Una de las necesidades básicas que en esta sociedad siguen sin ser cubiertas a nivel global es la de la alimentación. Martín Caparrós llegó a dedicar un libro a su antónimo, el hambre, que no es meramente la ausencia de comida, sino de alimento.

Hemos hablado sobre desperdicio de alimentos con el profesor de Economía Agraria en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y director del Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario-UPC-IRTA (CREDA), José María Gil Roig, quien propone rediseñar el sistema alimentario para evitar el desperdicio.

  • ¿Qué es el desperdicio de alimentos y porqué se produce?

Para tratar de responder, intentaremos en primer lugar de definir qué se entiende por desperdicio alimentario y por qué se genera. No está siendo fácil llegar a una definición de consenso, ya que las perspectivas desde las que se enfoca el problema son diferentes.

La FAO lo contempla en el marco de la seguridad alimentaria. Dicho en otras palabras, y simplificando bastante, contrapone desperdicio a malnutrición y a la dificultad de acceso a los alimentos por parte de sectores importantes de la población.

Desde una perspectiva de países desarrollados, se asocia el desperdicio de alimentos a un despilfarro de los recursos necesarios para generarlos.

  • ¿Qué cantidad de alimentos se desperdician anualmente?

En el mundo un tercio de los alimentos producidos se pierden o desperdician. Esto resulta aproximadamente 1.300 toneladas anuales.

En Europa son 87’6 millones de toneladas. Esto representa aproximadamente 173 kilos por persona perdidos o desperdiciados anualmente.

  • Esto, evidentemente, tiene un coste social, pero ¿podría cuantificarse la magnitud del problema bajo algún parámetro?

Según diversas fuentes, la producción de productos agrícolas y ganaderos ocupa un 37% de la superficie terrestre, consume el 70% del agua disponible y genera alrededor del 25 % de las emisiones de gases efecto invernadero.

Según los datos de FAO de 2011, con los alimentos que, actualmente, se desperdician en Europa se podrían alimentar 200 millones de personas anualmente.
  • ¿Sobre quién debe recaer la responsabilidad de este desperdicio?

El despilfarro no es sino una consecuencia de cómo están configurados los sistemas alimentarios. Por decirlo en un lenguaje que todo el mundo puede entender: el despilfarro forma parte de los denominados efectos colaterales de los sistemas alimentarios actuales.
La responsabilidad debe dividirse entre distintos factores: la agricultura, la venta al por mayor, la industria, la venta al detalle y el de los hogares.

¿Existen alternativas para soliviantar este problema?

Desde la misma ONU se ha afirmado que «para 2030, reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos per cápita en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y distribución, incluidas las pérdidas posteriores a las cosechas».

En concreto, se puede reducir el desperdicio alimentario virando la jerarquía de residuos y la de residuos alimentarios. Es decir, reducción en origen de esta, alimentación de personas necesitadas, alimentación animal, usos industriales, tratamiento biológico y depósito control y valorización energética y no al revés.

  • ¿Es posible dentro de un sistema capitalista?

Existen posibilidades económicas sociales para soliviantar problemáticas como la sobreproducción.

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