Adrián Lardiez es periodista y trabaja como corresponsal político en ElPlural.com. Tiene un máster en Ciencia Política y lleva años estudiando el fenómeno populista en la política internacional.

El periodista estrena estos días ‘La seducción de la extrema derecha‘, un ensayo divulgativo que intenta explicar la psicología del votante de partidos ultras y responder a una pregunta: ¿cómo es posible que personas diversas, de toda condición, voten a formaciones con postulados que van en contra de sus propios intereses?

Hablamos con él para que nos exponga cuál ha sido el proceso de escritura, qué espera de él, de la información al servicio de la intolerancia, de  obreros liberales y de detener el avance ultra.

‘La seducción de la extrema derecha’ es un título más que sugerente para un libro, ¿qué es lo que cuenta en él?

-El libro es un ensayo sobre el comportamiento electoral y la psicología que subyace al voto populista ultra. Básicamente trato de responder a la pregunta de cómo un ciudadano acaba votando a partidos de extrema derecha y por qué se adhiere a fenómenos ultras. Es abordar el populismo desde la psicología social. A mi juicio no hay 75 millones de fascistas que votan por Trump en Estados Unidos. Hay muchos, pero muchos, que seguramente sean machistas, racistas… Pero no creo que todos sus votantes lo sean. El objetivo de este trabajo de investigación es dar una explicación a eso. Hay muchas variables que afectan al voto. Los estudios coinciden que hay tres asuntos que son los que determinan en mayor medida el voto: la identidad colectiva, los issues (temas de campaña) y el candidato. En el libro utiliza esta base para explicar la eficacia de los fenómenos ultraderechistas: ¿Cómo es posible que ganen tantos adeptos? Lo vemos en profundidad en el libro.

¿Cómo va el crowdfunding para sacar su libro adelante? ¿El formato elegido para la publicación es este porque ha encontrado negativas de editoriales por el tema elegido?

Por el momento la campaña va bien, aunque ya sabes que este tipo de cosas siempre generan estrés y ansiedad al principio. Hasta que no vea el 100% del objetivo cumplido no estaré tranquilo. He elegido este formato por dos motivos principales. El primero es que sé que es un tema espinoso y que genera conflicto. Hay gente que con solo escuchar el título del libro casi que te cuelga el teléfono. Entonces, decidí que quería poder controlar los mensajes de campaña para que no se desvirtúe ni un ápice mi tesis. Las grandes editoriales lanzan sus propias campañas y libros.com me permite estar encima y decidir sobre la misma.

El segundo motivo, y casi el más importante, es que mi libro no se toca. No quiero que se cambie ni una coma. Cada palabra y cada concepto está escogido con precisión casi quirúrgica. Al ser un tema tan complejo, con tanta ciencia y tanta historia académica, cada palabra viene cargada ideológica y conceptualmente. Por eso quiero que se respete y preserve el texto original. No sé cómo sería este proceso con grandes editoriales con según qué intereses…

Adrián Lainez

Decía Tom Clancy, conocido por sus novelas de espionaje e inteligencia militar, que “si puedes controlar la información, puede controlar a la gente”, ¿ha sido esa la clave del crecimiento de la extrema derecha en nuestro tiempo?

Creo que la actual situación de los medios de comunicación introduce matices en esa frase. La base sigue siendo real. La información es poder. Pero creo que la era digital y el surgimiento de un sinfín de medios así como una mayor accesibilidad a la información ha provocado que los periodistas o la prensa tengamos tanto poder como antes. Soy de los que piensa que, a día de hoy, los medios señalamos los temas sobre los que debatir, pero la influencia sobre qué pensar es más limitada. La gente elige ya las noticias a la carta. Lee y cree lo que quiere leer y lo que quiere creer.

Desde luego que la información y su enfoque ha influido en el auge de la extrema derecha. Pero no es lo único. Hay muchas variables que han generado este resultado: crisis económica, administraciones incapaces de dar respuesta a demandas ciudadanas, nostalgia de según qué épocas… Son muchas cosas. En el libro abordamos esto desde la perspectiva de la psicología, por eso creo que es un trabajo innovador e importante, porque no es una arista aún por explorar

¿Cómo es posible que la ciudadanía vote a formaciones con postulados que van en contra de sus propios intereses? ¿Hemos llegado al culmen del obrero liberal?

Creo que el trabajo de teorización y el proceso de identificación de Marx aún no ha calado en la sociedad, eso es un hecho. Un obrero liberal, bajo el punto de vista aún marxista, es algo… casi contra natura. Claro que hemos llegado al culmen. El capitalismo liberal salvaje es hegemónico. Es sentido común. El reto que tiene la izquierda es abrumador.

Con respecto a la primera, es precisamente lo que trato de responder en el libro. Así que sin hacer mucho spoiler, te diré que hay variables psicosociales que determinan el voto y estas, en muchas ocasiones, son casi automáticas. Son necesidades vitales. Pero todo es cuestión de perspectiva, percepción y emociones, y es ahí donde la izquierda debe trabajar. Si la izquierda entiende por qué hay gente que, contra sus intereses, se adhiere a fenómenos ultras, podrían revertirlo.

¿Considera que la estrategia política de la extrema derecha ha barrido a las diferentes y diversas políticas de izquierda?

La estrategia de las derechas gana en el momento en que las izquierdas dejan de prestar batalla. Eso es lo más peligroso. Cuando estos partidos o estos personajes intentan introducir un debate sobre, por ejemplo, la violencia de género, la respuesta debe ser contundente: no hay debate. La violencia de género existe, y negarlo es una barbarie. Tenemos razón. La izquierda sabe que tiene razón, pero siempre hemos perdido desde esas posiciones moralistas. Hay que bajar al terreno y mancharse las manos. Es hora de cambiar de estrategia y el primer paso no es criminalizar al “obrero tonto que vota a las derechas”, sino comprender por qué lo hace.

¿Estamos a tiempo de cambiar la tendencia para cortar el crecimiento de políticas ultras?

Y aunque no estuviéramos a tiempo, habría que intentarlo. Creo que es un momento delicado. Creo que el riesgo ya no es la irrupción de movimientos populistas ultraderechistas, sino que estos ya están aquí y están cristalizando en identidades sociales asentadas. Ese es el riesgo, la nueva identidad social. Porque es mucho más poderosa y difícil de destruir.

¿Qué espera conseguir con su libro?

Plantear una reflexión bidireccional. Por un lado, quiero que la gente reflexione por qué vota lo que vota. Por otro, que la izquierda se replanteé su estrategia. Es obvio que repartir carnets de pureza ideológica no funciona. Pero sobre todo, para contribuir al debate desde una perspectiva novedosa, que se suele dejar al margen: la psicología y los componentes intrapsíquicos.