Javier Díaz-Giménez es un experto en macroeconomía, en política fiscal y en sistemas de pensiones. Es autor del libro Macroeconomía: Primeros Conceptos y ha publicado algunas de sus investigaciones en revistas como Journal of Political Economy y Journal of Monetary Economics. Ha sido asesor del Ministerio de Industria y, aunque por poco tiempo, también asesor de la Oficina Económica del presidente.

Pero además de todo eso, Díaz-Giménez es un gran conocedor de la cuestión migratoria y de cómo esta repercute de manera positiva en las economías de las sociedades receptoras de migrantes. Con ese enfoque no solo ha ofrecido ponencias y coloquios, sino que su casa -que en tiempos de pandemia es su teléfono- también está siempre disponible para responder a las preguntas de periodistas y trabajadores del sector social. Ya sea en persona, vía telefónica o desde su mesa de profesor del IESE, este economista trabaja para concienciar ya no sobre los beneficios de la inmigración, sino de la necesidad de la misma tanto a nivel económico, como social y cultural, así como para desmentir los bulos, rumores, estereotipos y prejuicios que desde determinados sectores se forman contra la población migrante.
¿Cuáles son las inquietudes de un economista en materia de migraciones? 
Me interesan mucho las perspectivas de población y saber qué va a pasar con Europa y con el mundo, ya que estamos en un momento donde hemos pasado de la superpoblación a un planeta que se está vaciando poco a poco. Realmente la única solución viable si queremos mantener la población y el PIB de los países es mediante la inmigración, pues para las naciones en las que la tasa de natalidad está por debajo de los dos hijos y previsiblemente van a seguir así para siempre, como es el caso de España y de la mayor parte de Europa, va a ser imposible mantener una sociedad relativamente joven. Si queremos trabajadores e innovación de cara a las próximas décadas, eso pasa por los inmigrantes.
Se estima que el planeta llegará a alcanzar los 9.000 millones de personas y que ese será su tope, pero las previsiones dicen que el grueso de todos esos nuevos nacimientos se producirá en África.
Cada sociedad decide lo que le interesa, pero es bueno tenerlo claro. Mientras Japón ha aceptado que va a menguar una cuarta parte y aun así no acepta inmigrantes, EEUU mantiene su tasa de reposición de la población porque acepta mucha inmigración. Y luego está Europa, que todavía se lo está pensando. La respuesta sigue siendo muy débil, pero somos los vecinos de África y ahí es donde en las próximas décadas va a estar toda la fertilidad del planeta, yo no me lo pensaría mucho.
¿Sería buena una regularización de extranjeros en este momento, tal y como están haciendo países como Italia o como ya hizo España en 2005? 
Los problemas que tiene la economía española parten de que somos uno de los países con una de las mayores esperanzas de vida del planeta y con la tasa de fertilidad más baja. En las próximas décadas van a faltar personas jóvenes y es indudable que cualquier inmigrante va a aportar más a la economía española de lo que le va a costar. Habrá casos puntuales en los que no sea así, pero si no aceptamos en los próximos años que los inmigrantes tienen que ser parte del sistema, la economía española va a tener que aceptar que tiene una población menguante.
¿Eso crearía un sistema insostenible de pensiones? 
Por supuesto, pero no solo. Eso cuestionaría la viabilidad del Estado de Bienestar (EB) entero. Las pensiones, independientemente de que tengan una caja separada, son parte del EB, como también es la sanidad. Los mayores gastamos en pensiones y en sanidad y los niños en educación, pero lo que te ahorras en la partida destinada a educación que puedas invertir en los niños inmigrantes, de ninguna manera te da para pagar pensiones y sanidad. La inmigración regularizada contribuye a esta economía, eso es innegable.
Hasta 1975 había una tasa de fertilidad de 3.7 y ahora está en 1.3. Tiene que estar en 2.1, que es la tasa de reposición. Además, aumentar la esperanza de vida no hace más que envejecer a la sociedad española. Lo importante para un país no es solo la cantidad de personas que tiene, sino su edad media. Una sociedad envejecida innova menos, tiene una fuerza laboral pequeña y un problema serio de mantenimiento del EB. Más de la mitad de los costes sanitarios que suponemos cada ser humano son en los diez últimos años de nuestra vida.
¿Qué hay entonces de esa afirmación constante por determinados sectores de que la sanidad universal supone un agujero a las arcas públicas? 
Hasta que un inmigrante no sea muy mayor no va a suponer un coste para la sanidad pública, sino todo lo contrario, va a suponer ingresos a las arcas del Estado. El problema es que si toleras la economía sumergida esas personas no están cotizando, pero no es solo un problema de inmigración. Un país tiene la economía sumergida que quiere tener. Tú siempre puedes hacer más inspección, endurecer las sanciones y hacer que a los contratantes no les merezca la pena fomentarla. Contratantes que en la práctica totalidad son nacionales, por cierto. Lo que no puedes es echarles a los inmigrantes la culpa de la economía sumergida, porque el proyecto colectivo de los españoles no incluye por el momento dejar de tolerar este hecho.
A veces, escuchando discursos en contra de la inmigración, una se pierde por sus incongruencias. En qué quedamos, ¿los inmigrantes vienen a vivir de las ayudas o a quitarnos el trabajo? 
Los inmigrantes vienen a hacer los trabajos que los españoles no queremos hacer. No hay ninguna clase de duda. El efecto llamada no lo hacen la sanidad pública o las rentas mínimas, el efecto llamada lo hace la disponibilidad de puestos de trabajo que los españoles ni queremos ni podemos ocupar, entre otras cosas porque no hay suficientes personas en edad de trabajar para ocuparlos todos. La razón por la que han venido los inmigrantes en el pasado es porque querían trabajo y España se lo ofrecía. Eso ha ayudado en las últimas décadas a la economía y negarlo es completamente absurdo.
¿Todas las personas somos potencialmente migrantes? 
La humanidad nació en África. Los ‘blanquitos’ nos fuimos de África para ocupar otras geografías, pero sabiendo dónde estaba la cuna de la humanidad. El hecho de que un país diga que es soberano de un territorio está muy bien, pero esa es una construcción puramente cultural, casi un mito. Las sociedades tienen unos objetivos, y hay muchas maneras de crecer y organizarse o de hacer todo lo contrario, pero la realidad es que la inmigración tiene una realidad positiva.
¿Renegar de la inmigración es por tanto contraproducente en términos económicos incluso para quienes lanzan discursos radicalmente opuestos a ella? 
Una cosa es que a unas personas les guste más o les guste menos, pero la realidad desde la economía pura, desde la ciencia, es que la inmigración es beneficiosa para las sociedades. A ti te puede gustar o no, como al que le gusta o le deja de gustar un helado de fresa, que no es discutible porque los gustos son muy personales, pero otra cosa es que digas que la inmigración es perjudicial. Eso ya sí se puede rebatir en términos económicos. Es como decir que fumar no da cáncer. A ti te puede gustar fumar o no, pero afirmar que no da cáncer no solo es discutible, sino que está avalado por la ciencia, igual que la contribución del inmigrante medio a la economía.
¿Estamos condenados a extinguirnos si no aceptamos esta realidad? 
Tú puedes organizar la inmigración como a ti te parezca, hay mil variantes. Puedes consentirla, controlarla, aceptar pateras, no aceptarlas, realizar exámenes… Japón asume el coste de no aceptar migrantes, pero está claro que es una sociedad llamada a extinguirse, que es lo que ocurre cuando tienes una población muy envejecida con una tasa de efectividad muy baja. Eso converge en cero. En el momento en que una sociedad se urbaniza, las mujeres se educan y se liberan de las sociedades patriarcales y deciden cuántos hijos quieren tener, cambia el modelo. Si ese número de hijos está entre 0 y 1 y como país no aceptas inmigrantes para que aumenten la tasa de reposición, estás abocado a extinguirte como sociedad.
¿Está relacionado todo este aspecto económico, además, con una riqueza cultural y social y que pudiera aportar la inmigración? 
Claro. ¿Sabrías responderme a la pregunta: «dónde está el humano más inteligente del planeta, el más guapo, el más feo, el más alto, el más bajo, el más rápido y el más lento»? La respuesta es: En África. ¿Por qué? Porque los humanos llevamos mucho más tiempo viviendo en África que en el resto del planeta. Todos los europeos somos de alguna forma «primos», descendemos de un número pequeño de familias que emigraron, mientras en África sigue habiendo muchísima variedad genética. La inmigración enriquece y da variedad al juego genético. Esos genes, al combinarse con otros genes, generan varianza. Combinar con distintos es fundamental.
La gente no valora que la variabilidad y el hecho de aportar genes nuevos a los que ya tienes aquí. A esos nuevos genes los alimentarás, los harás crecer, los educarás en un Estado de Bienestar y crecerán en una sociedad rica. Eso es bueno para todos. Además de la indudable riqueza personal que crea conocer diferentes realidades y culturas y convivir con ellas. Te reconozco que no sé cuál es el sentido de español viejo que tienen algunas personas.
Terminamos con un dato puramente económico. La Unión Europea invierte ocho veces más en intentar que la inmigración no entre en sus fronteras que en la integración de personas migrantes.
La cosa de la raza aria no es una casualidad de Hitler. En Escandinavia les preocupa mucho que van a desaparecer las personas rubias. Pero es que para que eso no ocurra hay que ser «primos», porque no hay muchos y hay mucha consanguinidad. Tienen que saber que les queda muy poco tiempo, porque esos genes sí o sí van a desaparecer y, hasta que seamos todos chocolate, todo lo demás será racismo.
#RedAlRescate es un proyecto de sensibilización y prevención de la xenofobia y promoción de la convivencia intercultural a través de redes sociales.
Fuente: ONG Rescate