006.

Toma de conciencia y participación en la lucha antifranquista

Yo me crie en el seno de una familia obrera y durante mi niñez y adolescencia sufrí los rigores de la educación oscurantista y represiva dominada por la Iglesia católica,  que nunca me gustaron, pero ignoraba que pudiera haber otra forma de vida más digna, pues se condenaban y perseguían las ideas de democráticas sin  más explicaciones.

Pero un viaje a Paris en el verano de 1970 me despertó como persona. Acababa de aprobar el curso preuniversitario y era la primera vez que salía del país. Inmediatamente quede deslumbrado con la libertad de que gozaba la sociedad francesa y la dignidad, derechos políticos sociales y culturales con que vivía su ciudadanía. Conocí exiliados españoles que me informaron de todo lo que dije anteriormente sobre la republica y la instauración del régimen fascista y me contaron la situación en la que vivíamos en España, con una claridad con la que nadie lo había hecho anteriormente. Todo esto me abrió los ojos y tome conciencia de la necesidad de sumarme a esa lucha.

A la vuelta de ese viaje iniciático, comencé la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid.  El ambiente que vi en la Universidad me confirmo lo que había descubierto en Paris. Las facultades estaban ocupadas por la policía, controlaban todo, la entrada, censuraban las actividades culturales y políticas,  reprimían las asambleas informativas de los estudiantes y me di cuenta que vivíamos en una inmensa cárcel.  Así que superando el miedo que nos paralizaba  yo también me uní a la lucha en el movimiento estudiantil en el invierno de 1970, para recuperar los derechos y libertades que nos fueron arrebatados y construir una sociedad socialmente más justa y solidaria.

La represión en el Tardofranquismo

Los historiadores denominan a este periodo  comprendido entre 1968 y 1977 como TARDOFRANQUISMO. Durante el mismo,  amplios sectores de la sociedad española comenzamos  a organizarnos y movilizarnos masivamente contra la dictadura reclamando libertades, derechos, democracia y mejora en las condiciones de vida. En los Centros de trabajo, Universidades y Barrios comenzaron a ser habituales las huelgas y las manifestaciones, especialmente a partir del otoño de 1970 con las grandes movilizaciones en todo el país contra el proceso de Burgos, en el que los tribunales militares del régimen pedían 6 penas de muerte y cientos de años de cárcel para un grupo de luchadores antifranquistas de Euskal Herría.  Ante este panorama, la dictadura dejo atrás el tímido aperturismo de mediados de los años 60 y volvió a recurrir  a la represión pura y dura de sus primeros años. Estados de excepción, violentas cargas policiales, con disparos de fuego real en los que resultaron heridos numerosas personas y algunas de ellas muertas, detenciones masivas, torturas sistemáticas, largas condenas de cárcel de los tribunales especiales, militares y del Tribunal de Orden Público.

La tortura fue práctica habitual y sistemática hasta el final de la dictadura e incluso durante los años de la transición política a la democracia

A mí me tocó sufrirla en carne propia muy pronto.

Primera detención:

Con 18 años recién cumplidos, en diciembre de 1971, sufrí la primera detención. Varios miembros de la policía política me detuvieron a media noche  en la pensión donde vivía, me trasladaron a la  Dirección General de Seguridad, me encerraron aislado en los oscuros y malolientes calabozos del sótano del edificio y durante 3 días me interrogaron y golpearon para que reconociera haber participado en la agresión a un policía secreta infiltrado en mi facultad durante una manifestación en el campus. Comenzaron haciéndome “el corro” o “gallinita ciega” un procedimiento de tortura semejante a un linchamiento, con las esposas puestas y completamente indefenso, me metieron en medio de un corro de policías y  todos me dieron una monumental paliza, aliñada con insultos y amenazas de muerte, que me dejo echo un guiñapo y sin conocimiento. No recuerdo cuantas veces me interrogaron pero siempre lo hacían empleando violencia física y verbal contra mí. A pesar de no reconocer los el T.O.P. presidido por el juez franquista estrella (Jose Francisco Mateu Genovés) me condenó  en 1974, tras un proceso sin ninguna garantía jurídica a la pena de dos años, cuatro meses y un día de prisión menor por el delito de atentado y quince días de arresto menor por una falta de lesiones.

Segunda detención:

Estando en libertad provisional, un año y medio después en mayo de 1973, un  compañero de lucha al que torturaron me canto y volví a ser detenido por segunda vez. Esta vez lo pase mucho peor. En los calabozos había muchas personas detenidas como consecuencia de las manifestaciones del primero de mayo en las que murió un miembro de la BPS. En la zona de interrogatorios se escuchaban muchos gritos de dolor de las personas que estaban siendo torturadas, el ambiente era terrorífico. A mí me acusaban de pertenecer a la Liga Comunista Revolucionaria y haber participado en las manifestaciones del primero de mayo. Querían que auto inculpara y denunciara a todos mis contactos en la organización, por lo que durante 7 días  me sometieron a diversos procedimientos sistemáticos  de tortura, “el pato”, caminar durante horas en cuclillas esposado con las manos atrás por debajo de las nalgas; “el quirófano”,  esposado con las manos atrás, tres policías  te tumban con las piernas estiradas encima de la mesa y la espalda suspendida en el aire, uno te agarra fuertemente el cuerpo por detrás de la espalda, otro las piernas y el tercero te golpea repetidamente muy fuerte  con el puño cerrado en el pecho, cortándote la respiración, con las repeticiones acabas temiendo morir de una parada cardio-respiratoria; a la tortura de “los pies”, sentado en una silla esposado con las manos detrás, te obligan a estirar las piernas descalzo  y mientras un policía te las sujeta en alto  el otro comienza a golpear repetidamente con una porra en la planta desnuda de los pies; la tortura de “los glúteos”, te obligan a arrodillarte en el suelo con las manos esposadas en la espalda, y mientras un policía te mantiene con el cuerpo inclinado hacia adelante, otro te golpea repetidamente los glúteos con una porra durante un buen rato. La particularidad de amas torturas es que la zona se sensibiliza del tal forma que el dolor se multiplica cuando la repiten y se inflama de tal modo que llega un momento que no puedes estar de pie ni sentado; la tortura “del sueño”, consistente en permanecer durante horas de pie esposado a un radiador, sin comer ni beber, siendo vigilado constantemente para que no puedas apoyarte en la pared; El peor momento sucedió una tarde en la que un grupo de policías dirigidos por el que dijo llamarse “Billy el Niño” irrumpió en el despacho donde me estaban torturando y apuntándome con sus pistolas dijeron que se habían amotinado y encerrado en su despacho al director General de Seguridad, que tenían libertad absoluta para obrar con total impunidad, que me matarían si no cantaba. Me agarraron y comenzaron a repetir la tortura de “los glúteos”, esta vez el que golpeaba fue “Billy el Niño” y me dio con tal fuerza que llegué al límite de soportar el sufrimiento, creí que me iba a matar, me sentí destruido, mi autoestima se quebró y cruzando la línea roja que nunca creí que me viera obligado a hacer,  pedí que pararan que iba a colaborar. Y posiblemente lo hubiera hecho, pero afortunadamente se fueron para continuar masacrando a otros detenidos y me dejaron solo tirado en el despacho, esto me permitió recuperar un poco de fuerza y negarme a colaborar cuando volvió otro policía con un álbum de fotos. A los 3 días me llevaron ante el Juez Militar de guardia que les autorizo a prorrogar me detención otros 3 días. Continuaron torturándome pero me negué a colaborar.  Finalmente me obligaron a firmar una declaración en la que me auto inculpé de pertenecer a la Liga Comunista Revolucionaria y participar en sus actividades políticas como militante de base y al cabo de 7 días me pusieron a disposición del Juzgado Militar de Madrid al que denuncié que había firmado la declaración bajo tortura como era evidente por mi estado físico, pero sin hacerme el menor caso, me proceso por terrorismo y decreto mi inmediato ingreso en la prisión de Carabanchel donde los primeros 15 días los pase en la enfermería reponiéndome de las lesiones causadas por las torturas. Luego pase un año en diversas galerías de la prisión, apartado de los demás presos políticos:  el Reformatorio, gobernado por jefes de bandas juveniles colaboradores de los funcionarios con los que tuve que enfrentarme en varias ocasiones para evitar agresiones y después en la 7ª galería donde estaban recluidos los presos considerados “peligrosos” y tenía un régimen disciplinario muy duro. Finalmente por estos hechos fui condenado en febrero de 1975 a la pena de 2 años 4 meses de prisión menor por asociación ilícita, 3 años de prisión menor por el delito de terrorismo y 3 meses de arresto mayor y 5.000 pesetas de multa, con arresto sustitutorio de 16 días en caso de impago por el de resistencia en el momento de mi detención. Fui clasificado en 1ª grado, me trasladaron a la cárcel de Segovia y después de la muerte del dictador y la reducción de parte de las condenas  por el indulto que concedió su sucesor, salí en libertad de la cárcel de Zamora en mayo de 1976.

Las torturas y los 3 años que pase en la cárcel me causaron una quiebra de mí mismo y de mi proyecto de vida, y un gran sufrimiento para mi familia especialmente mi madre que según una carta que tuve acceso después de su muerte hace pocos meses narraba que se pasaba horas deambulando por la casa  mesándose el cabello y gritando desesperadamente preocupada por el frío que podría estar pasando en la cárcel, ante la impotencia de mi padre para consolarla y eso que nunca les conté las torturas que padecí.

Como consecuencia de estas torturas sufro como secuelas: depresión mayor recurrente, artritis reumatoide, y dolor al caminar descalzo.

La Transición a lo franquista, ni modélica ni pacífica. Le Ley de Amnistía y el pacto del olvido.

Tal día como hoy en 1975, hace 44 años, murió el dictador. Se hizo cargo del poder su sucesor el Rey Juan Carlos que no tenía su carisma. Por eso con el protagonismo de élites políticas, económicas y militares del régimen y la aceptación de los partidos reformistas de la izquierda impuso una transición democrática basada en la reforma de la dictadura con pervivencia de todo el aparato del estado franquista, la impunidad de los crímenes cometidos por la dictadura en base a una perversa concepción de la reconciliación entre los españoles en la que se equiparaban las acciones  criminales de los verdugos franquistas con las defensivas  y reivindicativas de sus víctimas, todo lo cual había que olvidar para siempre y empezar desde cero. En octubre de 1978 se aprobó una  Ley de Amnistía que dejo impunes todos los crímenes cometidos por la dictadura desde el golpe militar de Julio de 1936 y a las víctimas sin derecho a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, que son los principios básicos reconocidos por Naciones Unidas en los que se basa el derecho transicional internacional de una dictadura a una democracia y la reconciliación efectiva de estas sociedades. Fue una ley de punto final en la que la dictadura se perdonaba a sí misma. De este modo el franquismo quedó vigente en la sociedad y el estado, envenenando la limitada democracia consagrada en una Constitución de 1978.

La Justicia Universal.

Todos los delitos que fueron amnistiados e incluidos en el pacto del olvido están contemplados en el derecho penal internacional consuetudinario y convencional, firmados por el Estado Español, como delitos internacionales contra la humanidad que son imprescriptibles y no pueden ser objeto de amnistía. Su enjuiciamiento forma parte del derecho español interno de conformidad con  los  art. 10 y 106 de la Constitución Española y deberían ser juzgados por los Tribunales Españoles.

Sin embargo 41 años después de aprobada la Constitución de 1978, a las víctimas se nos siguen negando el acceso a la Justicia por parte del Estado Español que muestra más preocupación por la defensa y protección de la impunidad de nuestros verdugos que por los derechos de sus víctimas.

El Franquismo ha pervivido en la sociedad española y en sus principales instituciones (Justicia y Cuerpos de Seguridad del Estado) y esto es lo que explica toda esta injusticia de la que seguimos sufriendo las víctimas de los crímenes del franquismo.

La Querella Argentina y las recomendaciones de la ONU.

El Tribunal Supremo proceso al Juez Garzón por haber abierto una causa por la desaparición forzosa de más de 100.000 ciudadanos españoles durante la dictadura franquista, le acusó de prevaricación por ignorar la Ley de Amnistía que según el Tribunal Supremo prohibía la investigación de estos temas.

Ante ello y al amparo de la Justicia Universal se presentó en Buenos Aires una querella criminal que fue admitida a trámite por el Tribunal nº 1 Criminal y Correccional Federal de Buenos Aires y en virtud de la cual se abrió la primera causa en el mundo contra los crímenes de la dictadura franquista.

Yo me querellé en 2012 y en Septiembre de 2013 se dictó orden internacional de detención y extradición contra 4 torturadores, 3 de los cuales habían fallecido, entre ellos Billy el Niño contra el que yo y otras 12 víctimas de torturas nos habíamos querellado, pero la Audiencia Nacional denegó la extradición argumentando que no estaba acreditado que fueran crímenes contra de lesa humanidad, por lo que estaban prescritos.

En 2014 dicto orden el Juzgado Argentino dictó nueva orden internacional de detención y extradición contra 20 altos cargos políticos y jueces de la dictadura, pero esta vez fue el Consejo de Ministros quien la denegó alegando que estaban amparados por la Ley de Amnistía de 1977.

El Estado Español prohibió las videoconferencias con las que el Juzgado Argentino quería tomar declaración a las víctimas que nos querellamos amenazando con romper las relaciones diplomáticas con Argentina.

Los juzgados españoles ignoran las comisiones rogatorias del juzgado para llevar a cabo diligencias indagatorias de los delitos que se investigan, sobre todo de fosas de asesinados por la dictadura. Ni INVESTIGAN NI FACILITAN LA LABOR DEL JUZGADO ARGENTINO incumpliendo descaradamente sus obligaciones en materia de justicia internacional.

El Alto Comisionado de La ONU, los relatores de los Comités de Derechos Humanos, Todas las organizaciones nacionales e internacionales de DDHH han recomendado infructuosamente hasta la fecha al Estado Español que anule la ley de amnistía de 1977 y abra investigación judicial sobre las graves violaciones de DDHH cometidas durante la dictadura.

Las Querellas en el Estado Español y Conclusión

Ante esta indefensión las victimas seguimos peleando por la Justicia. Hemos presentado en los Juzgados de Instrucción Españoles más de 50 demandas por torturas, desapariciones forzadas, apertura de fosas comunes, niños robados, algunas respaldadas por algunas Administraciones Públicas (Ayuntamientos, Diputaciones, Parlamentos Autonómicos) y todas ellas están siendo sistemáticamente desestimadas en virtud de una circular de la fiscalía de 2016 que obliga a los fiscales a forzar la inadmisión a trámite de las mismas. Con la argumentación de que estos delitos están prescritos o no son delitos de lesa humanidad o su enjuiciamiento atenta contra el principio de legalidad.

Nos estamos viendo forzados a acudir a los Tribunales y Comités Internacionales de DDHH para conseguir que obliguen al estado español a concedernos TUTELA JUDICIAL EFECTIVA, es decir que la Justicia Española acceda a investigar judicialmente estos crímenes. Mientras esto no ocurra no podrá haber reconciliación efectiva de la sociedad ni una verdadera y completa democracia.

Por ello pedimos vuestro apoyo.

Muchas gracias.