Al cierre de esta edición, Irán vivía un apagón casi total de la conectividad a Internet, mientras las protestas ante la muerte de una mujer arrestada por la Patrulla de Orientación, o policía de la moral, como se la conoce popularmente, se hacían más grandes y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, más violentos.

El sitio web del observatorio de acceso a Internet Netblocks y distintos activistas iraníes comenzaron a informar sobre el apagón informático el miércoles por la noche, cuando en gran parte del país, incluida la capital, Teherán, se desarrollaban intensos choques entre manifestantes y fuerzas policiales. Los datos móviles de los celulares se desconectaron casi por completo el jueves y la banda ancha doméstica se vio interrumpida en la mayoría de las grandes ciudades. Instagram y Whatsapp fueron completamente bloqueados. La agencia de noticias oficialista Tasnim dijo que estas medidas estaban destinadas a evitar la «comunicación y coordinación entre los líderes de los disturbios».

Los iraníes en el extranjero lanzaron una campaña online para llamar la atención internacional sobre el apagón informático. «La última vez que hicieron esto, mataron a más de 1.500 personas… Sean sus voces», escribió en sus redes la actriz iraní Falamak Joneidi, radicada en Reino Unido. Joneidi se refería al levantamiento contra el alza de precios del combustible de 2019, cuando las fuerzas de seguridad mataron a más de 300 personas según Amnistía Internacional y a 1.500 de acuerdo a un informe de Reuters.

A pesar del actual apagón, este jueves, por sexto día consecutivo se realizaron nuevas protestas por la muerte de Mahsa Amini, de 22 años. La joven había sido arrestada por las Patrullas de Orientación por presuntamente usar mal su hiyab o velo islámico, que desde la revolución de 1978 es obligatorio en Irán para todas las mujeres. Tras la muerte de Amini, ocurrida bajo custodia policial, las autoridades afirmaron que la mujer había padecido un paro cardíaco debido a un largo historial de problemas de salud. Su familia niega enfáticamente esa versión. Afirma que Amini no tenía problemas de salud y que su cadáver presentaba heridas de entidad en la cabeza y otras partes del cuerpo.

Los videos publicados hasta este jueves por medios opositores mostraban a manifestantes enfrentándose a la Policía antidisturbios en Teherán, donde varias mujeres se congregaron en las calles a prender fuego sus hiyabs. La televisión estatal iraní confirmó que al menos 26 personas han sido asesinadas en los últimos días, entre ellos miembros de la Policía y de las fuerzas paramilitares Basij, que suelen ir vestidos de civil. Según la ONG local Derechos Humanos Irán, los muertos son 31.

Las autoridades iraníes se han mostrado desafiantes y planean una serie de contramanifestaciones «espontáneas» para el 23 de setiembre. En tanto, la Guardia Revolucionaria Islámica emitió un comunicado en el que califica las protestas como una «sedición» tramada por enemigos extranjeros de la República Islámica. Por su parte, Kayhan, el diario ultraconservador vinculado al líder supremo ayatolá Alí Jamenei, exigió en un editorial una represión sin contemplaciones y afirmó, en referencia a los manifestantes: «El público quiere una acción rápida y seria contra estos criminales».

(Publicado originalmente en Al Monitor. Traducción de Brecha.)

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Entrevista de Julien Lemaignen

—¿Cómo evalúa la importancia y el impacto de las protestas en curso?

La novedad es que quienes están al frente son las mujeres. Antes no era así, o al menos no de forma tan pronunciada. Y puede verse que muchos hombres jóvenes las están apoyando cada vez más.

—[El presidente iraní Ibrahim] Raissi se apresuró a pedir una investigación sobre la muerte de Mahsa Amini. ¿Podemos esperar que se identifique a los responsables?

No. Esto es como el accidente del vuelo 752 de Ukraine International Airlines [destruido por error por la defensa antiaérea iraní en enero de 2020, con un saldo de 176 muertos]. Estas investigaciones nunca alcanzan a los principales perpetradores. Son los peces chicos los que terminan arrestados. Las Naciones Unidas han pedido una investigación oficial, pero eso no tiene sentido. Deberían condenar la violencia que el poder está infligiendo a la sociedad.

—¿Qué ha hecho Raissi, elegido en 2021, con respecto a los derechos de la mujer y, en general, con los problemas sociales del país?

En el último tiempo hemos visto un endurecimiento de las políticas públicas contra las mujeres. Raissi ha dado carta blanca a la policía de la moral bajo la autoridad del líder supremo Alí Jamenei, quien ha dicho públicamente que se debe hacer cumplir a las mujeres la obligación de cubrirse la cabeza.

Estas políticas están diseñadas para mantener a las mujeres en casa. En el Estado, ya no se está contratando mujeres, excepto en trabajos designados como femeninos, como la docencia o ciertas especialidades médicas, como la ginecología. En otras ocupaciones, se les dice que se jubilen o pierden sus trabajos.

En 2015, el líder supremo decidió que la población debía duplicarse. Desde 2016, la anticoncepción se ha vuelto menos accesible. Las vasectomías y los abortos están prohibidos desde 2021. Las políticas públicas fomentan matrimonios precoces, antes de los 15 años, y el número de estos ha crecido un 20 por ciento. Pero la política de control de la natalidad no ha tenido el efecto deseado, ya que la crisis económica no anima a tener hijos y la tasa de fecundidad es de solo 1,6 hijos por mujer.

Bajo Raissi, ha habido una fuerte represión de todos los movimientos de protesta, por los derechos de las mujeres, por el ambiente… Las políticas culturales son cada vez más restrictivas, como hemos visto con el encarcelamiento de los cineastas Jafar Panahi, Mohammad Rasoulof y Mostafa Al-Ahmad. La violencia contra la sociedad va en aumento.

—¿Es la actual represión una respuesta estándar o es una señal de un nuevo nerviosismo en el régimen?

La participación en las presidenciales de junio de 2021 fue la más baja jamás registrada, con un 48,8 por ciento, y ni siquiera me refiero a las legislativas. Los votantes se han negado a legitimar al régimen, que está respondiendo con represión en vez de buscar recuperar la confianza. Otra razón por la que tanta gente se moviliza es la economía. La tasa oficial de pobreza es del 46 por ciento, pero los expertos creen que es más alta.

—Irán vivió grandes protestas por el costo de vida en 2017-2018 y en noviembre de 2019, seguidas de una ola de manifestaciones en 2020 tras el siniestro aéreo. ¿Esta serie de protestas debilita al régimen?

El régimen es frágil, pero esto no es suficiente para esperar su caída. No veo que surja una alternativa viable y confiable. La gente sale a la calle porque no tiene otros canales, ni partidos políticos, ni sindicatos independientes. Desde 2017, las protestas han sido esporádicas, espontáneas y desorganizadas por la falta de democracia. Y no conducen a ningún cambio de régimen.

—El acuerdo nuclear pareció acercar a Irán a Occidente y ampliar el espacio de la sociedad civil. Su revés, provocado por la retirada estadounidense bajo Donald Trump, ¿podría haber llevado a Teherán a abandonar cualquier gesto progresista a la interna?

El retroceso en el tema nuclear y luego la guerra en Ucrania han agravado la situación. Irán se ha acercado a los rusos y los chinos. Hace cinco o seis años, el presidente Hassan Rohani y su canciller, Mohammad Javad Zarif, intentaban acercarse a Occidente, lo que no gustaba al líder supremo. El acuerdo nuclear de 2015 creó una pequeña apertura para las libertades civiles. Varias ONG, que no habían podido operar bajo Ahmad Ahmadinejad [presidente entre 2005 y 2013], habían reanudado su trabajo. La gente tenía más espacio para maniobrar y las mujeres jóvenes estaban menos enfadadas. Había esperanza.

* Azadeh Kian (Publicado originalmente en Le Monde. Traducción de Brecha.)

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