Prometeo ha sido encadenado con unas cadenas invisibles pero más fuertes y duras que nunca

Raimundo Cuesta (Santander, 1951) acaba de publicar “Verdades sospechosas: Religión, historia y capitalismo” (1), a mi juicio uno de los ensayos más relevantes de esta década (en el campo de la política, sociología, religión, etc.) que, partiendo de “los gigantes” que derribaron las columnas que sostenían la civilización occidental, nos explica los pasos que se dieron -dentro de nuevos marcos referenciales- para volver a diseñar un nuevo “manantial conceptual” del que bebemos hasta ahora. Asimismo, nos muestra la “actual geografía” de este mundo que, gracias a sus creadores-demoledores, se encuentra en un continuo proceso de construcción-destrucción. Raimundo Cuesta, Premio Nacional a la Innovación Educativa, nos ofrece “un texto” (profundo, claro y entretenido, cualidades que ambos admiramos de los antiguos griegos) que supone una guía extraordinaria para entender las consecuencias del vendaval que supusieron Marx, Freud y Nietzsche, “entre otros monstruos” que no dejaron piedra sobre piedra en la arquitectura sagrada que heredamos de nuestros antepasados, incluso desde hace milenios. Todo pasado es digno de ser cuestionado y censurado, como diría Nietzsche en su ensayo “Las Tres Caras de Clío”. Raimundo Cuesta (2) sigue la línea nietzscheana de la “Historia Crítica”, que es aquella que “trata de ajustar cuentas con el pasado y poner cada cosa en su sitio”. Su trabajo explora y analiza con rigor académico – y la sabiduría acumulada en décadas de estudio y reflexión- las circunstancias que nos moldearon a través de los siglos, y nos ofrece las claves para entender las preguntas que consultábamos al Oráculo de Delfos: ¿Quiénes somos? ¿Por qué somos lo que somos? y ¿De dónde venimos? La cuarta ¿Hacia dónde vamos? Sigue sin respuesta ya que, al decir de Raimundo Cuesta, ahora navegamos en un planeta de destino incierto.

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Por Javier Cortines

1.P. Al hablar del filósofo alemán Ernst Bloch (1885-1977), nos recuerdas que nuestro autor -ya nonagenario- fue invitado a dar una serie de conferencias a España, pero que suspendieron su viaje en protesta contra las últimas penas de muerte firmadas por Franco en 1975 ¿Qué supuso esa ejecución en nuestro país? ¿Cómo reaccionó Europa ante ese asesinato a sangre fría? 

R. Con motivo de la muerte de Bloch en 1977, parte de la prensa española se hacía eco de su renuncia a venir a España como gesto de rechazo por el fusilamiento el 27 de septiembre de 1975 de tres militantes del FRAP y dos de ETA. Fueron las últimas penas de muerte (en 1974 se había matado mediante garrote vil al joven anarquista Salvador Puig Antich) firmadas por Franco y las últimas en la historia de nuestro país, que ya prohíbe expresamente tal castigo desde la Constitución de 1978. La actitud de Bloch no fue una excepción. Se sucedieron las protestas dentro y fuera de España. Fueron especialmente señaladas en el País Vasco porque las ejecuciones vinieron acompañadas de la proclamación del estado de excepción en Vizcaya y Guipúzcoa y una masiva huelga general de varias jornadas. En el resto de España se produjeron también muchas manifestaciones pero de menor intensidad. Destacó la indignación internacional desde sectores muy diversos: el papa Pablo VI, Olof Palme, el presidente de México, La Comunidad Económica Europea, etc. Recuerdo que en esos días, terminado mi servicio militar obligatorio en tierras vascas, me encontraba en Salamanca a punto de hacerme profesor de historia. Me vienen a la memoria imágenes de protesta contra las embajadas españolas, especialmente virulenta fue la quema de la embajada de Lisboa. El régimen intentó reaccionar con una masiva concentración en la Plaza de Oriente alzando la imagen esperpéntica de un caudillo decrépito e irremediablemente enfermo, flanqueado por su sucesor Juan Carlos de Borbón.

“En fin, el régimen terminó como empezó manchando sus manos con sangre. Desgraciadamente esos hechos reforzaron un estereotipo de España como dictadura por los siglos de los siglos. Esas imágenes han sido fatales para la percepción de España como Estado, incluso en la época actual en la que existe un régimen liberal democrático, todavía subsiste, en amplios sectores de opinión europea, ese prejuicio de una España franquista sin remedio”.

2.P. Dices que en España, recién pasada la peste de la dictadura franquista, el declive del pensamiento marxista (hegemónico en los años sesenta en lugares como Francia) tardó más en manifestarse que en otros países europeos ¿Qué factores ralentizaron ese proceso? 

R. Hay dos hechos diferenciales que lo explican. Uno que se proyecta en la larga duración y que todavía está parcialmente vigente, a saber, que las corrientes de renovación del pensamiento occidental han llegado a España con algunas décadas de retraso. Esa especie de anomalía estructural española (que hoy se ha ido parciamente diluyendo) se refuerza como consecuencia del aislamiento superlativo que conllevó la persistencia de la dictadura franquista entre 1939 y 1975. No obstante, en pleno franquismo obras como las del filósofo Manuel Sacristán o como las del historiador Josep Fontana indican que, a pesar de los pesares, sobre todo desde los años sesenta, se abren nuevas ventanas por las que corren aires marxistas renovados. Ocurre, sin embargo, que el marxismo español del tardofranquismo estuvo totalmente envuelto en las luchas políticas contra la dictadura y estas prosiguieron hasta la muerte de Franco e incluso en la Transición. Al terminar mis estudios de Filosofía y Letras en 1973 el marxismo era el paradigma de pensamiento alternativo en la universidad española y eso prosiguió todavía durante algunos años (hoy ya no). En Francia, por ejemplo, la hegemonía intelectual marxista ya estaba en declive antes del término de la Guerra de Vietnam (1975). Al respecto, el caso de Michel Foucault resulta muy sintomático: quien había sido miembro del Partido Comunista francés en los años cincuenta deviene en defensor de causas como la del ayatolá Jomeini y la revolución islámica de 1979 en Irán. En otro orden decosas, entre nuestros vecinos del Norte, ocurrió la deriva de los “nuevos filósofos” en la década de los setenta, que anuncia y adelanta el profundo giro conservador y neoliberal de los años ochenta. Todos esos cambios siempre irán llegando a España con algún retraso.

3.P. Cuando abordas el diálogo entre marxistas y cristianos analizas la figura del sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (quien el próximo 20 de enero cumple 95 años). ¿Qué supuso y supone en América Latina la Teología de la Liberación como palanca y sostén de los movimientos revolucionarios? 

R. En mi libro Verdades sospechosas… hago un esfuerzo por comprender históricamente la relación entre la tradición del mensaje cristiano de tipo revolucionario (basado en una interpretación apocalíptica de los textos bíblicos) y el marxismo. Aunque no dejó de haber algunas aportaciones tempranas como algunas consideraciones sobre Jesús y el cristianismo a cargo de K. Kautski e incluso de F. Engels, lo cierto es que el “diálogo” entre ambos continentes ideológicos no se abrió hasta los años sesenta del siglo anterior y tuvo como premisa, por un lado, el Concilio Vaticano II y, por otro, la desestalinización en la URSS. Viví aquellos años en Santander, ciudad en la que los católicos “aggiornados” gozaban de una presencia cualitativa notable (tuve un excelente profesor de Griego, Eduardo Obregón, perteneciente a esta familia de pensamiento) con los que siempre mantuve una distancia respetuosa. En 1968, año muy especial, empecé mis estudios en la Universidad de Salamanca y, ya fuera totalmente del influjo del cristianismo, empecé mi autoformación marxista.

Ernesto Cardenal y la teología de la liberación, como explico en mi libro, hunden sus raíces en la nueva teología política que emerge en los años sesenta rompiendo bruscamente con la teología dogmática conservadora. Desde los años setenta, y tras el rastro de la revolución cubana de 1959, algunos cristianos apuestan por un cristianismo de liberación lo que lleva a poner el acento del mensaje cristiano en la salvación terrenal y la lucha por el socialismo al lado de los oprimidos.

Este movimiento, tan importante en países como Brasil, hoy cuenta con la oposición y competencia expansiva de un cristianismo evangélico reaccionario y de acusada impregnación neoliberal.

Si bien se mira, creo que lo importante no es proclamarse “cristiano” o “marxista” sino situarse ante los problemas sociales de nuestro mundo. Yo no soy “cristiano” ni tampoco podría confesar mi fe “marxista”, por más que mi formación intelectual deba mucho a Marx y algunos de sus seguidores.

4.P. Tras explicar las revoluciones y guerras que hubo entre 1917 y 1989 (la caída del Muro de Berlín) señalas que “la derrota del socialismo realmente existente condujo a Occidente a una pérdida de confianza en las utopías sociopolíticas y al derrumbe de las promesas mesiánicas de un mundo mejor” ¿Qué lecciones podemos extraer de esa hecatombe? 

R. En el verano de 1989, poco antes de la caída del muro, viajé como turista a Praga y el espectáculo del socialismo real me resultó más que deprimente. Ya se veía venir el terremoto que iba a sacudir al socialismo exportado por la URSS a sus vecinos. En mi libro describo cómo Ernst Bloch, el filósofo marxista de la esperanza utópica, contratado por la Universidad de Leipzig en 1948, acabará sus días de profesor en una universidad de la República Federal Alemana.

“Si bien se mira, no deja de ser  una paradoja sintomática que lo mejor del marxismo en occidente se produjera fuera del ámbito de la influencia soviética”.

En fin, de la historia no se suelen extraer demasiadas lecciones, más bien sirven para ver, una y otra vez, cómo tropezamos en la misma piedra. A la vista está el posfascismo que hoy exhiben algunos partidos ultraderechistas en una Europa que vivió el “siglo de las catástrofes”. A pesar de todo, Verdades sospechosas…es un alegato contra el dogmatismo y la credulidad, dos virus que siempre andan rondando en torno a las criaturas a la espera de una oportunidad.

5. P. En el capítulo tercero de tu ensayo “Pasar el cepillo de la historia a la tradición heredada”, hablas del expolio territorial y la masacre que sufrieron los palestinos a raíz de la fundación del Estado de Israel en 1948. De las consecuencias de ese funesto episodio ya nosadvirtió Günter Grass, quien tuvo que “autoexiliarse” para “no ser lapidado en casa”. Parece que cuando matamos a un monstruo, otro (u otros) se preparan para salir de la cueva ¿Cómo es posible que las víctimas del Holocausto se transformaran tan rápidamente en verdugos?

R. En realidad, el Estado de Israel nace y se expande con motivo de un “expolio territorial”, al principio amparado en la decisión de la ONU y luego sin autorización ni legitimidad de ninguna clase.

“En cualquier caso, también explico en mi libro que ese proceso de metamorfosis de víctimas en verdugos es una realidad compleja y llena de matices. La falta de tales matices alimenta un nuevo antisemitismo de izquierdas con el que no estoy nada de acuerdo”.

La memoria del Holocausto en Israel no es cosa sencilla. Los occidentales vieron en la creación del Estado de Israel una compensación por el horror exterminador sufrido (de difícil comparación por su cálculo y sistematicidad). En los primeros años de ese Estado no se puso el acento en el pasado de derrota sino en la idea de un victorioso presente y un futuro de potencia imbatible. Al principio, no era de buen tono recordar el pasado de un pueblo judío sometido al Holocausto hasta que, tras el juicio de Eichman, se empezó a ver el rédito político de convertir la Soáh (la catástrofe) en una nueva religión política en versión conservadora. Todo cuadra para que, como dice el historiador Enzo Traverso hoy la “cuestión judía” se haya convertido en “cuestión palestina”.

“En todo caso, reclamo la defensa de las reivindicaciones del pueblo palestino expulsado de sus tierras al tiempo que pido prudencia para no asemejar fenómenos históricos no comparables. Ni antisemitismo ni islamofobia.” 

6.P. ¿Fue la construcción de Jesús de Nazaret un ejemplo de “Fake News” con mayúsculas? 

R. Solo a título retórico utilizo ese término inglés. La cuestión posee una dimensión de mucho más calado. En mi libro sostengo que la crítica de la religión no debe ejercerse al estilo de esos ateos que todo lo consideran como un “engaño de curas”, a menudo como una mentira premeditada y manejada como se manipulan los hilos de una marioneta. Nada más lejos de mí que la visión paranoica de la historia (son muy abundantes los seres humanos que ven el mundo como el devenir de una mano invisible, en vez de comprender que el mundo es una totalidad tendencialmente caótica y sin una clara razón de ser).

Sobre la “construcción de Jesús de Nazaret” mantengo, con autores, como Gonzalo Puente Ojea, Fernando Bermejo Rubio y otros grandes especialistas en el tema, que una cosa es negar que Jesús de Nazaret fuera Dios (o sea, Jesucristo) y otra muy distinta defender la inexistencia histórica de Jeshúa (el hijo de José). Estoy muy cerca de aquellos que sostienen, pese a la dificultad de contar con fuentes irrebatibles en uno u otro sentido, que existió un Jesús histórico. A menudo, algunos historiadores y comentaristas bíblicos mantienen la tesis contraria: la inexistencia real de tal sujeto. Esta corriente llamada “mitista” asemeja Jesús de Nazaret a un mito. Los cristianos, por el contrario, siguiendo la senda de Pablo de Tarso, se suman a la idea de la divinidad del tal Jesús. En realidad, para mí la cuestión fundamental, como ya entreviera el líder socialdemócrata K. Kautski, reside en la lucha por la “imagen de Jesús”, que ha sido objeto de una larga querella política y teológica. Una auténtica batalla conceptual.

“En mi libro apuesto por la visión constructivista. En esa línea, la cuestión sería cómo, en un determinado contexto histórico, se produce la metamorfosis del Jesús histórico en Jesucristo (“cristo”, el “ungido”) y cómo de esa alquimia nace una religión que poco tenía que ver con el Jesús judío pero que se extenderá de manera sorprendente y alcanzará hoy a más de dos mil millones de fieles”.

7.P. Dices que el cristianismo pasó de las catacumbas a los palacios y de credo perseguido, a perseguidor del pensamiento ajeno ¿Se puede decir que la Iglesia se ha suavizado con el Papa Francisco y que la jauría se ha desatado, especialmente contra las mujeres, en los territorios de la Media Luna, donde Alá ha ocupado la vacante del Dios occidental, que se ha visto obligado a contemporizar en sus zonas de influencia? ¿No te parece “una aberración ideológica” que ciertas izquierdas apoyen dictaduras religiosas como las de Irán por el hecho de que Teherán y Washington se lleven mal? 

R. Sí, en efecto, así fue. El viaje de las catacumbas a los palacios fue un proceso prodigioso en el que se hermanan, además de otros muchos factores, la combinación entre el legado de pensamiento judío y el helénico. Así como un personaje judío arrancado de la tradición profética y mesiánica deviene en hijo de Dios dentro de una inextricable trinidad de figuras. La desjudaización y despolitización de Jesús de Nazaret, gracias al neoplatonismo, da como fruto el Jesucristo cristiano involuntario e impremeditado jefe de una iglesia inicialmente minúscula que luego se hace enorme y universal. Explico sucintamente la manera mediante la cual la comunidad primitiva medio tolerada acaba siendo religión oficial del Imperio romano y luego religión católica que se expande desde Europa por todo el mundo.

La Iglesia en el curso de su larga historia ha experimentado modificaciones importantes. Doctrinalmente entre los católicos de hoy los puntos de referencia son el itinerario doctrinal que va del Concilio de Trento en el siglo XVI al Concilio Vaticano II (1962-1965). Este último, convocado por Juan XXIII, removió la teología tradicional y abrió nuevas puertas, que pronto algunos sucesores del papa Juan, fueron cerrando especialmente en los tiempos de los pontífices Wojtyla y de Ratzinger. Actualmente la era de Francisco está por valorar aunque su apertura es más bien tímida y siempre siguiendo la pauta de pervivencia: en la Iglesia caben todos (desde la Teología liberal hasta la reaccionaria). En fin, ya se sabe, se puede “autorizar” que Franco salga del Valle de los Caídos, pero ‘¡cuidado!, no vaya a ser que…

“Esos apoyos de cierta izquierda a cualquier competidor de Estados Unidos es un infantilismo heredado de la Guerra Fría. Es la contraparte de esa ridícula imagen del “eje del mal”. Hay algunos despistados que todavía piensan que Rusia es la URSS o que China es un gran país comunista. La fe mueve montañas…Poca comprensión me merecen quienes apoyan a regímenes teocráticos.”

8. P. Volviendo a E. Bloch, subrayas que el filósofo consideraba que Prometeo es, sobre todo, el dios encerrado en el hombre, alguien que transporta la esperanza y se rebela contra los mandatos del amo. ¿Cómo está el Prometeo del siglo XXI? ¿Encadenado, con las águilas del “totalcapitalismo” devorándole las entrañas, o entregando un nuevo “fuego sagrado” a los que creen que nuestro dios interior todavía puede dar muchas sorpresas? ¿Acaso la decepción te “ha arrancado la fe” y ya sólo crees en lo que te ha enseñado la vida? ¿Es posible lograr un maridaje entre el ideal y la condición humana, o son un oxímoron?

R. Conocí por primera vez la filosofía de Bloch, más bien por encima, siendo estudiante. Cuando ya era profesor de historia, profundicé en su pensamiento y quedé muy impresionado por ese “marxismo cálido” de quien fue llamado el Shelling marxista. En España se tradujo su obra magna (Principio esperanza) en 1977. Es, pues, un filósofo que llega, excepto para quienes lo habían leído en lengua alemana, en plena transición española. Esa esperanza era necesaria para romper con la dictadura. Su obra, como digo, me dejó huella y ahora en Verdades sospechosas…repaso sus virtualidades en nuestro tiempo, que son otras muy distintas a las de ayer. Fue la reflexión filosófica de un tiempo en el que la revolución era una expectativa plausible (un tiempo que empieza en 1917 cuando él era un joven insumiso contra la guerra). Hoy, como dices, Prometeo ha sido encadenado con unas cadenas invisibles pero más fuertes y duras que nunca.

No creo que nadie me haya  arrancado la fe, “aunque sí entiendo la vida cada vez más como un aprendizaje de la decepción”, lo que me lleva a ser modesto acerca de las posibilidades de cambio en profundidad y de repente de los seres humanos, desconfiando de los que prometen un ‘hombre nuevo’ en la tierra o en el cielo.

“Respondo a tu última observación con la cita de Dickens (Historia de dos ciudades) que encabeza mi libro: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad: la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la presente… “

El mismo vivir, creo, es un oxímorom, somos bípedos irremediablemente contradictorios, capaces de lo mejor y de lo peor, de la crítica de las verdades admitidas y de la sumisión crédula a los dogmas que nos rodean.

-1- La presentación del libro, por primera vez en España, tendrá lugar el próximo miércoles, 11 de diciembre, a las siete de la tarde, en La Librería Santos Ochoa de Salamanca (Gran Vía, 12). La obra está a la venta desde el pasado 26 de noviembre y se puede adquirir -de momento- en la mencionada librería, a través de Ediciones Visión Libros, sello con el que ha publicado Raimundo Cuesta su último ensayo, El Corte Inglés y Amazon.

-2- Raimundo Cuesta, doctor en historia con premio extraordinario, es co-fundador de las plataformas de pensamiento crítico Cronos y Fedicaria, que han tenido una marcada influencia en las últimas tres décadas en España y América Latina, en el campo de la educación y las Ciencias Sociales: Para saber más de nuestro autor pinchar en este enlace: Nebraskaria.

Nota: Para acceder a una vista previa del libro pinchar en este enlace Verdades Sospechosas

 

 

 

 

 

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".