La noche electoral de Estados Unidos fue frenética. La repercusión mediática abrumadora. Sin embargo, las poco perspicaces voces de análisis, al parecer, basándose en números estadísticos e hipótesis superfluas, erraron de manera cuantitativamente estrepitosa al augurar una victoria de Biden de forma tangente. Aún no se ha terminado el recuento, pero ya pueden comenzar a extrapolarse vestigios de lo que ha sido y lo que pueden representar estos nuevos comicios. Todavía falta por ver. Trump se ha autoproclamado vencedor y afirmado que de seguirse con el recuento esto serán unas elecciones “fraudulentas”, por lo cual amenaza con llevarlo ante la justicia. ¿La democracia norteamericana puede quedar en entredicho? ¿Cuáles han sido los puntos clave de la noche electoral? ¿Qué pasará ahora? Para arrojar algunas reflexiones al respecto hemos hablado con Carmen Parejo Rendón, directora del medio digital Revista La Comuna, escritora y analista en distintos medios en castellano.

 

  • Según los sondeos Trump ha ganado votantes entre las minorías mientras lo pierde entre la “clase” blanca. Frente a esto muchos analistas achacan el hecho a la cuestión cultural, pero ¿cómo podría explicarse esto?

De hecho, no es entre la clase trabajadora blanca en sentido extenso sino entre los hombres blancos en sentido concreto. Creo que el discurso de identidad, con el que tan cómodo se sintió el Partido Demócrata para impulsar y arrasar con la marca Obama, es el gran perdedor de las elecciones. Entre los apoyos a Trump se encuentra un aumento del voto de mujeres, de latinos y de Afroamericanos, es decir de sectores de la sociedad que están en una posición más degrada en la pirámide de ingresos. Es importante destacar que hasta la crisis del coronavirus los datos económicos eran muy favorables y estoy convencida de que este elemento ha tenido más peso que otros dentro de la elección del voto. La situación económica empezó a decaer con la crisis del coronavirus y lejos de plantearse una crítica a la gestión de esta crisis parece que estos votantes lo han asumido como una fatalidad ajena a la voluntad de los gobernantes, tomando como referencia para su situación económica y social la circunstancia inmediatamente previa a esta crisis. Así creo que, en efecto, es la economía, como ya advirtió Trump, la que le ha facilitado apoyos, apoyos sobre todo de los sectores sociales más vulnerables.

 

  • Tras la primera noche de recuento, Trump se ha autoproclamado como vencedor y ha acusado al sistema electoral de fraudulento, ¿qué semejanzas hay en esta estrategia con las políticas injerencistas que ha llevado Estados Unidos por el mundo?

Efectivamente Trump trata de aplicar internamente la práctica que su país impone al resto del mundo. Queda saber si lo hace por desconocimiento, es decir, por creer de verdad que eso pueda ser efectivo allí o como parte de una estrategia de confrontación que le ha dado buenos resultados.

Esta actitud en efecto puede crear confrontación social e incluso acciones violentas populares pero Trump no se ha caracterizado precisamente por ser cauto sino más bien por ser bastante temerario. No tengo claro que haya medido las consecuencias profundas de su actitud, pero sí estoy convencida de que es parte de su estrategia. La misma estrategia de confrontación que le sigue funcionando.

 

  • ¿Por qué en este caso parece una locura lo que hace Trump, pero, sin embargo, de forma mayoritaria, se sigue a pies juntillas este relato en otros países?

EE.UU. desde casi su fundación apuesta por un modelo de control sobre zonas estratégicas para su propio desarrollo. Ya en 1900 el escritor y político Uruguayo José Enrique Rodó, en su libro «Ariel» advertía sobre esta actitud del vecino del Norte en relación con la guerra hispano-estadounidense en el marco de la guerra de Cuba. El control de su «patio trasero», es decir, América Latina, le dio el impulso económico y hegemónica para su desarrollo. Sin embargo, no sería hasta después de la Segunda guerra mundial cuando EE.UU. da un paso más y fortalece un lazo de dependencia económica en los Estados occidentales europeos destruidos tras la segunda guerra mundial. En cierto sentido aplica la misma Doctrina Monroe de «América para los americanos», ampliando su zona de influencia en este caso en el continente europeo. Igualmente, la guerra fría le facilita la inclusión en regiones de Asia.

Todo esto es clave porque es esa hegemonía económica y política, basada en controles regionales extensos, lo que ha permitido, sobre todo tras la caída de la URSS, aumentar la presión sobre otros países e incluso ordenar la capacidad de distintos pueblos para autogobernarse. Ser el «árbitro» del mundo.

EE.UU. sigue siendo poderoso y por tanto las normas que él aplica contra otros pueblos, en este contexto, jamás se podrían aplicar para sí mismo. No contarían con el apoyo real para su ejecución y ese apoyo es la base fundamental que les sostiene. Es precisamente por esto que el mundo multipolar pone en claro jaque su modelo.

 

  • ¿Cómo o en qué terminará esta estrategia? ¿Cuál parece que será el futuro inmediato de Estados Unidos?

Me es muy difícil especular con ello. EE.UU. es un país en crisis, su propia construcción histórica está en crisis y su modelo de crecimiento se está volviendo imposible. A partir de ahora vamos a ver como se agudizan todas las contradicciones internas y externas. El resultado de todo ello de momento es impredecible.

 

  • ¿Es, por lo tanto, Estados Unidos un estado fallido?

Creo que no. Lo que ha fallado es su régimen y su modo de vida. En este punto y fruto de esa agudización de contradicciones que señalaba antes podríamos ver una reconstrucción de dicho país adaptado a una nueva realidad. En el caso de que esto no pasase, en el caso de que no fuesen capaces de reconstruirse como país cambiando su modelo si podrían entrar en una profunda crisis que los destruyese como país. Pero creo que aún es pronto para presentarlo como un estado fallido, creo que solo es un país en profunda crisis.

 

  • En este mundo multipolar que se vislumbra en el horizonte y tras estas elecciones ¿Estados Unidos está preparada para hacer frente a otras naciones pujantes como Rusia o China? De ser el caso ¿qué políticas llevará a cabo el país (siendo Trump o Biden presidente)?

Esta es la clave de la cuestión. EE.UU. ha basado su desarrollo en ir imponiéndose poco a poco en el plano internacional a través de una fuerte presión económica en distintas regiones. Su patio trasero, América latina, la Europa occidental destruida tras la guerra mundial y Oriente Medio fundamentalmente. EE.UU. hoy no puede jugar en un mundo multipolar porque su propio desarrollo es dependiente del control estratégico sobre otros países y para enfrentar a los países emergentes fruto de la multipolaridad, sobre todo a China, necesita ampliar su zona de dominación y asegurarse el control sobre las zonas clásicas que sirvieron a su desarrollo.

Así se prevé que sea quien sea presidente de EE.UU. la política internacional de este país no va a cambiar en sus objetivos. Aunque sí puedan desarrollarse distintas estrategias en función de quién ocupe la Casa Blanca. Lo que está claro es que ni los demócratas ni los republicanos asumen el mundo multipolar, ni apuestan por cambiar su modelo.

Bajo mi punto de vista, la posición internacional de EE.UU. solo podría cambiar si internamente se plantea otro modo de desarrollo, que además también sirviese para mejorar la situación de la clase trabajadora de su país.