Por Oier Zeberio para Eulixe
«Me llamo Sargis, nací en Moscú, pero mis antepasados son de Artsaj y me trasladé en 2007 a Stepanakert, a la capital […] Combatí en las guerras de 2016 y 2020». Sargis Melik-Shajnazaryan es un joven politólogo y traductor de etnia armenia, de mirada intensa pero afable. Sus ojos, sin embargo, han sido testigos del horror de la guerra, como en el caso de los miles de armenios, muchos de ellos jóvenes, que han tenido que luchar con escasos medios para hacer frente a la fría y calculada ofensiva de Azerbaiyán contra la República de Artsaj. Muchos de ellos no volverán jamás a sus hogares, y nunca más abrazarán a sus amados seres. El sufrimiento, los llantos y las cruces en los cementerios se han convertido en la nueva realidad tanto en Armenia como en la Republica de Artsaj, inmersas actualmente en una crisis política sin precedentes.

Los miembros de EULIXE Pablo González y Juan Teixeira tuvieron la oportunidad de entrevistarle en 2019 por primera vez, a raíz del trabajo que realizaron en el terreno sobre el Europeo de futbol de estados no reconocidos CONIFA 2019 y sobre la situación política y social en Artsaj. En aquella ocasión, Sargis les mostró sus preocupaciones sobre los problemas socioeconómicos que ahogaban a la República de Artsaj: la partida de la población local en busca de una vida mejor, los bajos salarios y el alto coste de la vida etc. Otro de los aspectos que le resignaba era la posibilidad de que estallará la guerra: «En cualquier momento puede empezar la guerra. Todos lo entendemos. Por esto todos los armenios de Artsaj estamos preparados para ir a defender nuestra patria. Es un problema étnico», subrayaba en aquella ocasión. También mencionaba que el mundo y Europa tenían que intentar solucionar pacíficamente un conflicto que puede tener consecuencias en toda la región. Muy probablemente, en aquella ocasión, Sargis les transmitió lo que pensaban y sentían muchos karabajíes, palabras que en modo de profecía se convirtieron en amarga realidad un año después.

Sargis Melik-Shajnazaryan en la entrevista realizada en 2019. Fuente: Eulixe.
Sargis Melik-Shajnazaryan en la entrevista realizada en 2019. Fuente: Eulixe.

ESTALLA LA GUERRA

El 27 de septiembre de 2020 estalló la guerra. Los Ministerios de Defensa de ambos países se acusaron de haber iniciado las hostilidades, que pronto se convirtieron en una guerra abierta en la zona fronteriza entre la República de Artsaj y Azerbaiyan. En poco tiempo se descubrió que los azeríes tenían un plan elaborado entre manos que tenía como objetivo «recuperar» las tierras perdidas en la guerra que enfrentó a ambos países en la década de los 90. El apoyo incondicional de Turquía y Israel dieron, en esta ocasión, una ventaja tecnológica importante a los azeríes.

«Me desperté por la mañana, bastante temprano. Escuché el sonido de los drones y comprendí enseguida que la guerra había comenzado». Así empezó aquel día en la vida de Sargis, un día que jamás olvidará. «Me llamaron mis parientes de Ereván [capital de Armenia], de Rusia, de otros lugares…Me llamó un amigo de España y preguntó sobre lo que pasaba», continúa. Como otros muchos, este joven politólogo y traductor fue llamado a filas. Primero movilizaron a los hombres que iban desde los 18 años hasta los 50. Las primeras incorporaciones se efectuaron en Stepanakert y después en Ereván. «Llegaron muchos voluntarios de las diferentes provincias de Armenia también», menciona con mirada fija.

Cuando salí de la ciudad llamé a mi madre. Le dije que me trasladaron a la frontera. Comenzó a llorar […] Yo estaba preocupado por ella. Es mayor, y en cualquier momento podía empezar el bombardeo contra Stepanakert y la capital era muy peligrosa. Pensaba mucho en ella. – Sargis Melik-Shajnazaryan

Sargis y sus compañeros fueron congregados cerca de la Plaza República (Stepanakert). Subieron a unos micro autobuses y les dejaron cerca de la frontera. No les dieron mucha información, y el mensaje de sus superiores se resumía en que tenían el deber de proteger su patria. Cuenta con formación militar, ya que efectuó la instrucción desde 2011 hasta 2013, y está especializado en comunicaciones.

Poco después de la movilización, a Sargis, como a otros muchos, le dieron el uniforme, el equipo de combate y de seguridad. Le proporcionaron un chaleco anti balas, pero sin la placa de protección. Después de 4-5 días, sin embargo, logró obtener las tan necesarias placas para el chaleco. «Al principio conseguí una placa y luego la segunda», relata entre sonrisas. También le dieron un viejo Kaláshnikov, que según afirma, «no trabajaba muy bien», por lo menos en su caso.

Sargis Melik-Shajnazaryan. Fotografía realizada durante la guerra de 2020.
Sargis Melik-Shajnazaryan. Fotografía realizada durante la guerra de 2020.

LA VIDA Y LOS COMBATES DURANTE LA GUERRA

Sargis fue trasladado al norte de Artsaj y estuvo en el frente desde el 27 de septiembre hasta el 11-12 de noviembre. Desde el comienzo tuvo que enfrentarse a peligrosos bombardeos efectuados por la artillería azerí. «Durante los primeros minutos ya comprendí que la situación era muy peligrosa. No teníamos ningún plan, no sabíamos a donde ir», relata, describiendo aquellos primeros instantes inundados por la confusión y, muy probablemente, el terror.

La calidad de las trincheras no era buena, además. Y el problema no se solucionó antes de que estallará la guerra. El joven soldado relata que al principio le asaltó la siguiente pregunta: “¿La guerra se alargará?”. Sin embargo, en aquellos momentos pensó que muy probablemente la guerra tendría poco recorrido, por la intervención de otros países.

«Había problemas con las nuevas armas y nuevas tecnologías de los azeríes», relata. Durante la guerra de 2020 el uso de drones se convirtió en un hecho que seguramente inclinó la balanza en favor de Azerbaiyán. Había dos tipos de drones: de reconocimiento y ataque. «Sufrimos ataques de drones, pero la artillería anti aérea trabajo muy bien en nuestro caso. Teníamos fe en que podríamos defender nuestra tierra hasta el final». El uso de los drones en los combates y los problemas que se registraron al comienzo de la guerra en la defensa aérea son dos factores que minaron gravemente las fuerzas de defensa de Artsaj. Además, según Sargis, los azeríes tenían toda la información sobre la ubicación de los sistemas de defensa.

Turquía ayudó mucho a Azerbaiyán, con su apoyo político y militar incondicional. También surgieron rumores sobre la presencia de soldados turcos, yihadistas sirios y mercenarios en el bando azerí. «Yo mismo no los vi, pero identifiqué las posiciones en los videos que se hicieron», subraya. Afirma que los primeros días de octubre se enfrentaron a contundentes ataques. Estos eran muy largos y provocaron que la tensión se adueñara de los soldados armenios. Se producían ataques de entre 200 y 1050 hombres. “Son muchos hombres», dice Sargis al respecto. «Me cambié de posición dos o tres veces y tuve que hacer de todo», subraya. Afirma entre sonrisas que anduvo en comunicaciones, su especialidad, durante un tiempo, pero que no terminó ahí.

Hablábamos mucho entre nosotros. Poníamos la radio todos los días, por la mañana y por la tarde. Empezamos a comprender que ocurría algo extraño, que todo estaba organizado. Todos se habían metido en la guerra: las autoridades rusas, turcas etc. También quedó claro el apoyo de Israel o Pakistán a Azerbaiyán, la participación de los terroristas…Debatimos en numerosas ocasiones sobre la situación y su desarrollo. Teníamos claro que combatiríamos hasta el final. Pasara lo que pasara. Quería tener el móvil disponible, porqué la situación era volátil. Pero no teníamos internet. – Sargis Melik-Shajnazaryan

Hoy en día, miles de personas alrededor del planeta piensan erróneamente que la guerra es una especie de Call of Duty, donde vas corriendo con fusiles de asalto con visores y láseres y disparas a tus objetivos. Sin embargo, tal y como relata Sargis, la realidad es bien distinta. Afirma que vivían días muy diferentes. Con una calida sonrisa, recuerda que en una ocasión les dijeron que se levantaran y se escondieran en los arboles a las doce de la noche. «Llegó un dron a efectuar un reconocimiento del lugar. Pero al final se perdió», relata. «Algunos días podíamos dormir, pero otros días nos sentíamos inseguros», concluye. También relata que la alimentación era un lujo al principio, durante los primeros días de la guerra. «Los primeros dos tres días no comí nada. Después, sin embargo, no tuvimos problemas con la comida».

No puedo decir que tuviera un gran miedo hacia los drones u otras cosas. Sin embargo, sí que tenía miedo a perder mis compañeros, a que fuéramos capturados por las unidades azeríes. Vi muchos videos donde aparecían escenas brutales de asesinatos de soldados, gente mayor etc. por parte de los azerbaiyanos. Hay muchos casos de esos. Es la guerra, y comprendía que me podía pasar algo. La artillería, los drones, los misiles… la guerra fue muy contemporánea y creo que las fuerzas defensivas de Artsaj no estaban preparadas para esta guerra. – Sargis Melik-Shajnazaryan

Sargis no vio directamente a ningún soldado azerí. «En mi caso los veía muy lejos» relata, pero subraya que si vio drones y misiles cada día y sufrió su impacto. Mediante la radio tuvieron conocimiento de que los azeríes habían conseguido entrar y establecerse en el sur de Artsaj y también recibían información sobre la evolución de la guerra. También supieron de los movimientos políticos que se estaban produciendo tanto a nivel nacional como internacional. «Muchos de mis compañeros pensaban que Rusia entraría en el conflicto. Yo pensaba que todo esto estaba muy bien organizado y que Rusia utilizaría las fuerzas de paz. Sin embargo, no pensaba que las fuerzas de defensa de Artsaj perderían tantos territorios en el sur», concluye.

Unidad de artillería armenia destruida (2020). Fuente: Pablo González.
Unidad de artillería armenia destruida (2020). Fuente: Pablo González.

LA VUELTA A CASA

A Sargis se le informó del fin de la guerra durante la noche. «Me despertaron a la una de la madrugada. Recuerdo que me dijeron que la guerra había terminado. No fue una sorpresa. Las autoridades rusas tienen mucha influencia en la región y creo que todo estaba planificado», relata. Le comunicaron que en dos tres días tendría la oportunidad de visitar a sus familiares, y al final fue a Ereván a ver a su madre, que logró salir de Stepanakert. «Después del fin de la guerra no podía estar tranquilo. Sentí que las autoridades armenias nos habían traicionado», subraya, y añade que «no podía comprender que las aldeas de mis padres fueran ocupadas por los azeríes». Con voz triste narra que todos los días veía el mapa con las nuevas fronteras, y que comprendió que se trataba de «una traición planificada«.

Las autoridades armenias traicionaron a la República de Artsaj y a Armenia. Los armenios somos una etnia. Ahora tenemos problemas con las nuevas fronteras y las nuevas posiciones de los azeríes. En algunos lugares están muy cerca. La traición fue planificada junto al Kremlin. Armenia compraba armas a Rusia, pero Rusia también proporcionó armas a Azerbaiyán, y estos, además, recibieron el apoyo de los turcos, de los israelíes, de los paquistaníes… – Sargis Melik-Shajnazaryan

El joven soldado cuenta que, a día de hoy, poco a poco están volviendo a la normalidad, pero que la tranquilidad no ha vuelto todavía. «Los habitantes saben, por ejemplo, que en la ciudad de Shushi están los azeríes y esto produce enfado, tristeza y miedo». Sargis cree que la guerra puede empezar de nuevo y que dependerá de «Armenia, de Azerbaiyán, de la situación en Oriente Medio y de la posición en el tablero geopolítico de Rusia, Turquía, Estados Unidos, Europa y otros participantes en la guerra y de la situación política internacional». También lanza el siguiente mensaje, un mensaje que, a día de hoy, defienden muchos: «Tenemos que ganar a nuestros enemigos internos, las autoridades armenias actuales. Son nuestros primeros enemigos».

Duermo bien. A veces tengo sueños sobre la guerra, pero, en general, no me preocupa tanto el pasado, me preocupa más el futuro. La pregunta que me quita el sueño es, ¿qué pasará en el futuro, dentro de dos, tres, cinco años? – Sargis Melik-Shajnazaryan

Daños estructurales provocados por un bombardeo azerí (2020). Fuente: Pablo González.
Daños estructurales provocados por un bombardeo azerí (2020). Fuente: Pablo González.

DERROTA, TRISTEZA Y SENTIMIENTO DE TRAICIÓN

Sargis sobrevivió a la guerra. Otros no tuvieron la misma suerte. Cientos de jóvenes armenios han perdido la vida a causa de la guerra de 2020, una guerra devastadora que ha tenido un final trágico: los armenios han perdido la mayoría de los territorios que consiguieron en la guerra de los 90, y a día de hoy, la República de Artsaj está completamente rodeada por los azeríes. Fueron movilizados por unas autoridades que les pidieron el máximo sacrificio, que dieran su vida por su patria y sus conciudadanos. Muchos, sin pestañear, se lanzaron al campo de batalla para frenar la ofensiva azerí, salvaguardar su territorio, y en última estancia, proteger a sus seres queridos. Sin embargo, el sentimiento de traición hace mella en muchos supervivientes y victimas. Critican que han sido abandonados por unas autoridades que tienen el deber de protegerlos.

A día de hoy, la situación es muy volátil dentro de Armenia y la relación entre el país y Azerbaiyán sigue siendo convulsa. Como es bien sabido, la historia tiende a repetirse en los lugares donde no se solucionan los problemas de fondo. Los azerbaiyanos, triunfantes, hacen gala de su victoria. Una victoria que fue posible gracias a la ayuda proporcionada por países como Turquía e Israel. El futuro no luce bien para los habitantes de la República de Artsaj ni para los que han sido expulsados de sus hogares y sus tierras.

Eulixe

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