La Asamblea General de la ONU votará hoy lunes un nuevo acuerdo para logra una respuesta más sólida, justa y equitativa a los grandes movimientos de refugiados. El Pacto Mundial sobre Refugiados dará más apoyo a los que huyen de sus lugares de origen, pero también a los países que los reciben.

 

Se ha diseñado para crear un modelo más sólido y sistemático que mejore las vidas de los refugiados y las comunidades de acogida, y no se debe confundir con el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular que se adoptó en Marrakech la semana pasada.

Pero empecemos por lo básico, ¿qué diferencias hay entre un migrante y un refugiado?

Los refugiados son personas que se encuentran fuera de su país de origen por temor a la persecución, al conflicto, la violencia generalizada, u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público y, en consecuencia, requieren protección internacional.

Los migrantes, según la definición de las Naciones Unidas, es “alguien que ha residido en un país extranjero durante más de un año independientemente de las causas de su traslado, voluntario o involuntario, o de los medios utilizados, legales u otros”.

 

¿Es necesario otro pacto para los refugiados?

Sí, porque el Pacto Mundial sobre Migración se ocupa de los migrantes y Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, de los refugiados. Aunque ambos son personas que han salido de su país, hay una distinción legal importante entre unos y otros.

La Declaración de Nueva York, adoptada en septiembre de 2016, estableció dos Pactos: uno sobre refugiados y otro sobre migración. Ambos son coherentes entre ellos, pero también persiguen objetivos muy diferentes. 

Al final del 2017, había cerca de 25,4 millones de personas refugiadas alrededor del mundo, de las cuales más de la mitad son menores de 18 años. Además, la gran mayoría de las personas refugiadas (85%) viven en países en desarrollo.

Otros países realizan contribuciones financieras o de otro tipo a las personas refugiadas, pero su número es limitado. Diez donantes gubernamentales (incluida la Unión Europea) proporcionan casi el ochenta por ciento de los fondos del ACNUR, por ejemplo, y más de los dos tercios de las solicitudes de reasentamiento del ACNUR se dirigen a solo cinco países.

La brecha entre las necesidades de las personas refugiadas y las acciones para atenderlas es amplia y cada vez mayor.

 

El pacto

Este pacto ha sido decidido por los Estados Miembros de la ONU, expertos, sociedad civil y refugiados. Esto incluyó discusiones temáticas, consultas formales y evaluaciones en el Diálogo del Alto Comisionado sobre los Desafíos de Protección en diciembre de 2017.

Aunque no es jurídicamente vinculante, el Pacto orienta a la comunidad internacional para apoyar a los países y comunidades de acogida y a los refugiados. Este apoyo incluye recursos financieros adicionales, respaldo político, asistencia técnica, acuerdos comerciales preferenciales, mayor acceso al reasentamiento…

“Los refugiados son una preocupación internacional y una responsabilidad compartida. En el pacto, por primera vez tendremos un modelo práctico y factible, una serie de herramientas para traducir los principios en medidas”, explicó Filippo Grandi, el Alto Comisionado para los Refugiados, en la ONU. Tras décadas de mantener a los refugiados “apartados, relegados en campamentos en los márgenes de la sociedad”, decía Grandi, «el pacto da paso a un enfoque distinto». “Incluir a los refugiados en la sociedad y la economía del país de acogida y permitirles que contribuyan a sus nuevas comunidades y que aseguren su propio futuro”, explicó, señalando que el pacto mundial comenzó con la solidaridad de estas comunidades.

Sus cuatro objetivos clave son:

1. Aliviar las presiones sobre los países que acogen refugiados;

2. Desarrollar la autosuficiencia de los refugiados;

3. Ampliar el acceso al reasentamiento en terceros países y otras vías complementarias;

4. Fomentar condiciones que permitan a los refugiados regresar voluntariamente a sus países de origen con condiciones de seguridad y dignidad.

La Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes en septiembre de 2016, incluyó dos pasos clave sobre refugiados:

· Adoptaron el Marco de Respuesta Integral para los Refugiados o ‘CRRF’ (por sus siglas en inglés), que establece medidas que debe tomar la comunidad internacional en respuesta a una situación de refugiados a gran escala. En Centroamérica, donde hay 307.900 personas refugiadas y solicitantes de asilo, Belice, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México y Panamá crearon el Marco Integral Regional para la Protección y Soluciones (MIRPS), la aplicación regional de este pacto.

· Segundo, los Estados Miembros se comprometieron adoptar un ‘Pacto Mundial sobre Refugiados’ en 2018. Para ello, solicitaron al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que consulte con los Estados miembros y partes interesadas y propusiera un pacto.  La propuesta de pacto se presentó el 20 de julio de 2018.

El Pacto Mundial sobre Refugiados establece la arquitectura para que ante una gran crisis de refugiados la respuesta internacional sea “más sólida, más predecible y más equitativa”.  

l pacto analiza lo que pueden aportar, además de los países miembros, el sector privado, las comunidades confesionales y las instituciones financieras internacionales.

El Banco Mundial ha establecido un instrumento financiero específico para los países de bajos ingresos -2000 millones de dólares durante un par de años- para ayudarles a abordar el impacto socioeconómico de los flujos de refugiados.

 

Diferencia marcará el Pacto en la vida de los refugiados o en las comunidades que los acogen.

Con la aplicación del pacto veríamos “una mejora en la educación de los niños refugiados, así como un mejor acceso a los servicios de salud, y más oportunidades de conseguir trabajo”, explica Volker Türk. ACNUR también espera que las comunidades acojan a los refugiados “de una manera diferente”, apartándose de las políticas de campamentos.

Además, el pacto aseguraría que países que reciben muchos refugiados, como Líbano, Uganda, Rwanda, Irán, y los de Centroamérica,  en los que las infraestructuras y los servicios de salud se ven sobrepasados,  tengan apoyo. “No solo desde una perspectiva humanitaria, sino también desde una perspectiva de cooperación para el desarrollo. Esa es la novedad”, añade Türk, que también espera que obtengan más plazas de reasentamiento y más alternativas para el traslado a terceros países – como la reunificación familiar, las becas para estudiantes o las visas humanitarias.

 

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