Hablamos con Denisa Praje, psicóloga y estudiante del Máster en Psicología General Sanitaria. Está interesada en los trastornos psicológicos desde enfoques contextuales y sociales, especialmente en los trastornos de la conducta alimentaria. Abordamos cuestiones sobre la precariedad y la salud mental, el estigma a su alrededor o cómo de maltratada está en el sistema público español.

  • ¿Cómo afecta la precariedad en la salud mental?

La precariedad laboral afecta a la manera en la que aparece la ansiedad, que es una reacción que sirve para prepararnos ante peligros futuros. Cuando hay precariedad, la ansiedad se sostiene en el tiempo, aparece con mucha frecuencia e intensidad, y se generaliza a más situaciones, entonces, deja de ser útil y pasa a ser dañina. Ciertos contratos precarios generan incertidumbre hacia el futuro, que a veces se resuelve anticipando situaciones catastróficas, lo que genera malestar. Estas anticipaciones son resultado de aprendizajes pasados, por experiencias en primera persona o asociaciones entre tener un tipo de trabajo, el lugar ocupado socialmente y la vida esperada. Una situación de precariedad interfiere en los planes y proyectos de futuro, crea desesperanza. La desesperanza está asociada con el bajo estado anímico que, además, se ve alterado porque el trabajo influye sobre la organización de otras actividades y relaciones significativas para uno mismo.

El esfuerzo y cansancio físico de una situación de explotación laboral puede crear problemas de salud física que, a su vez, repercuten sobre la salud mental. El trabajo puede crear, por distintos motivos, tensiones en la familia y otras relaciones, que también influyen en el bienestar psicológico.

Las situaciones desagradables asociadas al trabajo, si no cambian «se haga lo que se haga», crean sentimiento de incontrolabilidad, una situación de indefensión aprendida, lo que lleva a pasividad, inactividad, baja autoestima, cansancio…

El trabajo en malas condiciones es una situación en la que las demandas del entorno superan los recursos con los que afrontarlas. Esto puede ser un disparador de trastornos psicológicos.

  • ¿Qué origen tiene el estigma que se desarrolla alrededor de la salud mental?

El estigma tiene que ver con la concepción que tenemos de los trastornos mentales y cómo están construidos dentro del momento histórico, económico y cultural. Los trastornos mentales son entendidos como desviaciones de normas preestablecidas: lo que se considera socialmente bueno, común, lógico, adecuado, adaptado… Por tanto, todo el que tenga un problema psicológico manifiesta un comportamiento que se puede someter a juicio social. Por otro lado, creo que tenemos un problema con los discursos de la falsa libertad, el individualismo, la «fuerza de voluntad», que nos lleva a entender que lo que nos pasa nos lo buscamos y nosotros podemos salir solo de eso, lo que culpa a quienes sufren un trastorno mental. Cuando no se culpa, se achaca a un desequilibrio cerebral, lo que lleva a tratar a las personas como enfermas y con condescendencia. Los problemas psicológicos (trastornos cuando cumplen criterios diagnósticos) son resultado de vidas que no hemos elegido y de contextos de los que a veces no podemos escapar.

  • ¿Qué debemos hacer cuando el problema es sistemático?

La respuesta a qué hacer con problemas sistemáticos creo que se puede dar desde otras disciplinas, como la sociología o las ciencias políticas, quizás una parte de la psicología social… pero no sé si es una respuesta que se tenga desde la psicología aplicada como es la psicología clínica/sanitaria, la que se dedica al tratamiento de los trastornos mentales. Creo que desde aquí tendemos a dar respuestas reformistas que no van a la raíz de esos problemas sistemáticos por los que me preguntas, sino que van al abordaje del resultado de esos daños sistemáticos que, por otro lado, no se pueden dejar sin intervención psicológica, desde mi punto de vista.

Aun así, creo que en un sistema más justo seguirían existiendo problemas psicológicos, aunque seguramente con otras manifestaciones, intensidades e intervenciones.

  • ¿Puede ser, en algunos casos, que el tratamiento de la salud mental sea un mitigador de aquellos problemas que tienen su origen en el sistema económico-social?

Sí, yo entiendo las intervenciones psicológicas como un amortiguador de daños económico-sociales que, en mayor o menor medida, crean o mantienen problemas psicológicos. Pero eso no quiere decir que no lo vea necesario, las tiritas son necesarias cuando una herida está sangrando, aunque sea más necesario acabar con los instrumentos que hieren.

Por concretar con ejemplos, en problemas como la anorexia nerviosa o la bulimia nerviosa, hay una influencia social relacionada con las presiones hacia el físico, que es algo cultural. Esto nos hace pensar que hay que hacer algo con las cuestiones de género, las consideraciones estéticas y la sobrevaloración del físico, cosas asociadas a intereses de las industrias. Sin embargo, es necesario que en casos de mucho sufrimiento e interferencia en la vida cotidiana se aborde desde la terapia y se ofrezcan herramientas para afrontar lo que sigue habiendo fuera, porque además en estos problemas hay cuestiones que tienen que ver con la historia individual, el afrontamiento de las emociones, problemas interpersonales, necesidad de control… Del mismo modo, un trastorno de estrés postraumático relacionado con una violación por supuesto que tiene que ver con un problema sistemático, pero la intervención psicológica para esa persona que lo sufre sigue siendo necesaria, y en el sistema de salud mental faltan recursos para eso.

Los mantenedores sociales de los trastornos psicológicos no tienen el mismo peso en un problema que en otro: no es lo mismo un trastorno obsesivo compulsivo que un trastorno de ansiedad generado por problemas de conciliación familiar y sobrecarga de cuidados, y faltan recursos para ambos. Esto no es incompatible con considerar necesario un cambio de raíz a nivel más global, en lo económico-social. Creo que hay un falso dilema de «o cambio de sistema o terapia».

  • ¿Cómo afectan las redes sociales a las generaciones más jóvenes?

El uso de las redes sociales afecta a la autoestima, por las comparaciones a las que se tiende, dependiendo de lo que se valore en cada red social y los usos que se hagan de esta: en Instagram todos parecen que tienen el mejor físico, la mejor vida, los mejores planes; en Twitter, todos parecen saber más que tú, tener mejores opiniones, leer más, estar más enterados de la actualidad, caer mejor, estar más formados; en Tik-Tok, no solo vemos personas atractivas, sino que las vemos en movimiento y con habilidades… El conjunto de todo esto puede crear expectativas poco realistas, comparaciones injustas basadas en distorsiones o pequeñas parcelas de la vida de los demás, que crea insatisfacción, ansiedad y otros problemas. Por otro lado, pasar muchas horas en redes lleva a una sobre-estimulación por la cantidad de contenido inmediato que ofrece, siempre hay una posibilidad de entretenerse, lo que puede crear falta de tolerancia al aburrimiento, falta de concentración…

  • ¿Qué hemos de prevenir y de qué hemos de estar al tanto cuando nos adentramos en internet?

Tenemos que tener en cuenta que, cuanto más consumimos algo, más nos enseña el algoritmo. Podemos intentar manejar lo que nos maneja consumiendo menos de lo que nos hace mal y consumiendo más de lo que sí queremos ver.

Otra cosa que ocurre en redes sociales es que se nos aplaude por ciertas cosas y nos enseñan a valorarnos en función de estas: si yo subo una foto de cierta manera, en cierto ambiente, y esta foto obtienen muchos «me gusta», estoy aprendiendo que así soy más aceptada y deseable. Del mismo modo, si cuanto más me enfado, más «retuits» obtengo, me están enseñando a ser un gruñón hostil. Esto nos influye a todos. Creo que antes de publicar, podemos preguntarnos qué queremos ser y cómo nos moldean las redes sociales para llegar a serlo.

Además, hay que tener en cuenta que todo lo que vemos es una parte de la realidad o una parte distorsionada de esta.

  • ¿Qué le dirías a los elementos estatales de los que dependen la atención psicológica?

Creo que es urgente una atención psicológica continuada, digna, accesible a todo el mundo sin necesidad de pasar por psiquiatría. También hace falta atención psicológica en atención primaria, donde se recetan la gran parte de ansiolíticos y antidepresivos que se prescriben en este país, cronificando problemas psicológicos y medicando problemas de la vida cotidiana. Además de esto, no solo hacen falta más recursos, sino que estos sean dignos, respeten los derechos humanos y trabajen desde modelos científicos.

DEJA UNA RESPUESTA