Por Cristina S.

Durante las últimas semanas se ha puesto de manifiesto el debate alrededor del tema del aborto. Habitualmente desde posiciones reaccionarias, algo que levanta suspicacias. Además, hace tiempo que José Antonio Bosch, abogado y asesor jurídico de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo, denuncia las prácticas coercitivas hacia las mujeres que deciden abortar.

  • Desde ACAI habéis denunciado en varias ocasiones que las mujeres acuden a centros de abortos se encuentran con determinadas situaciones de acosos Ahora mismo, ¿cuál es la situación actual?

Sí, mira, siempre ha habido oposición, o llámale como quieras, al aborto, porque es una posición ideológica conforme el aborto se fue normalizando en la legislación española, pues la gente contraria, los fundamentalistas, fueron de alguna manera incrementando la presión contra este cuando se penaliza en el 85.

Ya entonces en las puertas de las clínicas se empieza a hacer algún tipo de estas prácticas, pero es a partir del 2010 cuando se reconoce como una prestación sanitaria más y cuando se reconoce el derecho de la mujer. Es ahí cuando estas acciones o expresiones se intensifican, y además, digamos, que alcanzan un carácter de que cubre toda, prácticamente toda la geografía de España.

  • ¿Quiénes o desde donde se organizan estas prácticas?

Esto tienes que enmarcarlo en un contexto que no es solo un fenómeno español, sino que de alguna manera es un fenómeno fundamentalista y reaccionario. Viene financiado desde Estados Unidos y es un movimiento, digamos, a nivel de todo el planeta. Hay campañas que, por ejemplo la de 40 días por la vida, es una campaña que nace en Estados Unidos y que ya está exportada a multitud de países, entre otros España.

Fundamentalmente, en el caso español, son organizaciones católicas que se ponen en la puerta y ahora este tipo de acciones tienen distintas formas, las hay desde las que se ponen a rezar en la puerta, hasta las que impiden el acceso a la mujer, abordan a la mujer o ponen cualquier tipo de objeto donde puede verse reflejadas como ponen en Madrid o, incluso, una procesión por delante de la clínica expresamente para ello.

Hay muchas comunidades autónomas que no lo hacen generalmente en aquellos sitios que es incómodo, porque la clínica está en un lugar que no es confortable. Te pongo el ejemplo de Málaga. En Málaga hay 3 clínicas y solo lo hacen en una porque las otras están en una calle con una acera muy estrecha, pasan coches… Es incómodo, sin embargo, en la que lo hacen pues está en un paseo ancho, abierto, pasa a mucha gente también entonces.

Afortunadamente son grupos pequeños, otra cosa es que hagan mucho ruido, pero desde un punto de vista, no estamos hablando de miles de personas atacando a las mujeres.

  • ¿Por qué no ha tenido mayor alcance estas prácticas fundamentalistas?

Estamos hablando de grupos pequeños por dos motivos. En primer lugar, porque, afortunadamente, en este país no hay tanto fundamentalista, lo cual es de agradecer. Y segundo, porque más de 19 personas en la puerta tienen que solicitar la autorización, comunicar que te va a manifestar. Eso les obligaría a un trámite, con lo cual siempre son grupos inferiores a 19 personas y eso está penado de alguna forma.

  • ¿Cuántas mujeres sufren estas coacciones en España?

Nosotros en su día, desde ACAI, hicimos un estudio conservador que determinaba que al menos 800 mujeres al año sufren acoso en las puertas de la clínica. Cuando te digo que es conservador es porque está calculado, digamos, sobre mínimos, porque probablemente son muchas más mujeres al año las que sufren el acoso, pero lo hicimos de alguna manera para no ser alarmistas, no salirnos de la realidad.

  • ¿No tiene repercusiones legales?

Legalmente se puede penar, o sea, si tú pillas a alguien haciendo daños a la clínica es un delito de daños materiales y está claro que es un delito tipificado en el Código Penal. Luego en cuanto el acoso a mujeres, se produce una coacción. Para entendernos, yo quiero hacer algo que la ley no prohíbe y tú me lo impides, me obligas a hacer algo que yo no quiero. Entonces entra dentro del evento de ecuaciones.

¿Y tú dirás, bueno, y por qué no denuncian las mujeres? Bueno, pues, si no lo denuncia la víctima no se puede perseguir. Ponte tú en el lugar de la mujer. En esos momentos estás tú para… Hay algunas que no le han dicho que van a abortar a su pareja, a su familia, a sus padres… Es un acto íntimo. Ponte que cuando terminas el aborto vas a ir a una comisaría a poner una denuncia y aunque la pongan, como tampoco sabes quién es el autor, pues… Cuando alguna mujer la ha puesto… Denuncia archivada por autor desconocido. Conclusión, quedan impunes.

  • ¿Por qué ahora ha irrumpido fuerte el debate sobre el aborto?

Hay una coincidencia en el tiempo y en el espacio en relación con el aborto y me llama la atención. Si te fijas, de golpe y porrazo, por medios de comunicación, todos los partidos, están hablando de ello ahora mismo, es verdad. Y a mí, cuando se producen esas confluencias, siempre pienso que no son casuales porque no existe casualidad.

Esto podría suceder ante un suceso super traumático, está claro, ¿no? El Volcán de Canarias, por ejemplo. Todo el mundo habla de volcanes, pero es que con el aborto no ha sucedido nada extraordinario ni diferente de lo que viene pasando desde el 2010.

  • ¿Entonces?

Personalmente me llama la atención ese foco en el que está situado todo el tema de la interrupción voluntaria del embarazo, además, tanto desde la izquierda, como desde la derecha, como desde el centro o desde los medios… Eso me hace reflexionar sobre que hay de fondo y, generalmente, cuando veo estas cosas, pienso, pienso que ha sido Iniciado por algo.

Y no soy conspiratorio, pero es mucha casualidad, no puede ser eso, tiene que haber algún motivo de trasfondo. Entonces, quizá, yo lo que hago es la llamada atención, que la mudanza en tiempos de turbulencia son desaconsejables. Me temo que esto sea un paso hacia atrás en vez de un paso adelante, pero, bueno, esperemos que no.

  • En los últimos tiempos presiento que se ha hecho un retroceso, un llamamiento a la legalidad anterior a 1985… No sé si ha visto las declaraciones del señor Almeida, por ejemplo.

Está habiendo un contexto de retroceso en el sentido de, lamentablemente, en el tema del aborto. Además se da a nivel de global, pues estamos viviendo una época de retroceso en los derechos civiles y el aborto no es la excepción. Entonces, digamos que hay una reacción fuerte que tira y que trata de recortar el derecho de la mujer a su propio cuerpo y, en ese contexto, puedes ubicar todas las declaraciones de los cínicos. Vale que no se atreven a decir que la mujer no debe abortar y, entonces, lo que buscan es que se haga que el aborto sea dificultoso. Esto ocurrió, por ejemplo, con la modificación de la Ley Orgánica, cuando suspendieron a las mujeres de 16 y 17 años su derecho a decidir. Ellos dicen, bueno, yo no me cargo el aborto, pero los obstaculizo.

Yo creo que hay una campaña salvaje para encontrar todas las vías posibles que hagan que el aborto sea más complicado, eso desde los que son cínicos. Los que no son cínicos, abiertamente lo que dicen es que el aborto de alguna manera debe estar prohibido.

  • ¿Cuál es la diferencia fundamental entre la actualidad y la legalidad previa a 1985?

Es mucha la diferencia, evidentemente, básicamente es que la ley de 2010 reconoce a la mujer la autonomía sobre su propio cuerpo. La norma del 85, la despenalización del 85, decía, simplemente que en determinados supuestos se permite que la mujer aborte. La diferencia es notable. La diferencia realmente importa. Reconocer que la mujer tiene poder ara poder abortar reconoce su capacidad de decisión sobre su propio cuerpo, que en palabras de Naciones Unidas forma parte deos Derechos Humanos. Este se trata del derecho a la salud sexual de la mujer y su autonomía.

El problema es que de los Derechos Humanos siempre se ha hablado en masculino, todo cambió después de la convención de Beijing, que es cuando se comienza a mirar el punto de vista femenino también. Otra cosa que empieza a reconocerse es el derecho a prestación sanitaria la cubre el Estado, la paga el Estado. Esto para las personas de mentalidad reaccionaria del país es algo horrible, porque, por una parte, ¿cómo es posible que el Estado tenga que pagar el aborto de una mujer que quiera abortar? Y en segundo es que tratan el tema como derecho a la muerte… No, señora, no… Aquí no hay ningún derecho sobre la muerte. Aquí lo que hay es un derecho sobre mi propio cuerpo. Hay un derecho a mi libre sexualidad y hay un derecho a que yo defino y determinó cuando quiero ser madre, cuando no quiero ser madre. Esos son los derechos que están en juego.

  • Hace poco se daba el caso en el que una mujer embarazada de varios meses se le diagnosticaba una malformación en el feto, pero, aún y así tuvo que irse de su comunidad autónoma a abortar, ¿no es esta dificultad también un tipo de coacción?

Esto se da cuando en el caso se puede abortar, ¿cuál es el protocolo? Te vas a una clínica privada, a una clínica concertad mejor dicho, porque en el hospital somos todos objetores de conciencia y no practicamos aborto.

  • Sí, en ese sentido, sobre la objeción de conciencia iba dirigida mi pregunta.

Hay que mirar, ya que va a depender de la Comunidad que estés, porque no se da el mismo funcionamiento en todas las comunidades, pero digamos que hay que hacer pruebas para la mujer y estas determinan que hay un tipo de malformación, la que sea. Tú tienes que ir acotando, porque no toda la malformación a partir de las 22 semanas tiene derecho a poder abortar. A partir de eso, en esos supuestos la mujer tiene que pasar el diagnóstico por un comité clínico.

Este comité clínico tiene que determinar si esa mujer está en el supuesto legal para abortar o no. Todo esto, tú date, cuenta que tú estás con una criatura dentro tuya que sigue creciendo, y lo que vienen denunciando muchas mujeres es la falta de empatía en los hospitales públicos. En la mayoría de las comunidades esas interrupciones se acaban haciendo en las clínicas acreditadas, están concertadas con la administración.

El circuito se complica en el momento que el Comité Clínico te dice que no es así, cuando el Comité clínico no ratifica el diagnóstico médico, vale, pues a partir de ese momento la mujer ya no puede abortar en España. Hay comités clínicos que toman la decisión desde un punto de vista ético, que no médico, pero el comité clínico es un comité científico y médico, por lo que tiene que sujetarse a la ley, no a su ética o a su moral. Y, sin embargo, hay comités clínicos que actúan conforme a su moral más que conforme a la ciencia médica, claro.

Yo soy crítico con la objeción de conciencia, personalmente quiero decir. Sé que esto es reducirlo al absurdo, pero si yo fuera bombero, yo que soy ateo, ¿tendría obligación de apagar una Iglesia? Y si soy médicos testigos de Jehová, ¿tengo obligación de poner una transfusión de sangre? Sin embargo, la realidad es que la ley reconoce la objeción de conciencia y para mí lo que dice la ley va a misa.

A partir de ahí la objeción de conciencia es algo individual, pero un hospital no puede ser objetor de conciencia porque no tiene conciencia. ¿Vale? Entonces la administración tiene que garantizar que, a pesar del derecho a la objeción de conciencia de los médicos, la administración tiene que garantizar. Así de sencillo. Entonces, tendrá que poner los medios para, respetando el derecho a la objeción de conciencia de los médicos, darles servicio.

Ahora bien, también te digo una cosa… No hay tanta objeción de conciencia… Digamos que hay concesiones. Hay objeción por razones éticas, porque la objeción de conciencia, digamos, se fundamenta en razones éticas, ideológicas o religiosas, ¿vale? Sin embargo, hay muchas objeciones debidas a que un médico que practique aborto en un hospital tiene que combatir con un estigma frente a sus compañeros, frente a su propia dirección. El aborto, digamos, no da prestigio. Entonces si puedo escoger una actividad que me da prestigio y que me da carrera…

Yo he conocido algunos que cuando, al principio, se despenalizó en el 85 tuvieron que abandonar sus hospitales porque en los hospitales había un mundo de prejuicios, hasta el punto que era imposible desde la pública seguir practicando abortos y tomaron la el camino de montar sus propias clínicas.