Economía

¿Eres pobre? Cuestión de clase

Julia Castillo. Activista social

Eres pobre, créeme. La probabilidad de que lo seas, si me estás leyendo, es muy elevada. Los ricos, y la clase media, la de verdad, no leen lo que escribimos los pobres. Ni siquiera nos conocen. Se mueven en otra dimensión. 

Cometemos el grave error, entre otros, de creernos clase media. ¡Ingenuos!

La estratificación social ha creado varios tipos y, el último, el “nuestro” es el de CLASES.

Antes estuvo el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, las castas… y ahora le toca al nuestro, la clase.

Son estereotipos, ninguno es puro. De hecho, todos tienen algo de sus antecesores. ¿Te cabe alguna duda de que este tiene algo de esclavismo? A mí ninguna. 

Hubo un tiempo, no mucho, en que, en este país, nos creíamos de clase media todos aquellos que habíamos conseguido salir de la miseria y teníamos un televisor en casa. Aunque papá trabajase de sol a sol. Aunque mamá hiciese encaje de bolillos para pagar las letras que papá había firmado, una a una, por ese televisor que lucía, primorosamente en un ángulo del salón, de tal manera que los vecinos, al pasar por la acera y haber dejado la cortina entreabierta, pudiera verlo y morirse de envidia. ¡Claro!, habíamos ascendido de clase. ¿Ingenuos? No, simplemente nos creíamos aquello que nos hicieron creer. Lo mismo que ahora. Solo que ahora somos más y más crédulos. 

¿Sabes como se definiría la clase media?

En palabras de un antropólogo de cierto prestigio, como es Carlos Peláez, antropólogo y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, se considera clase media a “aquellos que se dedican a profesiones intelectuales más que manuales y que tienen una red de contactos con cierta influencia”. Y añade: “Aunque el dueño de un restaurante pueda ganar más al mes que un abogado, es el abogado el que se considera clase media”. 

La verdad es que, ambigüedades aparte, saber si perteneces, o no, a la clase media, es algo complicado si te atienes a las definiciones, ya que dependería del antropólogo/ sociólogo/ economista/ político que defina las clases, pero creo que la tabla más clara que he visto hasta la fecha es esta (8 años después sigue siendo válida). https://economistasfrentealacrisis.com/donde-esta-la-clase-media/

Estoy convencida, y tú lo estarás también, que la mayoría de nosotros pertenecemos a la CLASE TRABAJADORA. Andamos muy lejos, cada vez más, de ser CLASE MEDIA. Esa clase, la trabajadora es, realmente, el PROLETARIADO.

¿Qué somos qué?

PROLETARIOS 

¿Sabes de dónde viene el término? Pues de PROLE. Sí, de hijos. 

El proletariado era aquella clase social que, en la época de los romanos, tenía un patrimonio constituido por sus hijos. Valor importante, muy importante (poseías mano de obra) al servicio del Estado. Está claro que ya entonces identificaba a la clase obrera. 

En la Edad Media, si no recuerdo mal lo estudiado, se revelaron contra el opresor. No tenían mucho que perder. No tenían más que su mano de obra como patrimonio. ¿Vamos hacia ahí también nosotros?

Y no me digas que tú tienes patrimonio. Más de un amigo me ha respondido eso mismo.

 ¿No debes nada? ¿Ya has pagado tu vivienda? ¿No? Entonces descuenta al supuesto valor de tu vivienda (valor de mercado, no hagas trampas) lo que le debes al banco. La diferencia, si es que es positiva, es tu patrimonio real. 

Cuando se habla de riqueza lo que cuenta al patrimonio o propiedades, no al salario. No olvidemos que es el patrimonio lo que distingue al rico de quien no lo es.

¿Por qué te cuento todo esto? Pues porque intento llamar tu atención y que te des cuenta de que no somos, ni tú ni yo, de ninguna clase que no sea la trabajadora. Solo somos proletarios. 

No se nos puede etiquetar como clase media, ni siquiera estamos en la franja de la media baja. Nos toca, ya, caernos del guindo.

 Pertenecemos a la «clase-que-vive-del-trabajo», es decir, la clase de los que viven de la venta de su fuerza de trabajo.

Tengo una imagen que quiero que observes 

Como puedes ver la prenda ha sido fabricada en Etiopia. Quizá uno de los países más pobres del planeta. 

Lo compramos nosotros a un precio irrisorio (es un bañador de caballero con precio de venta 2,99 euros). Aquí no podríamos confeccionarlo por ese precio ni de broma… de momento.

¿Qué pasa si en vez de comprar en esta firma nos vamos a otra que ofrece más garantía de productos fabricados sin explotación humana? Que nos engañarían, porque solo aumenta el margen comercial. La confección viene de el mismo país o de otro similar.

¿Queremos productos ecológicos y, a la vez, respetuoso con los derechos de las personas? No podríamos pagarlos. No te engañes.

¿Qué pasará el día que no queden países (y humanos en ellos) a los que explotar?, ¿esta cadena de consumismo se nos caerá encima cual castillo de naipes?

Piénsalo bien.

¿Te has dado cuenta de que cada vez cobras menos? ¿Qué el IPC real (el oficial) del pasado año superó el 8%?

Calcula tu propio IPC. Te ayudo. Tendrás que hacer unas cuantas cuentas.

Suma recibos anuales. Por bloques: Electricidad, teléfono, hipoteca (o alquiler), gasolina, bonos transporte, alimentación, colegios, etc.

De los gastos fijos que afrontas anualmente, ¿cuál es el que se lleva más dinero? ¿la hipoteca?, ¿la alimentación?, ¿la electricidad?, ¿el colegio de los niños?… Mira qué pagaste en el 2019, por ejemplo, y lo que pagaste en 2021. Calcula el porcentaje de subida. Luego compáralo con el porcentaje que ha subido tu nómina. ¿Ganas o pierdes?

Juego con ventaja, sé que pierdes. Al menos la mayoría de la clase trabajadora (proletaria), pierde.

Es fácil de ver. Solo hay que observar. Mira, en el super. Mira que estanterías se vacían más rápidamente. ¿A que son las de los alimentos más baratos y que más fácilmente llenan los estómagos? Eso significa algo. ¿Quizá que el poder adquisitivo sigue bajando? 

¿Cómo vamos a afrontarlo? Podríamos ser menos consumistas, porque lo que consideramos imprescindible volverá a no serlo (como en mi niñez), pero ahora es difícil desandar lo andado. No se puede echar de menos lo que no se conoce, pero nosotros, vosotros, ellos… conocen los buenos móviles, la televisión de alta resolución, las gameboys para los niños, el coche con 7 plazas (aunque seamos 3 de familia… ¡ah! Y el perro, que es una persona más y cuesta más que una persona mantenerlo). ¿Quién prescinde de algo de eso si todo es IMPRESCINDIBLE? El armario rebosa ropa. Prendas con su etiqueta terminan en tiendas de segundamano, como donativo (y nos creemos generosos por ello). Algunos pequeños electrodomésticos siguen, en sus cajas, escondidos en un rincón detrás de los manteles o de los vasos que nunca usamos ni usaremos.

Lo veo muy negro, pero me conformo con haberte hecho pensar. 

Otro día, más.

Julia Castillo. Activista social

   

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