Por Ricard Jiménez

«Francisco Manzano, Juana Rubio, Ángela Gómez, José Cordero, Ricardo Jiménez, Ana Sánchez… A la mayoría no les sonarán estos nombres, pero son historias de lucha. Anónimas, pero que no por ello dejan de ser extraordinarias, y que corresponden a personas que militaron en distintas organizaciones del comunismo español y dieron sus vidas por la libertad y la justicia social. Son cientos, miles de historias, de afiliados y afiliadas de la base que no aparecen en los libros de Historia ni sus biografías han sido publicadas por nadie. Los olvidados y las olvidadas en la lucha que, sin embargo, pagaron con exilios, cárceles, torturas y hasta la propia vida su compromiso con su ideal emancipador».

Así introducían desde El Común su último proyecto, «Historias para un centenario». Este centenario viaje, es pasado, pero también presente, incluso puede narrarse en pretérito y por ello hemos querido hablar con Alejandro Sánchez, director del medio y docente.

  • ¿En qué consiste el proyecto que habéis lanzado desde El Común, «Historias para un centenario»?

«Historias para un centenario» es un proyecto memorialista que se centra en las culturas militantes de los comunistas españoles. Creemos que el patrimonio de sacrificio que atesora la militancia comunista es incomparable al de cualquier otra ideología contemporánea y queremos ponerlo en valor. El proyecto pretende recuperar historias de vida, anécdotas y experiencias desde la militancia. Son miles de historias que cualquiera conocía en la España de hace tan solo unos años y que ahora se están perdiendo interesadamente.

Son las historias de los de abajo en el partido, las de aquellos que no esperaban nada de su compromiso: la del líder vecinal que se partía la cara por los suyos, la del sindicalista que se enfrentaba al patrón por mejoras laborales, la del preso político, el represaliado en la facultad, o el asesinado en las tapias de un cementerio. Hombres y mujeres que dieron su vida por un ideal y cuyo papel no fue reconocido entonces y está siendo olvidado ahora. Queremos recuperar esas historias para publicarlas a partir de octubre en nuestro diario, y a finales de año, seleccionar aquellas que se consideren, en un libro cuyos beneficios se reinvertirán en nuevos proyectos memorialistas para poner en valor el lugar de los comunistas en la lucha por la democracia en España.

  • ¿Cómo habéis conseguido gestionar estas historias? ¿Qué aprendizajes habéis podido extraer? O, ¿Quizá alguna anécdota…?

Las historias se gestionan con mucha emoción. Y nos hablan de la abnegación de personas que querían vivir, pero hasta eso fueron capaces de jugarse por un ideal que consideran superior a ellos mismos. Si hay una característica común en todas las historias es la certeza de sus protagonistas en que lo colectivo está por encima de lo individual, en una concepción de la realidad a las antípodas del individualismo dominante hoy (también en la izquierda) Los aprendizajes son muchos, pero indudablemente el principal es la lección de resistencia que daban. Con todo en contra y en medio de una salvaje dictadura, seguían adelante porque se negaban a reconocer que habían sido derrotados.

Tal vez todo lo contrario que le ocurre a la izquierda actual, que ha acabado asumiendo el capitalismo como un mal menor y resignándose a que no quedan revoluciones que hacer. Y como ejemplo clarificador podemos poner sobre la mesa el de esos presos comunistas que reafirmaban su ideología ante unos tribunales que podía condenarlos a muerte, mientras que hoy, una alta dirigente del PCE con cargos ministeriales no es ni siquiera capaz de reconocer abiertamente su condición de comunista ante la pregunta directa de un periodista.

  • Este proyecto va muy bien para preguntar sobre la propuesta de Ley de Memoria Histórica y el trabajo que se hace en España al respecto, ¿qué piensas?

Tengo sentimientos encontrados, ya que la Ley de Memoria Democrática sigue avanzando en el reconocimiento a las víctimas, pero sigue sin abordar la cuestión principal, que no es otra que la impunidad del franquismo y la no derogación de la Ley de Amnistía de 1977.

Por otro lado, tengo mis reservas prácticas sobre la prohibición de exaltar el franquismo, ya que en primer lugar dudo que se pueda garantizar eso en un país en el que una manifestación neonazi como la de Chueca se salda con una pequeña multa, pero en segundo lugar -y mucho más importante-, me temo que eso se nos pueda volver en contra. Me explico. Hace solo unos meses, un ex dirigente del PCE me confesó que, cuando en los años finales de la Transición, algunos políticos plantearon la posibilidad de ilegalizar Falange, el aparato del partido cerró el debate, ya que llegaron a la conclusión de que en un futuro, con la misma excusa se podría proponer también la ilegalización del PCE.

Tan solo haría falta falsear la memoria colectiva sobre los hechos para equiparar fascismo y comunismo, y así, metiendo en el mismo saco a víctimas y verdugos, ilegalizar a ambos. En realidad, ese pensamiento era casi una premonición, porque esto ya lo estamos viendo con resoluciones que vienen desde Europa impulsadas por la ultraderecha y que vienen a igualar groseramente comunismo y fascismo.

Por eso, precisamente, es tan importante que los comunistas impulsemos proyectos memorialistas, porque lo que aquí se debate no es solo una cuestión de poner en valor lo que pasó, sino algo de un interés político mucho más práctico, y que no es otro que protegernos de aquellos que llevan décadas soñando con acabar con nosotros.

  • Existe la típica imagen de una encuesta donde a los franceses se les pregunta sobre quién tuvo más peso para ganar la Guerra Mundial y se ve como la opinión ciudadana, cuantos más años pasan, se van decantando por pensar que fueron los Estados Unidos. En España el comunismo no ha tenido gestas de tal calibre, pero el proceso de reconocimiento histórico, creo,  ocurre algo parecido, ¿qué importancia tuvo el PCE en estos 100 años?

Creo que lo que dices sobre el cambio de mentalidad de los franceses es muy clarificador. En términos marxistas te diría que el pensamiento dominante es fruto de los intereses de la clase social dominante. Décadas de trabajo en el cine, la televisión y la literatura dieron sus frutos para transformar la opinión de los franceses sobre un episodio cómo la II Guerra Mundial, que ellos mismos sufrieron con una salvaje ocupación.

Precisamente ese es el peligro que afrontamos aquí. Sin encuestas, pero con mi experiencia como docente, puedo asegurarte que si hace apenas unos años nadie dudaba del papel que jugaron los comunistas españoles en la lucha por la libertad, hoy la memoria colectiva sobre estos hechos empieza a olvidarse. Y la derecha tiene un relato alternativo preparado en el que los comunistas no solo no participan de esta lucha, sino que los protagonistas han pasado a ser otros que nunca movieron un dedo por derribar el franquismo. Es más formaban parte de él. Solo es necesario repetir la mentira muchas veces para que esta cale.

  • ¿Cuál es el rol o papel del PCE en España actualmente?

El PCE vive sumido desde hace décadas en una profunda crisis ideológica que no parece terminar, la de las dos almas como refiere algún dirigente, y que se manifiesta en la contradicción entre reformismo y rupturismo.

Paradójicamente, cuando en el XX Congreso se dio un paso aparente hacia el fin del reformismo con la recuperación de principios ideológicos ya olvidados, es cuando mayores prácticas reformistas se han hecho. Es una dicotomía que no es ajena a la idea de derrota que antes comentaba, y que se manifiesta en un espíritu revolucionario que se guarda para lo interno y fiestas varias, pero se desecha en la práctica política diaria desde las instituciones. Así encontramos situaciones difíciles de digerir, y que se materializan en ejemplos como que el partido se quiera sumar a las movilizaciones contra la OTAN que se van a preparar contra la próxima cumbre, mientras que su secretario general declara públicamente que hay que cumplir las obligaciones con esa organización.

  • ¿Y el del comunismo?

El comunismo es un ideal emancipador y las razones objetivas que le vieron nacer siguen existiendo. Es cierto que, tal vez, los comunistas minusvaloraron la capacidad de adaptación del capitalismo y finalmente fue derrotado. Pero exactamente igual que también lo fueron las ideologías burguesas con la Restauración tras la derrota de Napoleón. Esto nos enseña que no estamos muertos todavía, aunque realmente quede mucho por reconstruir. Yo sigo empeñado en no resignarme a la derrota, y claro que el enemigo es fuerte, probablemente más de lo que ha sido nunca. Pero sus contradicciones también lo son. Y solo hay un camino ante los desastres que auguran un sistema insostenible, y es el de convertirnos en alternativa antes de que otros lo hagan devolviéndonos a tiempos que ya creíamos olvidados.

DEJA UNA RESPUESTA