En los nuevos tiempos, donde ya no existe una visión unipolar del mundo, comprender los sucesos en el tablero se vuelve incluso algo complejo. Sobre todo, también por la falta de información, por deferencia o por intereses, sobre lo que acontece. Bajo este aguacero y vacío, no existencial, pero sí de un clima que favorezca a la hermenéutica y entendimiento de la realidad son pocas las personas con las que uno puede contar. Por suerte, hemos podido tener la experiencia y las didácticas explicaciones de Aníbal Garzón, docente, sociólogo y analista político. Él con una paleta de colores, sobre fondo negro y matices grises, ha podido esbozarnos, con todo el repertorio cromático, lo que ocurre a nivel internacional, sobre todo en conexión con la realidad latente y el futuro de América Latina.

 

  • A principios de siglo, en América Latina, se dio el fenómeno del crecimiento, e incluso, instauración de gobiernos progresistas. Con el paso del tiempo la reacción se ha ido recrudeciendo, dando pie a golpes de estado, Lawfare y todo tipo de estratagemas. ¿Esto demuestra la imposibilidad del progresismo en la sociedad actual latinoamericana? ¿Podría darse la oportunidad de que estos países pudieran conseguir una soberanía real?

Existieron distintos niveles de progresismo. En algunos casos se querían traer ligeros cambios, pero sin tocar la estructura ya existente, como es el caso del Mercosur, con Brasil y Argentina. Y luego había algunas mucho más progresistas que se encuentran en el proyecto de el Alba, fundado por Venezuela y Cuba en 2004. Este proyecto era mucho más rupturista. De esta diferenciación que hago yo extraigo la respuesta en cuanto a la posibilidad del progresismo actualmente. Aquí pueden apreciarse, claramente, distintas tendencias. Por un lado, se intentan hacer cambios con instituciones ya creadas, que podemos decir que es el reformismo histórico, es muy difícil llevarlo a cabo, porque se juega dentro de las estructuras existentes y de la oposición. Aquí es claro el ejemplo de Argentina o Brasil, donde no se llevó a cabo un cambio gran escala. Si es cierto que se llevaron a cabo políticas sociales, algunas políticas internacionales, pero finalmente desde las mismas estructuras de la élite económica y política. Esto con facilidad permitió que la oposición diera la vuelta, porque controlan medios de información, aparatos productivos, etc. Esto deja latente que si no haces cambios estructurales pueden boicotear el proyecto de forma sencilla. Hay otros, como Ecuador o Bolivia, que han tratado de hacer algunos pequeños cambios internos. Allí lo que ocurrió es que se trataron de hacer reformas estructurales, como puede ser el caso de una nueva Constitución, pero sin romper con la burguesía. Es decir, que a pesar de que se dan cambios, siguen existiendo estructuras muy importantes a nivel histórico del país, como pueden ser el ejército o la policía. No se da un cambio fuerte en el fondo del estado, así que las leyes, al poder ser interpretadas de un modo o de otro, pueden ir en contra. Esto se puede ver por ejemplo en el golpe de estado en Bolivia, donde incluso ha existido un apoyo institucional, de policías y jueces, que en su momento decían que sí a Evo, pero luego han apoyado el golpe de estado. En el caso de Ecuador ocurrió algo muy parecido, pero en vez de un golpe hubo una modificación interna de un proyecto neoliberal, que gente del mismo partido de Correa dio un golpe legal, utilizando estrategias de Lawfare, para sacarlo del poder. Un más allá lo que tenemos es Venezuela, donde si que se han hecho reformas más a fondo y que si, que a pesar de que es el país que sufre más ataques del imperio norteamericano, juntamente con Cuba, ha resistido. Por lo tanto, si no ha resistido Brasil o Argentina teniendo un proceso muy débil de modificación, si no ha resistido Ecuador y Bolivia, que fueron un poco más allá, pero si que ha resistido Venezuela, donde vemos claramente esa reforma en estructuras del poder del estado… En Venezuela, a pesar de haberse realizado distintos intentos de golpes de Estado, se han podido paralizar porque los militares han estado apoyando al gobierno de Chávez y luego de Maduro. Es un proceso que ha ido más allá. No fue una revolución armada pero sí que ha habido cambios estructurales muy potentes en el país. El caso de Nicaragua es similar, pero con un contexto distinto, porque hubo una revolución armada en los 80’ y el hecho de vencer electoralmente en 2006 han podido realizar cambios porque vienen de un proyecto previo sandinista. Por lo tanto, el progresismo tiene, dentro de este contexto, la posibilidad de cambio siempre y cuando estos sean de fondo, donde se consiga la máxima soberanía. De no ser así se le está dando es vía abierta a la derecha y a la burguesía, porque mantiene sus instituciones de poder. Y para terminar la respuesta, en definitiva, lo que se necesita es el control de los medios de producción, el ejército, los medios de comunicación y el control de la corrupción que ostentan los poderes previos.

 

  • ¿Qué factores son los que influyen y provocan estos casos de injerencia en América Latina? ¿Son los intereses energéticos, la mano de obra, la ideología…?

A través de un análisis histórico quedan claros los intereses del imperialismo norteamericano en este tablero de ajedrez. Ya lo dijeron en la doctrina Monroe sobre 1825, además del corolario Roosevelt a principios del siglo XX, donde dejaron claro que América Latina es el patio trasero de Estados Unidos. Ellos sabían que, para crecer y hacer frente a Europa, en su momento, necesitaba extender su mercado. En el siglo XIX se había llevado a cabo un proceso de colonización en África por parte de Alemania, Francia, Inglaterra, que después fue parte del estallido de la Primera Guerra Mundial, pero Estados Unidos quedó fuera de ese reparto, por lo tanto, necesitaba mercado, necesitaba materia prima y aprovechó que América Latina llevaba poco tiempo siendo independiente, de algún modo. En este momento de conflictos y guerras llevó a cabo esos procesos de imperialismo inicial para comenzar a ser esa gran potencia mundial. Por lo tanto, en primer lugar, la injerencia fue por el tema económico, por el desarrollo. Robar al sur para potenciar al norte es parte de la teoría para intentar nivelarse y superar a otras regiones. Fue principalmente un tema muy economicista. Pero es sobre todo es en la segunda fase de la injerencia que sufre América Latina, que se da a partir de la segunda Guerra Mundial, donde se dieron movilizaciones contra los gobiernos títeres de Estados Unidos, contra gobiernos que no practicaban políticas en beneficio de las clases populares, por ejemplo, la de Guatemala en el 53’ que quería nacionalizar sus recursos, el proceso de Cuba en el 59’, y estando en medio de un guerra fría, que hizo que cualquier intento a favor de nacionalizar, sin ser comunista, pudiese ser una amenaza para los intereses de los Estados Unidos. De este modo en esta fase no se da solamente una injerencia de carácter economicista, si no también ideológica y de represión contra todo aquello que pudiese poner en peligro su capitalismo, ya que Estados Unidos en la segunda GM ganó la hegemonía mundial, fue el capitán de ese capitalismo, y se vio en la necesidad de reprimir cualquier proyecto que tuviese algo que ver con algo que ver con la dominación del norte sobre el sur o cualquier cosa que oliese a socialismo. Ahí entra en juego la conocida Operación Condor. Luego, a partir de la caída del muro de Berlín, Estados Unidos sigue implementando su injerencia y dominación, pero cambiando el militarismo por la tecnocracia, que permite implantar el modelo neoliberal, pero que al fin y al cabo siguen los mismos intereses de las mismas oligarquías, que defienden por sus intereses frente a todo aquello que es ligeramente crítico con la dominación y hegemonía de Estados Unidos. Ahora, actualmente a nivel geopolítico Estados Unidos está rivalizando con China o Rusia, que están teniendo muy buenas relaciones con América Latina, eso está restando relevancia a la potencia norteamericana, por lo que ahora está tratando, a través de esta injerencia, seguir dictando los designios de la región. Si antes eran golpes de Estado, ahora es el mercado y, en este sentido, América Latina es también una pieza clave en el tablero por su materia prima.

 

  • A pesar de esas vías distintas del progresismo, con la victoria de Alberto Fernández en Argentina, lo que puede ocurrir en próximas elecciones como las bolivianas, las movilizaciones en Chile o Ecuador, ¿puede volver a revertirse la situación? ¿Cómo se va a entretejer la región a corto y medio plazo?

El tema, como hablábamos antes, es que aún existiendo una victoria política no significa que se tenga una victoria económica. Se puede estar en el gobierno y no tenerse el poder. Es cierto que salió Macri y entró Alberto Fernández en un proyecto socialdemócrata, pero es un proyecto que no es revolucionario, si no que se trata de un capitalismo algo más “humanitario” que se intentan hacer con algunas políticas sociales. Pero también es cierto que Alberto Fernández con las instituciones superiores como el FMI o el Banco Mundial, acabarán apretando su economía y más en la situación de la pandemia. El tema de la deuda puede acabar afectando, ya entra con un currículum detrás de deudas, que debe tratar de sanear. Al fin y al cabo, esto acaba siendo el mismo capitalismo, pero donde entre izquierda y derecha no hay un excesivo movimiento. Otra cosa serían las reformas legales fuertes, esto acaban siendo tiritas para el virus del capitalismo, no soluciona el problema estructural de fondo. En cuanto a Bolivia, si entra el MAS, van a tener detrás la gran desestabilización que han dejado estos diez meses de golpe de Estado. Siempre y cuando si se les deja llegar, claro, porque no olvidemos que los golpistas van a intentar diversos mecanismos, junto a la OEA, para desestabilizar. Pero bueno, pongamos que gana el MAS. Ahora llevaría detrás estos últimos meses, y construir un proyecto puede tardar años o incluso décadas, aunque destruirlo se pueda hacer rápidamente. Por lo tanto, en estos modelos capitalistas multipartidistas, donde ahora entra la derecha y luego la izquierda, que puede hacer un buen proyecto de 4 o 8 años, pero que no de construir cuando te lo vuelven a tirar abajo. No se acaba solidificando un proyecto de cambio y modificación. Otro caso, fuera de estos parámetros por ejemplo está el proceso cubano, pero esto hoy en día es muy difícil en América Latina, por esa misma inestabilidad que hay en el continente con mayor desigualdad. Por lo tanto, lo de Alberto, lo de Bolivia, las movilizaciones, etc. ¿Qué puede pasar? Claro que puede llegar un gobierno de izquierdas, pero que finalmente serán gobiernos atados de pies y manos, por la deuda, el comercio internacional que funciona con la dolarización, que dificulta las importaciones y exportaciones. En consecuencia, a corto plazo, si los cambios son multipolares, izquierda y derecha, es muy complicado, pero si dentro de ese cambio electoral se acaba generando una estructura nueva, con nuevas instituciones, poder popular, entonces si que podría darse un cambio real. Si solamente entendemos las cosas desde el plano electoral… Lo electoral es un engaño dentro del modelo capitalista que nos dice que esto es izquierda o derecha, pero que ambos modelos son de arriba.

 

  • ¿Con el auge de China y Rusia, pero también la crisis estadounidense puede a la larga darse un clima distinto y favorable en América Latina?

En los últimos años se ha generado, y se está generando, un conflicto a esa unipolaridad norteamericana, que parte del crecimiento ruso, que vuelve a ser un actor principal en la escena mundo de la geopolítica, y también de China, que su crecimiento le ha llevado a tener más relaciones a nivel internacional y competir con Estados Unidos. Ahora bien, el auge económico de China… China es un país que negocia con todo el mundo, entonces lo bueno que tiene es que, para países con bloqueo estadounidense, como por ejemplo Nicaragua, Cuba o Venezuela, se les abre un amplio mercado. Pero China también negocia con países neoliberales que son socios de Estados Unidos. Por ejemplo, desde hace un tiempo, es uno de los socios principales en Chile, Brasil o Colombia. Así que China es un desahogo para los países bloqueados, pero no olvidemos que China sigue siendo también un país que prima sus intereses. No es que sea un proyecto antimperialista, que ayude a esos países contra la injerencia, como es el papel que desempeñó la URSS en su momento. China es economicista y negocia con todo el mundo, ya se a diestra o a siniestra. Así que no está demostrando que su proyecto de fondo sea el internacionalismo proletario. China necesita ganar mercado, conseguir materia prima. Este es el papel de China. Es cierto que, si se genera un proyecto totalmente contrario al imperialismo, de cambio, que tuviera un bloqueo de Estados Unidos y la UE, podría tener una salida en Asía para no verse tan ahogado en el mercado internacional. Es un país que permite desbloquear las políticas de Estados Unidos. Ahí se juega un poco más ese rol mercantil que ideológico, porque no olvidemos que ya Mao tuvo relaciones con Nixon. En este caso, sin decir que es de izquierdas, a nivel internacional parece ser, que, por ese contexto histórico, Putin quiere recuperar esa hegemonía que tenía y ahí si que se le ha visto estableciendo contactos sobre todo con países de izquierdas como con Cuba, a quién le retiró la deuda, tiene buenas relaciones con Venezuela, de la que ha dicho que hasta defendería militarmente, con Nicaragua. Por lo tanto, en ese tejido internacional, que Rusia aún siendo capitalista, tiene más relaciones con países antimperialistas, que muchas veces son de izquierdas. Digo antimperialistas porqué ahí entramos también en el caso de Siria o Irán, que no entran en la dicotomía izquierda-derecha. Así que, en resumen, China a nivel económico puede fortalecer a América Latina, porque también le interesa a China y a nivel más político, mediático y militar, Rusia juega un papel principal. Al final, parece que se acaba reproduciendo un poco, con todas las comillas, las mismas funciones que sucedieron en la Guerra Fría.