¿Equiparar la violencia doméstica con la violencia machista?

Rafael Silva


Esta puede ser la primera cesión, fagocitar a las mujeres en un acuerdo como si todos los miembros de la familia tuvieran las mismas expectativas de agresión, y como si los hombres no fueran mayoritariamente los agresores y las mujeres las víctimas

Rafael Almazán


Violencia doméstica, violencia familiar o violencia intrafamiliar, entre otras denominaciones, es como se llama a aquélla que afecta a cualquier miembro de lo que se considere una familia: puede tratarse de violencia de los padres contra los hijos, de los hijos contra los padres, de ambos contra los abuelos, etc. Bien, la pregunta es…¿Qué tiene que ver todo esto con la violencia machista? Ni siquiera la etiología de la violencia es la misma, porque si en el caso de la violencia doméstica concurren miles de factores que la determinan, en el caso de la violencia machista (es decir, de la violencia que ejerce el hombre contra la mujer sólo por el hecho de serlo) lo que concurre y la hace posible es el patriarcado y todas sus manifestaciones. No tendría sentido por tanto mezclar churras con merinas, abandonar todos los pasos adelante que se han dado en pro de la protección de las mujeres (que aún siguen siendo insuficientes), y colocar todas las violencias en el mismo saco, como si fueran variantes cuyas causas múltiples se diluyen como azucarillo en agua.

Ilustración de Javier F. Ferrero

Las violencias machistas o de género son una lacra en nuestra sociedad. Las genera el patriarcado, todo ese sistema de dominación cultural que ejerce el hombre sobre la mujer desde hace siglos, y que se manifiesta en infinidad de dimensiones. No se puede mezclar por tanto con la violencia de hijos contra padres, o de éstos contra abuelos, porque obedecen a una casuística distinta, que emana de otros factores que determinan la realidad psicosocial de las personas. No existen anualmente 50 (pongamos por caso) abuelos asesinados por sus nietos, ni 50 hijos maltratados por sus padres. Ni 50 parejas homosexuales, donde un miembro de dichas parejas haya asesinado al otro miembro, sea éste/a hombre o mujer. Y como la violencia de género es una lacra que tenemos que erradicar de nuestra sociedad, están justificadas todas las medidas que se tomen explícitamente en todos los órdenes para erradicar el patriarcado, último responsable de este tipo de acciones violentas. Hay que proteger a las mujeres desde el ámbito policial, desde el ámbito judicial, desde el ámbito social, desde el ámbito educativo, desde el ámbito laboral, y desde todos los demás ámbitos, pues el patriarcado se manifiesta en todos esos ámbitos y va creando (lo ha hecho durante siglos) las relaciones de desigualdad, de dominación y de dependencia, que discriminan a la mujer sobre el hombre, y que en último término provocan que abusen de ellas, que las violen, que las maltraten, que las asesinen, que las hieran, que las discriminen laboralmente, que las prostituyan, que utilicen sus vientres en alquiler, que les condenen a unos determinados roles, etc.

La irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía ha provocado que este tema vuelva a la palestra una vez más. La extrema derecha, machista por naturaleza (además de homófoba, misógina, racista, patriarcal, capitalista, explotadora, católica…), quiere hacerse oír en Andalucía (como hará en el resto de Parlamentos autonómicos donde consiga representación, incluido el Congreso y el Senado), y para ello, sin ir más lejos, ha requerido a PP y Ciudadanos que revisen el pacto alcanzado entre ambas fuerzas políticas, para eliminar las partidas presupuestarias destinadas a luchar contra la violencia de género. Para ellos, en su supina ignorancia y manifiesto machismo, estas partidas son inconstitucionales, porque “discriminan a los españoles, al no considerar iguales al hombre y a la mujer”. Hace falta además ser bastante cínico para argumentar esto. Pues bien, la respuesta del PP ante tamaño despropósito ha sido la de intentar dar “gato por liebre”, ceder pero sin ceder, hacer que entra al trapo pero sin entrar, y no se les ha ocurrido otra cosa que tentar a Vox con la posibilidad de ampliar partidas presupuestarias que incluyan “todos los tipos de violencia doméstica”.

No podemos consentirlo. Desde esta humilde tribuna hacemos un llamamiento a todas las organizaciones de mujeres, pero también de hombres, para que se manifiesten contra este sinsentido, contra esta estafa, contra esta sinrazón, pero sobre todo, contra esta injusticia. Joaquim Bosch, de Jueces y Juezas para la Democracia, lo ha explicado muy claramente en Twitter:En la violencia en la pareja el 95% de los condenados son hombres. Y casi el 100% de los agresores sexuales también son hombres. Hay que ser muy machista para no captar la discriminación estructural de las mujeres y para no entender la necesidad de medidas de protección”. Y concluye: “La violencia es un instrumento estructural del machismo para un orden social discriminatorio. Eso exige medidas específicas: los hombres van a correr sin miedo a que los maten y las mujeres no. Casi el 100% de las agresiones sexuales las cometen hombres y las víctimas son mujeres”.

Las violencias machistas existirán mientras exista el patriarcado, que aliado con el capitalismo, son los dos motores que las hacen funcionar, y les dan oxígeno, porque convienen a sus intereses. No podemos dar ni un paso atrás en lo ya conquistado, más bien al contrario, hemos de exigir una lucha transversal, es decir, la inclusión obligatoria de la perspectiva de género en todos los ámbitos, para erradicar los motivos que causan todas las violencias contra las mujeres. El discurso y las medidas contra la violencia de género no pueden ser diluidas, sino que tienen que ser reforzadas. Eso que la extrema derecha (y gran parte de la Iglesia Católica) llama perversamente “Ideología de género” no es sino la defensa de la mitad de la humanidad frente a la otra mitad, hacia un mundo más igualitario. Flavo favor haremos a la causa si dejamos que ganen esta batalla.


Necesitamos tu ayuda para seguir adelante con el periodismo crítico, ayúdanos a no tener que depender de publicidad externa y que Contrainformación sea solo de sus lectores. Con 1, 2, o 3 euros al mes nos ayudarás a seguir mostrándote nuestros artículos críticos.

Ayúdanos a seguir ofreciendo Contrainformación.

mm
Soy un malagueño de izquierdas, enamorado de los animales, y de mi profesión, la enseñanza. Soy profesor de nuevas tecnologías y crítico de las mismas, sobre todo de los cursos de F.P.O. (Formación Profesional Ocupacional) de la Junta de Andalucía. Me hice analista político ante la terrible deriva del capitalismo de nuestro tiempo, ante la necesidad de alzar la voz ante las injusticias, ante las desigualdades, ante la hipocresía, ante la indiferencia, ante la pasividad, ante la alienación. Sentí la necesidad vital de aportar mis puntos de vista, mi bagaje personal, y de contribuir con mi granito de arena a cambiar este injusto sistema.

Deja un comentario