Javier F. Ferrero


Juan Ignacio Codina Segovia, periodista y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de las Islas Baleares con la tesis El pensamiento antitaurino en España de la Ilustración del XVIII hasta la actualidad, portavoz, subdirector y cofundador del Observatorio Justicia y Defensa Animal, acaba de publicar el ensayo Pan y toros (Plaza y Valdés Editores, 2018).

Su obra responde a una pregunta clara: ¿existió en España un pensamiento antitaurino anterior a nuestra época? En su repaso histórico podemos comprobar como destacados juristas, escritores, pintores, filósofos, religiosos, políticos, periodistas e historiadores denunciaron en cada momento la tauromaquia, considerándola como una barbarie que debe ser cuestionada, combatida y, en último extremo, erradicada. En su relato, entre muchos otros, aparecen Alfonso X El Sabio, Arsenio Martínez Campos, Emilia Pardo Bazán, Carolina Coronado, Blasco Ibáñez, Pío Baroja o Ramón y Cajal.

Conversamos con él sobre este tema tan interesante como polémico.

 

Hace un par de semanas publicó su primer libro, Pan y Toros, con la editorial Plaza y Valdés, ¿cómo ha resultado la experiencia?

Ha sido muy enriquecedora e intensa. Me ha permitido conocer personalmente a muchas personas que comparten el mismo ideal: el fin de la tauromaquia. Verá, yo llevo varios años trabajando en Pan y Toros. Todo empezó en 2015, cuando comencé una tesis doctoral que llevó por título El pensamiento antitaurino español, de la Ilustración del XVIII hasta la actualidad. A medida que iba adentrándome en esta investigación, yo mismo me decía que el antitaurinismo español, que es un inmenso patrimonio cultural, identitario e histórico, apenas se conocía, y debía darse a conocer. Era necesario que se conociera en la medida que el conocimiento es lo único que nos separa del engaño y de la manipulación histórica a la que nos han sometido los taurinos, y quienes, por cierto, lo siguen haciendo hoy en día. Así que, de aquella tesis, que culminé en mayo de 2018, salió este libro. Todo ha sido muy rápido y debo agradecer a Marcos de Miguel, editor de Plaza y Valdés, su interés y, sobre todo, su apoyo personal y profesional para sacar adelante este proyecto. Lo cierto es que la experiencia ha sido muy gratificante. Cuando algo se hace con ilusión y con los principios por delante, la tarea se hace mucho más grata. Al fin y al cabo, el objetivo del libro siempre ha sido el de servir como herramienta para poner nuestro humilde granito de arena en la lucha contra la barbarie taurina, y la respuesta que estamos recibiendo por parte de los lectores es fantástica.

 

Silvia Barquero ha escrito el prólogo, ¿que representa la presidenta del PACMA para que abra su libro?

-Silvia y yo nos conocemos desde hace años. De hecho, la primera vez que nos saludamos fue en una manifestación antitaurina delante de una plaza de toros, creo recordar que fue en verano de 2010. Desde el primer momento en que contactamos con ella para proponerle el prólogo de Pan y Toros, se mostró muy interesada y, desde entonces, ha dado un apoyo constante al libro. Personalmente le estoy muy agradecido, pues para mí Silvia es una mujer que representa los valores que más admiro en cualquier persona: fortaleza, determinación, sensibilidad, coraje, capacidad de aprendizaje, compromiso y generosidad. Ella lleva muchos años dando la cara por los animales en general y por los toros en particular, y su presencia en el libro resultaba necesaria. Pero no solo Silvia, sino que la presencia de la mujer en el antitaurinismo español —y en el activismo por los derechos de los animales en general— es y ha sido tan rica que, en Pan y Toros, se dedica un capítulo íntegro al papel de la mujer en esta corriente de pensamiento. Además de Silvia, aparecen citadas mujeres como la catedrática y filósofa Alicia Puleo, la catedrática de Derecho Marita Giménez-Candela, la abogada y directora del Observatorio Justicia y Defensa Animal, Nuria Menéndez de Llano, la profesora Marta Tafalla, escritoras como Rosa Montero o Espido Freire, o periodistas como Ana Pardo de Vera, Ruth Toledano o Concha López, así como la directora en España de AnimaNaturalis, Aïda Gascón, entre muchísimas otras mujeres. Y es que la presencia de la mujer en el antitaurinismo actual es muy importante y, sin duda, su fuerza, valor y compromiso será lo que logre inclinar la balanza del lado de la justicia, de la ética y de la razón.

 

Según indica en su libro, el pensamiento antitaurino ya existía en España en el siglo XIII, ¿cuál es la diferencia con el movimiento actual?

Efectivamente, el antitaurinismo español es una tradición histórica muy antigua cuyos primeros vestigios se remontan al siglo XIII: el primer esbozo de pensamiento antitaurino se lo debemos a rey Alfonso X El Sabio quien, en sus Leyes de Partida, se refiere a los toreros como «infames». Desde aquel momento inicial, generación tras generación, siglo tras siglo, destacados hombres y mujeres, cada uno en su época, denunciaron la barbarie taurina. En este sentido, una de las cosas que más sorprenderá a los lectores es que, desde hace cinco o seis siglos, el antitaurinismo español se fundamenta una y otra vez en las mismas denuncias ante la barbarie taurina, y una de ellas, la más importante, es que no puede ser que el sufrimiento y la muerte de un toro se pueda tener como diversión o entretenimiento. A analizar estos argumentos antitaurinos tradicionales dedico un capítulo en Pan y Toros que, como digo, va a sorprender mucho. Aunque también indignará, ya que llama la atención que nuestro país haya evolucionado positivamente en tantas cosas y que, sin embargo, hoy en día sigamos teniendo que enfrentarnos, como nuestros antepasados hicieron ya hace varios siglos, a la barbarie taurina.

 

De esta manera, entiendo que se desmonta totalmente que la lucha por la defensa del toro sea una moda pasajera de las últimas décadas.

Se desmonta como un castillo de naipes. De hecho, lo que me llevó a iniciar la tesis doctoral fue una reacción personal ante la acumulación de noticias, artículos, comentarios y declaraciones que incidían una y otra vez en que el antitaurinismo actual era una simple moda. ¿Una moda? Obviamente, quienes insistían en esta cuestión eran taurinos que lo único que pretendían era minimizar y ridiculizar al antitaurinismo actual. Después de varios años de trabajo científico y académico, puedo decir con toda la tranquilidad del mundo, pero también con mucha firmeza, que el antitaurinismo no es una moda, ni mucho menos. Además, el principal argumento que en la actualidad usamos para denunciar la brutalidad y la salvajada taurina, es decir, la defensa del toro como ser vivo, como ser sintiente y cuyo dolor no puede ser tenido nunca como regocijo, ya se usaba, exactamente igual que hoy, hace cinco o seis siglos. ¿Una moda? De ninguna manera. Espero que nadie, a partir de ahora, siga diciendo que el antitaurinismo es una moda.

 

¿Cree que el no haber aperas estudios sobre el movimiento antitaurino anteriores al suyo expone un interés por ocultar información al respecto?

No me cabe ninguna duda. Hemos vivido durante siglos bajo la sombra de una dictadura tauromáquica, hemos sufrido la imposición del dogma taurino, y los primeros interesados en fomentar la salvaje tauromaquia han sido nuestros gobernantes, quienes han preferido a una sociedad inculta, embrutecida e ignorante antes que a un pueblo cultivado, refinado e interesado más en la lectura que en las corridas de toros. ¿Por qué?, esto lo explico en un capítulo del libro: por la cuestión del Pan y toros, porque un pueblo embrutecido y embriagado por la violencia taurina es más dócil y controlable que uno culto, que piensa y que, por tanto,  será más vigilante y exigente con las labores de gobierno. Por tanto, entre unos y otros, España ha sido maltratada históricamente, hemos sufrido un golpe de Estado taurino que, tradicionalmente, ha hecho del español un pueblo apático, poco participativo, embrutecido e ignorante. El paradigma de esta forma de gobierno la impuso el rey Borbón Fernando VII quien, en las primeras décadas del siglo XIX, cerró los periódicos, clausuró las universidades y, a cambio, restauró la Inquisición y abrió una escuela de tauromaquia. Como denunció el gran historiador Modesto Lafuente —y, por cierto, destacado antitaurino—, aquel monarca déspota hizo catedráticos a los toreros, nada menos. Desde entonces, y desde mucho antes, el antitaurinismo español ha sido deliberadamente silenciado, manipulado, minimizado y ridiculizado por el pensamiento único taurino. A esta cuestión dedico un capítulo en el libro, en el cual denuncio con datos y referencias algunas de las argucias taurinas para tratar de silenciar a los que no piensan como ellos.

 

Juan de Mariana, Gaspar Melchor de Jovellanos, Pío Baroja, Miguel de Unamuno…, muchas personalidades españolas mostraron públicamente su rechazo al mundo del toreo, según documenta en su libro. Si no se acabó con esta práctica entonces, ¿cree que se logrará en un futuro cercano?

Ciertamente llama la atención la cantidad y calidad de hombres y mujeres que históricamente han denunciado la tauromaquia en España. Para que se haga una idea, le diré que mi tesis ocupó casi 1200 páginas y doscientos epígrafes. Por tanto, la situación es de una gran profundidad. Además, no sólo estos intelectuales, escritores, políticos, periodistas o artistas, sino que la propia sociedad española ya se organizó horizontalmente desde el último cuarto del siglo XIX para manifestarse contra la barbarie taurina. Como documento en el libro, la primera manifestación antitaurina que hubo en nuestro país se celebró hace más de cien años. Además, he de decir que la tauromaquia ya ha estado prohibida en España. A esto dedico otro capítulo del libro, a repasar las prohibiciones históricas de la tauromaquia. No obstante, y como relato en la obra, hubo muchas dificultades para la aplicación práctica de estas prohibiciones. Personalmente creo que cada vez estamos un poco más cerca de la desaparición de estas brutales costumbres. Sin embargo, no debemos caer en la autocomplacencia, sino mantenernos muy alerta porque el fenómeno al cual nos enfrentamos es de una enorme envergadura y, seguramente, no desaparecerá de un día para otro. Debemos trabajar juntos para lograr la abolición. Ningún cambio histórico que haya supuesto progreso, equidad y justicia ha resultado nada fácil pero, como decía el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal —y gran antitaurino— eso no supone que, desde hoy mismo, no empecemos a trabajar con ilusión, coraje y determinación. Desde luego el esfuerzo merecerá la pena.

¿Qué opina de quienes tachan a los antitaurinos de antipatriotas?

Si me permite la expresión, decir eso es una gran sandez propia de una ignorancia fanática, que es la peor de las ignorancias. De hecho, en Pan y Toros dedico un capítulo entero a desmontar esta otra mentira taurina: los antitaurinos odian las corridas porque odian todo lo español. No se crea, esto no es nuevo, ya en el siglo XVIII los taurinos de la época repetían esta misma cantinela. Como demuestro en el libro, nada más lejos de la realidad. De hecho, algunos de nuestros más grandes patriotas, como Joaquín Costa, el general Arsenio Martínez Campos o la condesa de Pardo Bazán, eran antitaurinos. Solo por leer este capítulo ya merece la pena tener el libro, porque en él se evidencia lo engañados que desde el pensamiento único taurino se nos ha tenido durante siglos. Una más de sus manipulaciones históricas.

Juan Ignacio Codina. Retrato de Javier F. Ferrero

¿Ha recibido ataques desde la publicación del libro?

Sí, he de confesar que sí. Se me ha tildado públicamente de ignorante, de mentiroso, de sectario, de ególatra, de canalla, de vendehúmos y, asústese, ¡hasta de facha! También se me ha acusado de no saber nada de historia y de manipular, pero, déjeme decirle una cosa, no soy el primero, ni seré el último, en recibir estos ataques desde sectores taurinos. De hecho, yo ya contaba con todo esto,  porque los taurinos llevan siglos atacando, ridiculizando, insultando y menospreciando a todo aquel que “ose” combatir sus sangrientas diversiones. Le daré tan solo un ejemplo: el capitán de fragata José Vargas Ponce, un ilustrado gaditano que fue director de la Real Academia de la Historia en dos periodos de tiempo, diputado en las Cortes de Cádiz, que fue herido combatiendo por su país, que fue cartógrafo, poeta… en fin, alguien con una trayectoria admirable, pues también fue víctima de furibundos ataques taurinos porque se atrevió, a comienzos del siglo XIX, a escribir el libro más antitaurino redactado hasta la fecha. Y le aseguro que Vargas Ponce no ha sido el único en ser objeto de mofas, desprecios e insultos. Sí le he de decir una cosa: uno debe elegir a sus enemigos, y no permitir que sean ellos los que le elijan. Con esto quiero decir que he optado por no entrar en la confrontación ni en el ataque porque, precisamente, eso es lo que ellos quieren. Así logarían desviar la atención del tema principal. No podemos caer en esa trampa. Que nadie tome mi silencio como una señal de debilidad, pues es exactamente todo lo contrario, una muestra de fortaleza. Al mismo tiempo, le digo que yo no rehúyo del debate, de la exposición de datos, de referencias y de autores, pero con personas que tengan una mínima preparación, y no con el primero que a través de las redes sociales se dirija a mí para insultar. Si lo hiciera, no tendría vida propia. Ahí están mi doctorado y mi libro, y, en este sentido, no hay nada mejor que dejar que el trabajo de uno hable por sí mismo.

 

Actualmente es el subdirector del Observatorio Justicia y Defensa Animal, ¿cuál es el objetivo del observatorio?

Así es, soy subdirector y cofundador del Observatorio Justicia y Defensa Animal, una organización sin ánimo de lucro que se creó en 2012. El Observatorio, y su grupo de expertos,  se dedican eminentemente a asesorar, promover e impulsar reformas legales de gran calado en nuestro país, para conseguir mejores herramientas legales con las que defender a los animales. También se persigue mejorar las leyes que ya tenemos en materia de lucha contra la lacra del maltrato animal. En este sentido, y gracias al trabajo de nuestra directora, la abogada y experta en Derecho Animal Nuria Menéndez de Llano, puedo decir que estamos muy orgullosos de haber conseguido algunos logros en nuestra legislación, como haber participado en la reforma del Código Penal que entró en vigor en 2015, y que supuso, entre otros avances, el agravamiento de penas para los maltratadores de animales y la penalización del proxenetismo animal, un hito histórico en nuestro país. Asimismo, también hemos impulsado la campaña AnimalesNoSonCosas, que en 2017 dio lugar al inicio de la reforma de la legislación civil española para que los animales dejen de ser considerados legalmente cosas y se les reconozca como seres vivos dotados de sensibilidad. Una de las principales expertas asesoras de este proyecto de reforma, que esperemos que muy pronto se haga una realidad, ha sido, justamente, nuestra directora. Nuestro trabajo tal vez no sea muy visible de cara al público, precisamente porque en él destacan valores como prudencia, seriedad y rigor, pero le aseguro que su importancia y calado resultan fundamentales para combatir legalmente el maltrato animal en España.

 

¿Cuáles son los planes de futuro de Juan Ignacio Codina?, ¿tiene pensado seguir escribiendo?

En estos momentos tanto la editorial de Pan y Toros, Plaza y Valdés, como yo mismo, estamos en pleno proceso de promoción de la obra. La presentación en Madrid, el pasado 17 de noviembre, fue un éxito, y ahora queremos repetir presentaciones en otras ciudades españolas. Así que 2019 será un año, esperemos, muy movido. Para nosotros es muy importante que el conocimiento que contiene el libro, sea mucho o poco, llegue a la gente, puesto que no hay mejor herramienta para cambiar la realidad que un libro. Contra la barbarie y la ignorancia, conocimiento y cultura. Por tanto, el futuro a corto y medio plazo espero que sea ese: dar a conocer el libro a cuantas más personas mejor. Al respecto de seguir escribiendo, por supuesto que sí, como periodista con más de veinte años de trayectoria es lo que llevo haciendo casi toda mi vida. Pero, si lo que me pregunta es si habrá un segundo ensayo dedicado al estudio, análisis y divulgación del antitaurinismo español, la respuesta es que sí, esa es mi intención, y créame cuando le digo que Plaza y Valdés y yo ya estamos trabajando en ello. Pero ahora lo más importante es Pan y Toros, un libro fácil de leer que va a sorprender mucho a los lectores y lectoras, y que aspira a convertirse en una modesta herramienta de acción dentro del antitaurinismo español.


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