Javier Andaluz
Coordinador de Clima y Energía de Ecologistas en Acción


El pasado 21 de mayo tuve el honor de estar junto a otras compañeras en la petición de declaración de emergencia a todos los gobiernos regionales, locales y nacional. Sin duda, las experiencias anteriores, como la declaración de emergencia realizada por el gobierno británico, nos devuelve una bofetada de realidad sobre como no debemos tolerar declaraciones vacías sin medidas concretas.

Tras más de 40 años de lucha climática, donde los informes científicos han ido siendo cada vez más contundentes y las voces de la población más claras, no se ha logrado una respuesta adecuada por parte de los responsables públicos. De hecho, es necesario recordar que en el mejor de los supuestos los compromisos presentados nos conducirán a un incremento de la temperatura global cercano a los 4 ºC. Esa falta de ambición unida a fracasos históricos como Copenhague o las enormes limitaciones del protocolo de Kioto hace que las emisiones de gases de efecto invernadero globales sigan en un perpetuo crecimiento.

Llegar a exigir una declaración de emergencia climática supone cruzar una línea sin marcha atrás. Si se asume que nos encontramos en un estado de emergencia es porque solo a través de cambios drásticos podremos afrontar la crisis climática. Por tanto, asumir el estado de emergencia climática es aceptar la imposibilidad de un desacople programado de la economía, es decir, reconocer que ya no es posible cambiar el rumbo a través de pequeñas reformas poco conflictivas. Por tanto, el único camino pasa por acelerar la inevitable desaparición del sistema económico actual y construir un nuevo sistema económico y social que quepa en el planeta y esté basado en un amplio concepto de justicia social y de mecanismos de redistribución.

Reconocer la emergencia es a su vez incrementar la contundencia del discurso, como bien sabe nuestro sentido común una emergencia es “una urgencia de la que depende la vida”, de tal forma, que el resultado de no llegar a tiempo al “hospital” es directamente inasumible. Además, no debemos olvidar que tras una declaración de emergencia climática, la única declaración que le puede seguir es la de catástrofe climática, un punto al que muchas nos negamos a llegar. Especialmente en las regiones mediterráneas, donde los científicos ya han advertido con claridad que de no limitarse la temperatura en 1,5 ºC las consecuencias del cambio climático nos afectarán con enorme crueldad.

Las organizaciones sociales y ecologistas tienen el deber de la prudencia y más cuando tratamos con cuestiones científicas. Desde esa cautela llevan muchos años trabajando en frenar el cambio climático, en este tiempo conceptos como sostenibilidad o transición ecológica han sido usados de forma recurrente, hasta tal punto, que han sido secuestrados por oscuros y contaminantes intereses. Asumir este concepto supone para muchas organizaciones y grupos un paso importante que conlleva aceptar el riesgo de impulsar un concepto tan desgarrador como emergencia climática e incrementar con ello la oposición a las palabras vacías y a las falsas soluciones. Sin embargo, esta posición es el paso necesario para entender la verdad de la crisis climática en la que nos encontramos.

Resulta paradigmático e incluso temerario ver como los responsables políticos ningunean este concepto de emergencia climática. Parece que ya nos hemos acostumbrado a grandes discursos vacíos que ocultan una clara falta de voluntad política, siendo uno de los mayores exponentes la crisis climática. Pero no es permisible que una futura declaración de emergencia climática se convierta en otro nuevo acto de publicidad, unas intenciones que ya han quedado claras en los pasos dados por universidades y gobiernos. Además de las catastróficas consecuencias que traerá un nuevo lavado verde resulta negligente que los legisladores minusvaloren un concepto como el estado de emergencia.

Estas declaraciones de estado de emergencia son facultades del gobierno utilizadas en caso de extrema necesidad, es decir, cuando las propias garantías de la democracia están en riesgo debido a un enorme conflicto. Estas figuras legales permiten incluso la restricción de derechos individuales y deberían ser el último recurso de un estado para defender el futuro común. De forma que, salvando las distancias sobre unos indeseables recortes de derechos, toda institución debería de aceptar las consecuencias del concepto de un estado de emergencia. Es decir, usar y reorientar todos los recursos y esfuerzos del gobierno a afrontar el mayor problema al que nos enfrentamos al que denominamos crisis climática, y que engloba tanto la creciente desigualdad como la ruptura de los límites planetarios.

La comunidad científica no requiere ningún respaldo gubernamental que consista aceptar sus conclusiones como se pretende hacer en algunas de estas declaraciones de crisis climática. La ciencia, ya ha obtenido el respaldo fundamental que necesitaba, sus resultados son irrefutables y sus conclusiones gozan del consenso científico. Es estúpido entonces una declaración institucional que reconozca lo que la ciencia está diciendo, al fin y al cabo, sino se reconociese la evidencia científica esta no desaparecería. De hecho, durante los últimos meses las reivindicaciones juveniles señalan con contundencia que para proteger el futuro debemos de cumplir las indicaciones científicas y es precisamente eso lo que nadie está dispuesto a hacer.

Para frenar las emisiones y mantener la temperatura global por debajo de los 2 ºC necesitamos reducir nuestras emisiones en un ritmo mayor al 7 % anual, y alcanzar en los países enriquecidos un -95% de las emisiones en el año 2040. Esto es entre dos y tres veces más que los compromisos anunciados por la ministra Ribera, y es precisamente el paso que indica la ciencia y el compromiso que no están preparados para asumir.  Sería cínico no reconocer como este ritmo de descenso de las emisiones supone cambios drásticos jamás vistos, una comparación rápida nos haría comprobar que estas reducciones son incluso superiores a las registradas tras la caída de la obsoleta industria soviética.

Las consecuencias de afrontar la crisis climática se centrarán especialmente en muchos sectores del tejido productivo, sin embargo, no estar a la altura significará la desaparición completa de todos los sistemas que garantizan importantes derechos como la sanidad o la educación. En efecto, la decisión que debe traer la emergencia climática es asumir la verdad de encontrarnos ante la encrucijada de decidir entre afrontar hoy las medidas necesarias o seguir permitiendo la huida hacia delante de un sistema que nos llevará a un futuro con más exclusión, mayor pobreza, y mayores perdidas en todos los ecosistemas incluidos los humanos.

Para las personas justas debe ser una obligación moral denunciar las presentes y futuras violaciones de los Derechos Humanos que se producirán como consecuencia de la inacción política, con la complicidad de empresas y personas con nombres concretos. En un mundo injusto que condena a millones de personas ¿Cuál es el papel que deben de cumplir las personas justas? ¿Acaso callar y seguir colaborando en un sistema injusto nos va a salvar? ¿A quién protegemos asumiendo que los mismos que nos han traído a la situación actual nos traigan las respuestas a la crisis climática?

Por ello reitero que el pasado 21 de mayo tuve el honor de reconocer la verdad, de intentar nuevamente encender las alarmas que siguen sin sonar.  Porque al menos nos quedará la sensación de haber intentado poner un poco de sentido común en un mundo que se empeña en permanecer ciego. Una ceguera que puede ser demasiado cara, frente a ella solo queda el espíritu rebelde de una juventud que se declara en rebelión por el clima y frente a la extinción.

 

2 Comentarios

  1. Gracias por el artículo. Dónde puedo obtener información sobre lo que alarmantemente dice el segundo párrafo: «en el mejor de los supuestos los compromisos presentados nos conducirán a un incremento de la temperatura global cercano a los 4 ºC». Otra pregunta: en otros artículos he leído sobre un «threshold» de calentamiento tras el cual el planeta entraría en un estado de calentamiento con retroalimentación positiva (entiendo que esto sí sería una catástrofe). Me puedes recomendar alguna fuente para conocer más acerca de eso? Gracias

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