Tras las elecciones venezolanas vuelve el toma y daca en los análisis. Sobre todo, de lo primero. La voluntad de deslegitimar el proceso democrático de un país soberano. Se esté más o menos de acuerdo con la cuerda política del gobierno en cuestión la voluntad de injerencia y sometimiento a los intereses del mercadeo propulsado por Estados Unidos debiera ser motivo de denuncia. Hecho que no suele suceder en toda la panoplia periodística occidental, que meramente da pábulo a la univocidad discursiva, al argumento precocinado y focalizado.

Para abordar la cuestión de los últimos comicios en el país latinoamericano hemos hablado con Giordana García Sojo, quien, licenciada en Letras mención Literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes (ULA), viceministra de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela entre 2014 y 2016 y presidenta de la Fundación editorial El perro y la rana desde el 2013 hasta el 2017.

 

  • ¿Cuáles son las conclusiones que pueden extraerse de las elecciones venezolanas?

Venezuela sigue estando en el centro de la mediática internacional, lamentablemente más para desestabilizar y ejercer injerencia política y simbólica que para apoyar una resolución consensuada del conflicto político. Las elecciones del 6 de diciembre se realizaron en medio de una escalada de acusaciones al Gobierno de Nicolás Maduro y al sistema electoral venezolano, acusaciones que no reparan en que el sistema electoral venezolano es de los más auditables de la región, además de ser 100 % automatizado. La rapidez con la que los medios y gobiernos aliados a la administración saliente de EE.UU. atacan y desautorizan todo lo que tenga que ver con el gobierno venezolano es más que sospechosa, no dan cuenta jamás de logros como, por ejemplo, el buen desempeño en la contención de la pandemia de Covid-19 en comparación al resto de países de la región, aún inmerso en un bloqueo económico cada vez más rudo.

A pesar de este relato persecutorio y estigmatizante, Venezuela realizó las elecciones parlamentarias, como lo indicaba el calendario electoral siguiendo el artículo 192 de la Constitución, que obliga a realizar elecciones del órgano legislativo cada cinco años. Que se hayan realizado los comicios en medio de un clima de absoluta calma y orden es ya es un logro en sí mismo. Las vías violentas tan azuzadas por la derecha extrema en Venezuela en varios momentos de los últimos años, con especial fuerza en 2014 y 2017 con las llamadas “guarimbas” y en 2019 y 2020 con intentos de golpe de Estado e invasión mercenaria, no tienen calado en la población venezolana de ningún sector. Así que lo que se demuestra es que Venezuela sigue apostando por una vía propia para dirimir sus problemas, siguiendo el orden constitucional y su propio sistema democrático, a contrapelo de la estridencia mediática y de coacción económica y política instalada por las sanciones, el bloqueo y la continua estigmatización del chavismo.

 

  • Muchos analistas y noticieros están haciendo hincapié en la baja participación, ¿a qué se ha debido esta baja participación?

Siempre es relevante en democracia la participación, lo que pasa es que muchísimos gobiernos que ostentan sus sistemas democráticos y fungen de policías de otros, no la toman en cuenta para sí mismos, pero sí para quienes quieren atacar. Es decir, si analizas los números de participación real en la región, incluyendo a los EE.UU., suelen ser muy bajos, también en Europa. Sin embargo, en Venezuela la participación electoral suele ser alta, especialmente a partir del primer gobierno de Hugo Chávez. En cuanto a las elecciones parlamentarias recientes, el 31 % de la participación es un número bajo con respecto a otras elecciones en el país, considerando el alto nivel de participación política de la población durante los últimos 20 años.

Los motivos varían, por un lado está el boicot permanente del proceso electoral realizado por la facción extremista de la oposición liderada por Juan Guaidó y la administración Trump, llamando a la abstención y el desconocimiento y, por otro lado, existe una diversidad de factores que pudo hacer mella en la convocatoria: hay un descontento en parte importante de la población que busca solucionar su día a día, envuelto en una difícil crisis económica y de servicios producida y profundizada por las sanciones y el bloqueo y, también, por el desgaste de la dinámica política polarizada entre gobierno y oposición; de hecho, por primera vez en muchos años el chavismo participó con una división entre sus filas.

 

  • Tras los resultados, ¿la decisión de conformar el APR ha sido acertada? ¿Qué podrá implicar? ¿Abrirá el debate sobre la nación?

El debate siempre debe ser bienvenido en democracia. El chavismo ha tenido la mala fortuna de contar con una oposición delirante, poco seria, sin proyecto de país, al extremo de preferir una invasión extranjera antes que dirimir políticamente. En este escenario, son hechos a celebrar tanto la apertura de una oposición dialoguista y dispuesta a hacer política, como la conformación de espacios de disenso dentro del mismo chavismo con el horizonte de hacer contraloría y propuestas que enriquezcan y profundicen el proyecto chavista.

Sin embargo, con respecto a esto último, el escaso 2,7 % de votos obtenidos por la APR o este nuevo frente de partidos liderados por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), denota un muy bajo reconocimiento por parte de electores o electoras descontentos y, quizá nos habla de que la vía para rencauzar o proponer mejores formas de gestión no pasa por la división y la confrontación. Queda mucha tela que cortar sobre este asunto, el chavismo no es monolítico ni uniforme, al contrario, es un continuo de fuerzas multisectoriales en movimiento, sujetas además al contexto en que se desenvuelven, por lo tanto, es importante que tanto el Gran Polo Patriótico y el Partido Comunista, así como quienes militamos el chavismo desde diversas instancias no partidistas e individuales, busquemos formas de encuentro desde el reconocimiento y el debate, sin perder el horizonte ni desenfocar la realidad de asedio y asfixia en la que nos encontramos.

 

  • ¿Cómo o en qué lugar queda la oposición de Guaidó? ¿Cambia algo?

Hace tiempo que el proyecto Guaidó está encallado en el fracaso, es más su resonancia externa a Venezuela gracias al apoyo directo y ruidosos del gobierno de EE.UU. y sus aliados que la ligazón real con sectores nacionales. La capacidad de convocatoria de Guaidó es casi nula, se restringe al Twitter. La elección de nueva Asamblea Nacional además implica la reinstitucionalización del poder legislativo, actualmente atravesado por la confrontación de incluso sectores opositores, totalmente fragmentados.  En este sentido, el 5 de enero de 2021 se celebrará la instalación de la nueva AN, dejando sin efecto oficial la doble institucionalidad que existía en el país con respecto al legislativo. La AN presidida por el diputado opositor Luis Parra transferirá a la nueva AN sus facultades, mientras la AN dirigida por Juan Guaidó quedará aún más solapada por la realidad de los hechos y el basamento constitucional.

 

  • Tras la recuperación de la Asamblea Nacional, ¿qué pasará con ella? ¿A partir de esto parece que cesarán las leyes antibloqueo?

Ahora comienza un proceso de revisión y reimpulso. Aún no se ha anunciado qué pasará con la Asamblea Nacional Constituyente, creada para hacer frente a la escalada de violencia callejera generada por la estrategia de cambio de régimen de la oposición extremista, pero que luego de la elección de una nueva Asamblea Nacional, perdería protagonismo y sentido. Será necesario retomar proyectos de ley que quedaron rezagados con el cambio de AN en 2015 y la actitud aniquiladora de la facción opositora que la dirigió, me refiero a proyectos concretos como la Ley de arrendamiento, la Ley de semillas, leyes que amplíen los derechos de las mujeres y la comunidad LGTBI, entre otras. También habrá que repasar y quizá replantear leyes que surgieron en el fragor del enfrentamiento de poderes, siempre previa discusión y debate en el hemiciclo, entre ellas las leyes antibloqueo, por supuesto.

 

  • ¿Qué posiciones están tomando los demás países y organismos internacionales a partir de estos comicios?

Sin ninguna sorpresa, a tempranas horas fueron desconocidos los comicios de manera oficial por los gobiernos de EE.UU. y el llamado Grupo de Lima, sin reparar en la fragilidad de su propia legitimidad a lo interno, la mayoría envueltos en crisis electorales como es el caso de EE.UU., protestas sociales importantes y permanentes, como también es el caso de EE.UU., Chile, Perú, Colombia, Guatemala, Haití, entre otros. Queda esperar los posibles cambios tácticos con respecto al antagonismo con Venezuela de la administración de Joe Biden y la influencia que pueda tener en sus aliados, incluyendo a una Unión Europea, muy tambaleante y poco soberana en sus decisiones. Por su parte, todo parece indicar que los Gobierno de Rusia, China, Cuba e Irán seguirán apoyando a Venezuela, y esperamos que así mismo pase con México, Argentina y la recién democratizada Bolivia.

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