No puede asegurarse, con integridad y de forma veraz, cuantos han sido los muertos en esta estallido bélico entre Armenia y Azerbaiyán. Pero, es bien cierto, que recientemente empezaron a circular videos y fotos de prisioneros de guerra armenios siendo ejecutados y decapitados por tropas azeríes. Este hecho, desgraciadamente, sobre el terreno no es nada nuevo, puesto que en 2016 ya se reportaron acciones similares. Pero… ¿Por qué? ¿Qué ha llevado a la región a este conflicto? ¿Cómo o que cabe esperar de ahora en adelante? ¿Qué actores y factores hay en juego? Son muchas las dudas que pueden asaltarnos. Cómo no, la prensa que dirige el foco hacia lo que reporta mayores influjos económicos y menos gastos poco está ayudando a responder estas cuestiones. Los supuestos expertos dicen y se contradicen, incluso ellos mismos y de forma reiterativa. Muchas versiones que siguen conteniendo incógnitas y más especulación que información. Una de las personas que está desempeñando una labor encomiable en este, y tantos otros, temas es Boyan Tsonev, graduado en Ciencias Políticas y Derecho, Director de contenidos sobre Europa Oriental en 14 Milímetros, y que dedica especial interés en comprender y explicar la realidad de Rusia, los Balcanes y el paneslavismo.

 

  • Durante los últimos 30 años en la región, entre Armenia y Azerbaiyán se ha vivido un proceso de paz «irreal», donde en varias ocasiones se han producido ataques y tensiones entre ambos países, ¿por qué ahora parece haber estallado definitivamente? ¿Cuál es la motivación o cuál ha sido el detonante?

El conflicto de este año es, sin duda, el más violento desde el fin de la guerra que tuvo lugar entre 1988 y 1994. Considero importante destacar que la disputa entre armenios y azeríes es nacionalista y no de carácter religioso. Además, sus orígenes no se remontan al fin de la URSS, como argumentan algunos, sino que viene de largo. Cuando se quebró el antiguo y extenso Reino de Armenia, el territorio que ocupan los dos modernos estados que nos conciernen cambió de manos en diversas ocasiones. Desde los sasánidas pasando por los omeyas/abasíes, bizantinos, turcos, persas o rusos. Los armenios consiguieron conservar su identidad en medio de todo esto, mientras su gran influencia de antaño descendía. Durante la época de los zares ya hubo diversos enfrentamientos étnicos entre armenios y población musulmana en las denominadas masacres armenio-tártaras de 1905 a 1907, que tuvieron lugar en Najicheván o Shusha. También hubo un breve conflicto entre 1918 y 1920, cuando tanto Armenia como Azerbaiyán buscaron su independencia. La relativa “paz” durante los años de la URSS no solventó los rencores del pasado. Durante los últimos estertores de la Unión Soviética, las autoridades fueron incapaces de evitar el resurgimiento del nacionalismo y pogromos como el de Sumgait o Bakú. La intervención de tropas soviéticas durante el Enero Negro caldeó todavía más el ambiente, una vez estalló la guerra, las masacres y éxodos fueron en aumento, así como el odio entre ambos pueblos.

En el Alto Karabaj se produjo un referéndum para independizarse de Azerbaiyán, algo que los azeríes no aceptaron. Durante la guerra, la parte armenia tuvo mejor desempeño y ocupó territorio adyacente azerí para así conectar con el Alto Karabaj y tener cierto “colchón” respecto a Azerbaiyán. Las masacres que se llevaron a cabo y la expulsión de la población azerí de la zona fueron un duro golpe moral.

Azerbaiyán, como perdedor de la anterior guerra, ha estado preparándose para recuperar un territorio que internacionalmente es reconocido como suyo. Armenia, en cambio, sabe que su situación es difícil, hallándose entre dos países hostiles como son Turquía y Azerbaiyán. El antaño gran Reino es ahora una mera sombra de lo que fue y los armenios no piensan ceder ni un palmo de terreno.

Los diversos intentos de acuerdo que ha habido, no han fructificado. Durante los últimos años Azerbaiyán ha prosperado debido a las exportaciones del gas y el petróleo, principalmente a la UE. También ha podido modernizar sus fuerzas armadas y su población ha crecido notablemente, alcanzando los 10 millones de habitantes, cuando en 1994 eran 7 millones. Azerbaiyán triplica el PIB armenio y gasta cinco veces más que ésta en el ámbito militar. También ha sabido moverse mejor diplomáticamente. Armenia, en cambio, no ha prosperado tanto, tiene menos poder económico y por ende militar, aparte de que la población armenia, ya de por si inferior en número a la azerí en el pasado, ha descendido respecto al anterior conflicto, rozando hoy día las 3 millones de personas. La posición diplomática de Armenia es vista como inmovilista, al no estar dispuesta a hacer concesiones. Es cierto que se puede “justificar” de cierta manera con que es la parte débil, que tiene más desarrollo democrático que Azerbaiyán, etc. No obstante, las cifras, el papel gasístico-petrolero azerí, el derecho internacional, así como la resolución de la guerra de 1994, juegan actualmente en contra de Armenia.

En Azerbaiyán son conscientes de todo esto y han decidido aprovecharlo, ¿por qué justo ahora? La llegada de Pashinian a la presidencia armenia en 2018 y el nombramiento de David Tonoian como ministro de defensa ha conllevado reformas político-militares. Se ha promovido un cambio de estrategia debido a la superioridad azerí. Armenia busca ser más activa y tener respuestas más agresivas a los ataques, cuando su política antes era de carácter primordialmente defensivo. Pashinian y Tonoian han sido críticos con los acuerdos de paz anteriores, es más, el propio Tonoian criticó las propuestas azeríes de “paz a cambio de tierras” y propuso una “nueva guerra por nuevas tierras” en marzo de 2019. Azerbaiyán ha querido adelantarse a este cambio de pensamiento en una parte de la élite armenia, para evitar su consolidación y también ante la evidencia de que Armenia no piensa ceder territorios o incluso tiene pensado poblar las zonas deshabitadas con armenios. Otro factor a destacar es que la actual pandemia afecta a los sectores industrial y turístico azerí, pero sobre todo al petrolero, que representa un 80% de las exportaciones del país. Aliyev ha decidido distraer a la opinión pública a través del conflicto en un momento en el que muchos actores internacionales están también más pendientes de sus propios problemas sanitarios, económicos y sociales que de las guerras.

 

  • ¿Es cierto que, como destacan algunos expertos, conceptualmente también puede leerse el conflicto desde el genocidio armenio de principios de siglo XX? Y actualmente, ¿existen otros intereses? 

Me gustaría puntualizar algo. Se pueden establecer comparaciones con el genocidio, sí, aunque pueden llegar a ser contraproducentes. Pienso que hay cierta desinformación y falta de conocimiento que está llevando a grupos de derecha o extrema derecha occidentales a apoyar a Armenia pintando el conflicto como un “cristianismo vs islam” u otras ocurrencias. Que semejantes grupos distorsionen de esta manera juega en contra de la campaña mediática armenia.

Como se está viendo, en el conflicto están inmersos muchos actores y hay desde intereses económicos a geopolíticos, lo religioso es lo de menos. El tema armamentístico no entiende de afinidades religiosas. Turquía o Israel apoyan con drones y demás material a Azerbaiyán, Ucrania se pronunció a favor de la integridad territorial azerí, mientras que integrantes de formaciones político-militares de extrema derecha ucraniana fueron más allá e incluso llamaron a intervenir a favor de Azerbaiyán. Georgia, oficialmente, es neutral y prohíbe el paso de cargamentos militares por su territorio, pero hay constancia de que los aviones turcos con destino a Azerbaiyán atraviesan territorio georgiano. También ha habido polémicas con Bielorrusia y la supuesta venta de material militar a Azerbaiyán, cosa que Lukashenko ha negado. Los países de habla túrquica de Asia Central apoyan a los azeríes. Incluso Hungría, que se deja llevar por las ideas del turanismo y es observador del Consejo Túrquico, se pronunció a favor de la integridad territorial azerí.

Irán, en cambio, se opone a la expansión de la influencia turca y apoya a Armenia, aun cuando según la “lógica” de algunos, debería apoyar a Azerbaiyán. Francia, India, Grecia o la Liga Árabe muestran neutralidad, pero sus declaraciones y disputas con Turquía en otras zonas dejan entrever preferencia por Armenia. Incluso Rusia, que lidera la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) de la que forma parte Armenia, lleva años suministrando armas a ambos bandos.

Dejando el tema armamentos y diplomacia, el interés geopolítico turco es muy importante. Turquía lleva años intentando erigirse como un actor a tener en cuenta y proyectar poder en su extranjero cercano y más aún en Asia Central. La doctrina de la Patria Azul (Mavi Vatan), por la que Turquía busca plasmar sus ambiciones marítimas le ha conllevado disputas en el Mediterráneo Oriental con Grecia, Egipto, Chipre e Israel, entre otros. Turquía es un actor de rendimiento intermedio que busca jugar a lo grande y obtener ganancias mayúsculas. El corredor sur de gas, que incluye al gasoducto del Cáucaso sur (Bakú-Tiflis-Erzurum) o el Trans Adriático, entre otros, es un plan energético que favorece la posición de Turquía y a su vez reduce la dependencia de la UE de la energía rusa. Si Turquía se asegura la confianza de Azerbaiyán y asienta su poder allí, este corredor del sur podría extenderse a través del Mar Caspio y nutrirse de las reservas energéticas de Asia Central.

Obviamente hay intereses europeos favorables a este suministro que no quieren enemistarse con Azerbaiyán. A pesar de ser un país dominado por los Aliyev (quienes gozan de bastante popularidad) desde hace décadas y de no ser precisamente un “faro de la democracia”, Azerbaiyán no domina los noticiarios. Está claro porqué. A su vez, el hecho de que Armenia sea miembro de la OTSC y sus posturas sean generalmente cercanas a Rusia contribuyen a evitar el discurso de democracia vs autoritarismo que tan recurrente ha sido en otros conflictos durante los últimos años. Algunos de los expertos que se dedican a comentar enfrentamientos y tomar posiciones, ésta vez se limitan a lavarse cómodamente las manos y aconsejan no tomar partido por ningún bando.

Los gasoductos  existentes y los proyectos que están en desarrollo, obviamente no pasan por territorio armenio, esta es otra de las razones del relativo abandono que vive el país en cuanto a apoyos. A Turquía no le interesan mucho el irredentismo y las demandas nacionalistas de los azeríes, su apoyo a Azerbaiyán contra Armenia es pragmático. En el Cáucaso, Turquía aprovecha la independencia económica de Azerbaiyán y el poderío energético de ésta para expandir su influencia y situarse como “líder de los turcos”. Que Armenia ataque los gasoductos azeríes conllevaría serias represalias y condenas, dados los intereses presentes, no es algo que se pueda contemplar como muy probable, significaría un suicidio. Turquía simplemente busca tender la mano a su “hermano” para que solucione de una vez su conflicto con Armenia y rompa el statu quo que lleva en vigor desde 1994, situándose así el gobierno de Bakú como la parte fuerte, recuperando el territorio en disputa y reduciendo el escollo que representa Armenia a la nimiedad absoluta.

Este interés turco es el principal factor que se podría considerar como rupturista con la situación actual en el Cáucaso, Rusia, si bien se está mostrando muy pasiva, no está en absoluto satisfecha con los intentos turcos por ganar influencia a sus puertas y menos aún en una zona tan volátil. Otros actores como Irán sufren la presión de la población étnica azerí que se posicionan en contra del apoyo a Armenia y actores más lejanos como la UE y los EE.UU se han mostrado “profundamente preocupados”, algo ya habitual.

 

  • Ciertamente en un principio Turquía parecía tener un papel preponderante, mientras Rusia se mostraba, presuntamente, más neutral, ¿pero qué rol pueden estar desempeñando ambos o qué posiciones parece que van a tomar?

Rusia ha tenido el rol de potencia que hace de mediador en los enfrentamientos del espacio postsoviético. Armenia es un socio estratégico que cuenta con una base rusa y ésta supervisa las defensas de Armenia en diversos ámbitos. Azerbaiyán es otro socio importante en materia armamentística, aunque no dependiente de Rusia, que se ha ido distanciando con el tiempo. Si Rusia ejerce su rol como potencia mediadora, Turquía despliega su influencia a través de medios político-militares y en cierto modo, ideológicos. El Cáucaso no representa actualmente un área crítica para las fuerzas armadas rusas, al tener otros focos que requieren mayor atención. Es por esto que Turquía está haciendo gala de sus capacidades en un intento de desplazar el papel del país eslavo.

Ha habido muchas dudas acerca de porqué Rusia no acudía en ayuda de Armenia. Rusia no puede ayudar de forma directa a Armenia porque no reconoce al Alto Karabaj como territorio armenio. Rusia está obligada (según las disposiciones del OTSC) a acudir en defensa de Armenia si su territorio se ve atacado, pero según el derecho internacional, no estamos ante este caso. Es cierto, sin embargo, que ha habido bombardeos dentro de territorio armenio y represalias, pero la mayor parte de los combates se están produciendo en el Alto Karabaj y el territorio adyacente. Una intervención armada se podría producir únicamente si la integridad territorial armenia peligra, en ese caso, tampoco sería algo fácil, ya que Georgia es hostil y no permite el tránsito de los aviones militares rusos. En todo caso, Rusia podría ayudar a Armenia a través de la ruta del Caspio-Irán, que es más costosa. Una intervención allí se sumaría a los costes de las operaciones en Siria y Libia en un momento en el que los problemas domésticos rusos en economía cobran más relevancia. No obstante, creo que de aumentar los avances azeríes y peligrar de verdad el territorio oficial armenio, la población rusa sería más propensa a aceptar una intervención armada.

Turquía no cuenta con los mismos impedimentos domésticos que los rusos, o al menos no tienen los mismos efectos sobre la popularidad. El nacionalismo turco ha ido in crescendo y el apoyo a Azerbaiyán granjea apoyos a Erdogan, aun cuando la economía y la moneda turcas llevan varios años sufriendo.

Rusia sigue apoyando el grupo de OSCE Minsk (copresidido por Rusia, Francia y EE.UU) como la única vía para obtener acuerdos que resuelvan la disputa. Erdogan se ha mostrado crítico con este formato, pero su ministro de exteriores, Cavusoglu, sí ha afirmado estar listo para el diálogo, dejando entrever que apoya a OSCE Minsk. Sin duda, Turquía busca alterar la balanza en el conflicto, como se ha dicho, situar a Azerbaiyán como la parte fuerte en la mesa de negociaciones. De momento, Rusia ha conseguido sacar adelante un acuerdo de alto el fuego que generalmente no se ha cumplido del todo. No obstante, por el momento ha evitado la mediación turca, lo cual es una pequeña victoria para la diplomacia rusa. Turquía obviamente no va a quedarse de brazos cruzados y sigue presionando a Azerbaiyán para avanzar militarmente, ahora que puede.

El hecho de que Turquía transporte a mercenarios procedentes de la oposición siria al campo de batalla para ser usados como carne de cañón por los azeríes representa otro peligro para Rusia y trae malos recuerdos. Recientemente, las fuerzas de seguridad chechenas acabaron en Grozni con varios terroristas, retornados precisamente del conflicto sirio. La intervención de los mercenarios de la empresa militar Wagner en el Alto Karabaj ha sido desmentida, tras aparecer diversos bulos. Evgueni Prigozhin llegó a criticar a Armenia y asegurar que el Alto Karabaj es territorio azerí. No obstante, opino que no se debe descartar del todo una intervención de grupos de este tipo si Rusia considera que la presencia de extremistas islámicos se hace especialmente notable en el bando azerí. Parte de la inacción rusa también es un tirón de orejas a Pashinian, quien lideró la revolución de terciopelo de 2018 en Armenia y no destaca por ser precisamente un gran “prorruso”, además de que hizo guiños a Occidente.

 

  • La relevancia de la puesta en escena tanto de Turquía como de Rusia, no es baladí ya que ambas se muestran también confrontadas en Siria o Libia, ¿qué peso y qué relevancia tienen sus actuaciones en Nagorno Karabaj en estos otros dos países?

Considero que Turquía busca un nuevo formato de negociaciones para el Alto Karabaj. Al igual que ha hecho en Siria y en Libia, quiere ser una de las voces cantantes. Acciones desestabilizadoras rusas o turcas en el Alto Karabaj podrían tener a su vez una respuesta asimétrica en los conflictos libio o sirio, aunque todavía no se ha llegado hasta ahí. A pesar de ser rivales en diversos conflictos, Turquía ve a Rusia como una herramienta para reafirmar su rol como autoridad y mostrar que es una potencia independiente y relevante.

Tanto en Libia como en Siria la presencia de Rusia y Turquía es más destacable, ambos destinan más recursos a esas zonas, por el momento. Como he dicho, a Rusia no le conviene abrir otro frente de batalla, seguirá intentado solucionar el conflicto a través de la mediación, mientras, Turquía seguirá presionando. Se producirá una guerra de desgaste diplomático y político entre ambos países. La posición turca depende de los rápidos y efectivos avances militares, cuando éstos se estancan, la diplomacia turca se enquista y comienza a presionar para obtener acuerdos. Esto ya se vio en Siria. La posición rusa depende de la capacidad de resistencia que tengan los armenios, de momento, es la parte que más bajas parece estar sufriendo debido a la superioridad aérea que le otorgan los drones a Azerbaiyán y la facilidad con la que bombardean a los armenios. A pesar de esto, es cierto que el desempeño sobre el terreno de las tropas regulares azeríes y los mercenarios no es muy efectivo y las imágenes que llegan indican muchos muertos.

 

  • ¿Que posiciones están tomando el resto de países? ¿Qué acciones o intervenciones se podrán ir desarrollando en los próximos días?

Parece que Rusia todavía no ve una salida clara al conflicto que no implique perder prestigio e influencia. Si Azerbaiyán consigue notables avances y Turquía logra forzar un nuevo statu quo, la posición rusa en el Cáucaso y en todo el espacio postsoviético se verá más debilitada. Más allá de lo mencionado acerca de otros actores, tanto la UE como EE.UU no parecen proponer ninguna solución, se ha llegado a criticar la efectividad del alto el fuego que impulsó Rusia, pero no se presentan propuestas adicionales que frenen los combates. Armenia no está dispuesta a entregar territorio, pero de sucumbir a las exigencias turco-azeríes, no sólo perderían Armenia y Rusia, también perdería la UE.

El conflicto continuará. Tal y como señalamos en 14Milímetros a finales de septiembre, diversos analistas azeríes afirmaron que los principales objetivos serían las regiones sureñas de Fuzuli y Jabrayil. En estas zona donde los azeríes están viviendo los mayores avances durante los últimos días, si tomamos por ciertas todas las informaciones que nos llegan. De seguir así, harían peligrar el corredor de Lachin, un paso de montaña y una importante ruta entre Armenia y el Alto Karabaj.

 

  • ¿Cómo se resolverá el conflicto?

En Azerbaiyán piensan llegar hasta el final en cuanto a ganancias territoriales, mientras se vean capaces y las condiciones sean propicias, seguirán avanzando, aunque no creo que lleguen a intentar penetrar en territorio de iure armenio. Turquía parece dispuesta a escalar el conflicto con ayuda adicional, no obstante, el mal tiempo y el invierno se acercan, los combates se harán más duros. Considero que Rusia y Turquía terminarán sentándose a negociar, pero la incógnita está en si será para negociar bajo un nuevo formato o si Turquía se conformará finalmente con la labor de OSCE Minsk. Dada la actual situación y la posición de inferioridad armenia, opino que éstos tendrán que hacer concesiones tarde o temprano. De nuevo, es difícil decir a ciencia cierta cuál es el balance real sobre el terreno, pero todo parece jugar en contra de los armenios. Sólo un titánico esfuerzo humano y militar, además de algo de fortuna, les ayudará a salvar la situación para la futura mesa de negociaciones.