Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el segundo trimestre de 2018 refleja 469.900 personas empleadas más que en el primer trimestre del año (un 2,49%), hasta alcanzar 19,34 millones. En términos desestacionalizados esta variación trimestral es menor, del 1%.
Por la propia naturaleza estacional del modelo productivo, las mejores cifras en el segundo trimestre se originan en el sector privado (457.800 empleos más en el trimestre), frente al público (12.100). En el año crece la ocupación en ambos casos, aunque con mayor intensidad relativa en el sector público (un 3,80%, frente a un 2,64%).
El desempleo también disminuye en 306.000 personas (un 8,06%), situándose el número total de desempleados en 3.490.100. En la serie desestacionalizada el descenso es del 4,09%.
Debido al inicio de la temporada de verano, se produce un fuerte aumento del empleo temporal en el trimestre, con 233.700 ocupados temporales más (un 5,67%), mientras el empleo indefinido solo crece un 1,98%, pero no se trata meramente de una cuestión estacional, en el año el empleo temporal ha subido un 3,59%, por lo que la tasa de temporalidad asciende de nuevo hasta valores máximos del 26,8% de los asalariados.
Una lectura real de estas cifras arroja que la fase de expansión económica que vive España se ha nutrido de temporalidad (llegando al 26,8% de los asalariados), parcialidad involuntaria (situada en este trimestre en el 54,2%), y otras formas de subempleo.
Se está produciendo una clara extensión del paro de larga duración, cerca de 1,3 millones de personas llevan buscando empleo 2 años o más. Además, 1,1 millones de hogares tienen todos sus miembros en paro y la tasa de cobertura que no logra subir del 56%.
A ello hay que añadir el impacto de efecto desánimo. Resalta el continuado incremento en el número de personas en situación de inactividad entre los 30 y los 60 años, mostrando un volumen superior a 3 millones de personas.
Esta es la herencia del PP, un este modelo de crecimiento basado en la precariedad y los bajos costes, y que debe revertir el nuevo gobierno. Es imprescindible un cambio en las políticas económicas y de empleo. Los Presupuestos Generales del Estado deben reflejar el estímulo a los factores que permiten a una economía crecer de forma sostenible, en industria, innovación y conocimiento, logrando aumentos de productividad y competitividad.
Las políticas de empleo deben enfocarse a la creación de empleo de calidad y con derechos, a la mejora de los salarios de la población, a la reducción del desempleo de larga duración, a través de la protección de las personas y el impulso de las políticas activas desde lo público.

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