Redacción

Según los datos publicados por el INE, la Contabilidad Nacional Trimestral del primer trimestre de 2018 recoge un aumento del PIB del 0,7% y del 3% en términos anuales, una décima menor que en los tres trimestres anteriores.

De esto se deduce que la fase expansiva de nuestra economía continúa, pero de los datos se derivan síntomas muy preocupantes, que ponen en cuestión el modelo de crecimiento que se está construyendo, y que entrañan debilidades presentes y riesgos futuros que tienen consecuencias muy negativas para una mayoría de nuestra sociedad.

¿En qué está fallando nuestra economía?

La industria, el sector que aporta una mayor estabilidad y calidad a la producción del país, frena su crecimiento de manera muy importante, pasando de crecer el 4,6% en el trimestre anterior a hacerlo el 2,8% ahora.

El crecimiento de la inversión se desacelera, siempre según los datos del INE, del 5,6% al 3,5%, debido sobre todo a la ralentización de la inversión en bienes de equipo, que constituye una de las columnas centrales de la capacidad competitiva de nuestras empresas y de la generación de valor añadido, al pasar de crecer el 7,9% anual al 2,3%.

La creación de empleo se está desacelerando de forma notable. En el primer trimestre ha pasado de crecer el 2,9% anual al 2,6%. La penosa situación del mercado laboral es una de las causas fundamentales de la preocupante situación de pobreza y desigualdad que sufre nuestro país.

La remuneración por asalariado aumenta solo a un ritmo del 0,4%, mientras que el excedente de las empresas crece un 4,8%. Es decir, que las únicas beneficiadas de la expansión económica están siendo las empresas, mientras las asalariadas y los asalariados ven cómo su sueldo permanece bajo mínimos.

Soluciones

  • Potenciar la creación de empleo estable, lo que pasa por revertir las reformas laborales de 2010 y, sobre todo, 2012.
  • Aumentar los salarios de manera que los trabajadores y las trabajadoras ganen poder de compra y puedan sostener el consumo y mejorar la calidad de vida de la mayoría de los hogares.
  • Implementar una política industrial que potencie nuestras capacidades productivas y que ponga el acento en los factores que más valor añadido aportan y que más potencial tienen para generar riqueza y empleo de calidad.
  • Reforzar la red de protección social de nuestro país, como actuación necesaria para reducir los intolerables niveles de desigualdad y pobreza que ha alcanzado España por las políticas aplicadas desde 2010.

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