Con la resaca electoral a cuestas y, con los datos oficiales por confirmar, las alusiones previas, al parecer, no dejan lugar a dudas en cuanto a los designios y deseos del pueblo boliviano. Aún es pronto para aventurarse sobre las cuestiones que atañen algo más allá del presente, pero no por ello hay que dejar de tratar de analizar la realidad material y las posibilidades que se abren. Para ello hemos conversado con Sergio Pascual, miembro del consejo ejecutivo del CELAG, ex diputado del Congreso español, donde fue Presidente de la Comisión de Fomento de la Cámara y que destaca por su su colaboración en misiones de observación electoral y trabajos de diseño y análisis demoscópico en Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador.

 

  • Aún los resultados no son oficiales, pero ¿cómo puede analizarse lo ocurrido en Bolivia?

Estamos muy contentos con el resultado, no podría haber ido mejor. La verdad es que no esperábamos tan buen resultado, honestamente. En una reunión con Evo, él hablaba de los “calladitos”, los que no dicen lo que opinan en las encuestas, pero si luego van a votar. Y efectivamente han salido a votar. Si bien es cierto que los resultados aún no son oficiales, porque efectivamente había ciertas dudas sobre el sistema de conteo rápido. De hecho, fue el punto nodal del cuestionamiento del proceso electoral de 2019. Ahora, cuando se eliminó este conteo rápido oficial, se tenían ciertas dudas. Existieron, no obstante, diversos medios de conteo rápido. Por un lado, el del MAS y por otro el de dos empresas privadas. El del MAS dio un resultado de estimación, basado en más de mil mesas electorales y dio un resultado similar al que se hizo público. Así que demostró que había sido un buen sistema, con mas de mil mesas repartidas en todo el país. Este fue un primer indicador importante. El de las empresas privadas finalmente ha dado el resultado que todos conocemos. Para mi el hecho que consolida y da legitimidad a este resultado es el reconocimiento por parte de quienes estaban a manos del proceso, Jeannine Añez y del expresidente Tuto Quiroga, la derecha boliviana clásica digamos. Además, siendo ellos lo que controlan las fuerzas armadas son ellos los que se encargan en todo momento de movilizar las actas y los cajones de votación. Y siendo ellos los que inclinaron la balanza en el proceso de “fraude” de 2019, creo que, de algún modo, certificaría que es difícil que haya una vuelta atrás en las cifras que en este momento están sobre la mesa.

 

  • ¿Se podrá vivir una transición pacífica?

Creo que sí… Salvo en Santa Cruz, que es una región muy particular, donde Camacho ha tenido un resultado muy importante. Es probable que este resultado le empuje hacia retomar las reivindicaciones autonomistas y secesionistas, que tuvo la región en el pasado. Creo que, salvo este fenómeno, que insisto en que es un fenómeno recurrente en la historia boliviana, el resto del país de alguna forma rencauzará la situación política. Es más, también considero que hay una voluntad clara por parte de Luis Arce de que, efectivamente, entremos en una etapa de reconciliación nacional. Él ha planteado públicamente la idea de constituir un gobierno de unidad nacional. De este modo ha trasladado sosiego y tranquilidad en este proceso de transición. Tengo la sensación de que a escala nacional esto va a ser así, pero no estaría tan seguro de que la situación transcurra con normalidad a nivel regional y autonómica en el caso de lo que antiguamente se llamaba la media luna, que es fundamentalmente Santa Cruz.

 

  • En este nuevo proceso, que parece que va a abrirse en Bolivia, ¿se podrá consolidar un proceso con plena autonomía o volverán a reportarse intentos de desestabilización e injerencias externas?

América Latina no está libre, en ningún momento de su historia, de ese tipo de injerencias. En particular en el siglo XX la actitud de Estados Unidos ha sido muy clara y muy beligerante en lo que se refiere a intervenir sobre América Latina. No hace falta irnos muy atrás en el tiempo para reconocer la mano reconocida, válgase la redundancia, por las propias instituciones norteamericanas de su gobierno en los cambios y golpes en países como Chile, Perú o Argentina. ¿Qué quiero decir con esto? Que no me cabe ninguna duda de que tanto Estados Unidos, como alguno de sus brazos operativos, por ejemplo, la OEA, siguieran intentando llevar el agua a su terreno en cuanto a la política boliviana. Esto es algo que ya hacen en otros países de la región. Otra cosa es que tengan suficiente capacidad y autonomía dentro de los propios órganos de control norteamericanos para hacerlo como se hacía en otras épocas. En este caso, en 2019, consiguieron llevar a cabo en cierto modo un “golpe blando”, con matices, a través del fraude que perpetró la OEA, aprobada por Estados Unidos, pero ahora las urnas les ha arrebatado ese triunfo efímero. No ha conseguido doblegar un resultado que al final ha sido muy claro y evidente. Es cierto que cuando ganan las clases populares y el progresismo en América Latina tiene que ganar por más de 20 puntos para que se le reconozca. Pero como lo hace… La cuestión se torna irreversible.

 

  • ¿Cómo deberá intervenirse a nivel estatal para evitar etas posibles injerencias? Porque, por ejemplo, en 2019 tuvo un gran peso la militarización de las calles y la fuerte presencia de policías y paramilitar del lado golpista, ¿por ahí deben comenzar a constituirse las nuevas políticas del MAS?

Lo primero que tiene que hacer, y lo primero que va a hacer el gobierno del MAS, que además ya propuso Luis Arce, es enfrentar el drama humano y social que se está viviendo en el país en materia de supervivencia. La economía es lo más importante frente a esto y por ello creo que Luis Arce se va a abocar y abordar ese problema. Lo demás vendrá luego. Una vez se consiga reencauzar esta situación, ya habrá tiempo de evaluar, designar y decidir cómo funciona su propia institucionalidad para evitar que en un futuro puedan vivirse estas etapas de injerencia exteriores o zozobras en el interior de las instituciones del Estado. Pero en este momento creo que el nuevo presidente y su gobierno, en un principio, se van a abocar a solventar la crisis económica.

 

  • Durante todo este año la corrupción y esta debacle económica han sido estrepitosas, por ello ¿se podrán ver resultado a corto-medio plazo o cabrá esperar más tiempo para que pueda constituirse y vislumbrarse algo más sólido y estable?

En general en todo el planeta estamos viviendo un momento coyuntural, que se estima, se espera y se trabaja para que no se convierta en estructural. El golpe que está ofreciendo el coronavirus a las distintas economías globales y locales es aparentemente un golpe coyuntural, hasta que vuelva el agua a su cauce, pero en algunos casos puede convertirse en estructural. En el marco de este fenómeno coyuntural, todos los países, de distintos colores, han ido entendiendo que hacía falta poner paliativos para superar este bache y esta crisis. En este sentido este gobierno, que es mucho más sencillo para atender a las demandas y a los sufrimientos de las clases populares, podrá poner esos paliativos, que no se pusieron en marcha durante el tiempo de gobierno de la derecha en Bolivia. Dado que el comercio se ha estrangulado y se ha olvidado a muchos de los trabajadores irregulares, que han sido obligados a permanecer en sus casas, sin dar solución a que puedan ganarse el sustento, hay que poner encima de la mesa medidas que de alguna manera compensen ese esfuerzo y sufrimiento. Yo creo que el gobierno del MAS, que fue el que puso en marcha los bonos sociales para cubrir las especiales necesidades sociales durante su mandato, lo hará de nuevo para evitar la exclusión social y la pobreza en el seno de la sociedad boliviana.