En algunos análisis, sesgados, estas protestas y reclamas se presuponen como un problema coyuntural, actual, pero parece que son algo que ha estado oculto y que viene de lejos. El modelo chileno, que se proclamaba como fructífero y positivo, desde las reformas de los Chicago Boys, con una Constitución “pinochetista” parece haber quebrado definitivamente. El modelo liberal no ha sido capaz de dar respuesta a las problemáticas de una mayoría. Hoy, se celebra un Plebiscito por ese cambio de Constitución y al parecer se auguran buenas nuevas en el país. Al respecto hemos hablado con Tomás Hirsch, Diputado de Acción Humanista y excandidato a la presidencia, y con Óscar Menares, abogado y Secretario Político de Izquierda Libertaria.

 

  • Sobre esto que he comentado y para contextualizar un poco, ¿cuál ha sido el proceso que ha determinado y confluido para que Chile llegue a esta situación actual?

T. H. – Sin duda las protestas y reclamos del 18 de octubre en adelante han sido fundamentales para avanzar hacia una nueva constitución y, ojalá también, a cambios estructurales al modelo económico, político y social chileno. Evidentemente este ha sido un largo proceso; ya hubo movilizaciones importantes el 2006 y el 2011, y si vamos más atrás, cuando fui candidato presidencial en 1999 tiré la Constitución a la basura. Para las elites del sistema fue algo horrible: si hubiese habido inquisición, me tiraban a la hoguera, pero esto representaba el sentir de muchas personas.

Desde la dictadura veníamos algunos luchando, para dar a conocer al mundo la otra cara del modelo, que lo llamé ‘los fracasos del éxito’. Este modelo se mostró como exitoso al mundo porque le convenía a una minoría y, en efecto, era muy beneficioso, pero no para los pueblos originarios, para las mujeres, adultos mayores, para las personas de regiones de Chile, para estudiantes, para la diversidad sexual. Una gran mayoría de las y los chilenos sufrieron la otra parte del modelo, lo que no se mostró al mundo: los abusos, el maltrato, la discriminación, la inequidad. Eso es lo que queremos cambiar a partir de este proceso.

O.M. – El estallido social del 18 de octubre de 2019, síntesis de la rabia y frustraciones largamente larvadas en el seno de la sociedad chilena, abrió una situación excepcional que materializó la fractura entre la sociedad y la élite. La brutal represión desatada por el Estado, en un intento desesperado de volver por sus fueros, fue incapaz de aplacar la masividad de la protesta y la violencia legitimada por la mayoría social movilizada, que junto con poner en el centro la caída del gobierno asumió una vocación refundacional o constituyente expresada en los miles de cabildos y movilizaciones masivas.

El estallido es la expresión de años de aprendizajes en que las luchas populares chocaron una y otra vez con el muro constitucional expresado en blindajes institucionales que impedían concretar las aspiraciones populares basados en la lógica neoliberal implícita en la constitución de 1980 y en reglas de veto de la derecha. Los estudiantes, sindicatos, gremios públicos, pueblos originarios, luchas ambientalistas, de minorías sexuales, descubrieron que sus demandas siempre eran declaradas inconstitucionales. Y también los partidos de izquierda excluidos por dos décadas de la participación institucional a raíz del sistema electoral binomial. Eso estalló el 18 de octubre y no parará hasta conquistar un marco democrático que permita que las aspiraciones de las mayorías puedan ser conquistadas.

 

  • ¿Cuáles han sido los principales agentes que han jugado un rol prominente en este proceso hacia el cambio?

T.H. – La promoción de este cambio yo diría que es la diversidad del país, que se ha sentido abusado, discriminado y postergado. Tal como dije antes, quienes han impulsado estos cambios son los estudiantes en gran medida, los jóvenes, pero también las mujeres y sus movilizaciones.

Vamos a tener el primer proceso constituyente paritario en el mundo. También han sido los pueblos originarios los que han levantado la voz exigiendo la restitución de sus tierras y territorio, también hemos sido los humanistas, que hemos estado desde los años 80 luchando por construir un país más justo y más democrático, han sido también otras organizaciones políticas, sociales, culturales, étnicas. Esta es una lucha de un pueblo que viene gestándose desde hace mucho tiempo, y que hoy cobra fuerza para intentar construir un mejor futuro para todas y todos.

O.M. – Creemos que el movimiento estudiantil ha sido un agente fundamental en el inicio del estallido, pero en toda la historia del movimiento popular. La lucha de liberación nacional mapuche también ha sido clave en el cuestionamiento, no solo del modelo, sino de la figura del Estado. El mundo sindical con todas las dificultades ha estado a la altura del actual proceso. Destacamos a la Unión Portuaria de Chile como su vanguardia política y que, además, por su posición estratégica ha sido un actor de temer para la burguesía chilena e internacional. Creemos que la clase trabajadora ha sido determinante, tanto la organizada como la desorganizada de expresada en las calles y en la Primera Línea de la defensa. Esta es la guerra de todo el pueblo contra el modelo y una elite explotadora y excluyente que y quema sus últimos cartuchos. El desafío es prepararse para los próximos enfrentamientos de clase, que serán más agudos y decisivos. La humanidad vencerá.

 

  • Ambos habéis comentado, con brevedad, anteriormente que este Plebiscito traerá un cambio en el país, pero ¿cuáles son las exigencias que se reclaman de forma más exhaustiva?

T.H. – Como decía, lo que está exigiendo el pueblo son cambios estructurales que signifiquen mayor justicia social, más equidad, pensiones dignas, la educación y la salud como un derecho, la protección del medioambiente, la desconcentración del poder, la recuperación del agua, la anulación de una ley de pesca totalmente corrupta; que el cobre y los recursos naturales estén al servicio de todos y no de unos pocos, que el capital financiero especulativo no sea el que siga manejando la economía, terminar con las AFP, que son un robo al poco ahorro que tienen los trabajadores. Estamos hablando de cambios importantes, como el reconocimiento de la plurinacionalidad, cambiar los roles y funciones del Tribunal Constitucional, y en materias de cómo se organiza el Estado de Chile.

O.M. – Sí, básicamente un régimen democrático, en el que prime el principio de las mayorías y no el derecho a veto de la minoría. También un estado social de derechos que dé seguridades sociales a las personas de garantía estatal y para eso se requiere distribuir la riqueza y recuperar los recursos naturales.

 

  • Según los datos estadísticos se espera una jornada electoral con mayor porcentaje de votación que en las presidenciales de 2017 y también presuntamente el ‘Apruebo’ se presenta victorioso con una amplia y destacada mayoría, ¿qué pasará con la actual Constitución? ¿Cuál es el proceso? ¿Qué ocurrirá a partir del domingo?

T.H. – En caso de ganar el ‘Apruebo’ y la convención constitucional, organismo que redactaría la constitución nueva, con un sistema de paridad e inclusión a los independientes, como todos creemos que va a ser y por una amplia mayoría, se va a redactar una nueva Constitución. Al final de este proceso se va a hacer un Plebiscito en el que se vota por aprobar o no el texto propuesto. En ese momento, la Constitución vigente, que es la de la dictadura de Pinochet, deja de existir y comenzaría a regir la Constitución redactada en democracia.

O.M. – La constitución, a nuestro juicio, murió el 25 de octubre. Luego viene un interregno en que la calle es decisiva. El acuerdo que establece las reglas para que funcione la convención constitucional mantienen las facultades de bloqueo de la minoría. Si del proceso sale una Constitución que no refleje las demandas de la calle y la gente la rechaza, no veo cómo la elite va a argumentar la vigencia de la constitución de 1980 luego de haber sido desahuciada en un Plebiscito. Se puede abrir una fase muy inestable hasta que exista un ordenamiento jurídico acorde a las aspiraciones de las mayorías en que no es descartable que una prolongación del conflicto involucre una salida de derechas “a la europea” vía la reinstalación de una razón regresiva en la sociedad, como ocurrió a raíz del Brexit y la derrota de los laboristas en Inglaterra, o una salida “latinoamericana” vinculada a una mayor intervención de Estados Unidos, que no descarta el factor militar. Aunque esto se ve hoy lejano, no es descartable, sobre todo en un escenario en que la izquierda pueda llegar al gobierno el próximo año. La experiencia de Honduras o la crisis boliviana que culminó con un golpe militar “blando” son soluciones que siempre están en la mesa del imperialismo.

 

  • Las movilizaciones han tenido un fuerte discurso contra el sistema vigente y han sido respaldadas por una amplia mayoría. A partir de esto ¿puede gestarse un discurso contra el modelo del libre capital y derivar en movilizaciones hacia el socialismo u otro tipo y modelo de Estado?

T.H. – Debería generarse un proyecto de construcción de un modelo diferente en lo económico. No es posible que una Constitución amarre a un modelo, en este caso el neoliberal, el Estado subsidiario. Hay que generar una Constitución que permita la diversidad de formas de desarrollo en lo económico, en la que el Estado tenga un rol fundamental, que exista una economía mixta y que, por cierto, también exista la propiedad privada. No creo que haya que derivar necesariamente hacia el Socialismo, pero si hacia formas diversas de propiedad. Yo diría que hay que orientarse hacia el Humanismo, es decir, la ubicación del ser humano como valor central y todo lo que eso implica, en especial la parte en la que se garantizan derechos fundamentales.

O.M. – Atilio Boron tiene una frase muy elocuente cuando dice que “en América Latina para hacer reformas se requieren revoluciones”. El socialismo como finalidad es un puente demasiado lejos, pero para los y las Libertarias es camino que comienza por incorporar gradualmente categorías de transición en la próxima fase post neoliberal. Entre ellas incorporar la dimensión de las diversas formas de propiedad y un marco para un estado fiscal fuerte que fomente nuevas relaciones de producción tanto en el área social como cooperativa o asociativa. Ello junto a la recuperación de la soberanía lo que pasa por los recursos naturales y en un primer término la recuperación del cobre y el agua.

Comienza un camino largo hacia ese objetivo y nosotros no renunciaremos jamás al socialismo como horizonte emancipatorio.