Miguel Gallardo

El domingo por la tarde fue un día lluvioso en Madrid, pero esto no impidió que millares de personas en la capital y otras ciudades del país se pusieran en pie por el clima. Esta movilización no solo se hizo sentir en España: más 900 acciones llevadas a cabo en 95 países reunieron a decenas de miles de activistas de todo el mundo reclamando una transición ecológica inmediata y justa.

Las voces pidiendo una transición ecológica justa son cada vez más frecuentes. Y necesarias. Estamos acostumbradas a que el capitalismo subvierta cualquier concepto, convirtiéndolo en algo susceptible de ser mercantilizado. La lucha ecologista por una transición hacia modelos sostenibles en lo medioambiental y social, como tantas otras, no es una excepción.

¿Qué quiere decir esto? Tenemos un problema, el cambio climático, cuyas consecuencias empiezan ya a desbordarnos. La crisis climática y medioambiental está eminentemente asociada a un modelo económico, el capitalismo, que necesita de un continuo crecimiento para su estabilidad, un crecimiento que no tiene en cuenta los límites biofísicos del planeta. Un modelo socioeconómico que no tiene en cuenta las reglas más elementales de nuestro planeta está, evidentemente, destinado al colapso. Día tras día, el sector privado y unas Administraciones hace tiempo entregadas al modelo neoliberal continúan creando su narrativa respecto a una sociedad sostenible. Continúan creando un imaginario de sociedad ecológica (que no ecologista) basada en la tecnología y los mercados.

Las ecologistas nos solemos dar cabezazos contra la pared al ver que, en muchos casos, nuestro trabajo de concienciación ciudadana haya servido solo para crear un nuevo tipo de consumidor, un consumidor “ecológico” que, preocupado por el peso que sus decisiones personales tengan en el medio ambiente, decide comprar un producto engañoso con el prefijo “eco” o un coche híbrido. Es decir, que hemos ayudado a abrir un nuevo mercado pero no a cambiar el sistema. Si la electricidad que consumimos en nuestros hogares es 100% renovable pero sigue controlada por un oligopolio habremos reducido las emisiones, pero ¿seguirá siendo el mercado eléctrico una estafa? Si todas nos movemos en nuestros flamantes vehículos eléctricos reduciremos la mortandad en nuestras ciudades pero, ¿se hará por ello sostenible materialmente que haya cinco vehículos por cada diez habitantes? Si la agricultura deja de utilizar pesticidas y químicos pero sigue en manos de unos pocos, ¿mejorará la situación de las jornaleras y jornaleros?

 

 

 

 

 

Muchísimas personas ya están concienciadas acerca de los peligros del cambio climático y de las consecuencias que tiene nuestro modelo de consumo. A la hora de crear nuevos imaginarios, el capitalismo ha movido ficha primero y está ganándonos la partida al crear esta lucha en la creación de otro mercado al que explotar. La lucha ecologista necesita de revulsivos como el de la manifestación del pasado domingo para decir alto y claro “Así no”. La transición ecológica será también una transición hacia un modelo social más justo, democrático y participativo. Será una movilización de la mano de tantas otras reivindicaciones contra el modelo capitalista. Será feminista. Será trabajadora. Será revolucionaria. Será de todas y de todos. O no será.


 

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