Querida Jane:

Espero que te encuentres bien. Te escribo hoy para contarte el caso de una escritora irlandesa a la que se ha estado relacionando contigo y tus novelas. Seguro que te suena, se llama Sally Rooney.

Aunque es mejor conocida por sus tres novelas (Conversaciones entre amigos (2018), Gente normal (2019) y Dónde estás, mundo bello (2021)), Rooney es también autora de ensayos e historias cortas. Igual que tú, mantiene una buena relación con el audiovisual. Sus dos primeras novelas han sido adaptadas a la pequeña pantalla con gran éxito, ambas desarrolladas por Hulu y dirigidas por Lenny Abrahamson.

Además de relacionarla contigo, ha sido comparada con Mary Wollstonecraft y su propio editor la etiquetó como “Salinger para la generación de Snapchat”.

Entonces ¿qué tiene que ver en realidad Sally Rooney, una escritora nacida en 1991, con la gran Jane Austen?

Amor y familia

La primera y más básica semejanza entre ambas es el tema de vuestras novelas. La propia Rooney reconoce que “las relaciones amorosas son el motor principal” de su obra, y lo mismo podríamos decir de ti.

Lo que más le interesa a la irlandesa son las dinámicas entre los personajes, cómo se relacionan unos con otros y lo que eso supone para cada uno. Del mismo modo, en tu caso, ¿qué sería Elizabeth sin Darcy o Emma sin Knightley? Por cierto, te sentirás halagada al saber que Connell, uno de los protagonistas de Gente normal, lee y disfruta de tu Emma.

Como es de esperar, sin embargo, la pasión y la sensualidad que imprimís en vuestras obras es diferente. En Rooney encontramos escenas bastante más explícitas y directas que la castidad de tus heroínas. No es solo Snapchat; Rooney escribe también para la generación de Tinder.

En cambio coincidís en el hecho de que esas relaciones entre los personajes no se limitan a temas amorosos, sino que los vínculos entre amigos/as y familiares, especialmente los padres en el caso de Rooney, son altamente relevantes.

En sus novelas la figura del padre no suele ser positiva. En Conversaciones entre amigos, Frances parece estar traumatizada por una infancia marcada por el abandono de su progenitor, alcohólico, del que sigue dependiendo económicamente. En Gente normal, Marianne (¿acaso te recuerda a alguien ese nombre?) arrastra el trauma de la violencia doméstica, primero a manos de su padre y después de su hermano.

En tu obra también planea la presencia de los padres. Sin embargo, tu forma de tratarlos es más cariñosa. En Sentido y sensibilidad la figura paterna es muy importante, aunque apenas esté presente, y son memorables la ironía del señor Bennet en Orgullo y prejuicio y las manías del señor Woodhouse en Emma.

Estatus social

El tema de la importancia de las clases sociales une rápidamente al mundo contemporáneo de Rooney con tu propia era. La clase social es muy importante en tus novelas, ya que las relaciones entre los personajes se basan principalmente en ella. El señor Darcy, por ejemplo, no contempla en principio sentir ningún tipo de atracción por Elizabeth Bennet, de clase social inferior y con una madre y hermanas de dudosa reputación. En Sentido y sensibilidad, la muerte del padre deja a las hermanas Dashwood con una herencia mínima, ya que la hacienda de la familia pasa al hijo, y esto hace que su futuro dependa del hombre con el que se casen.

En Rooney ocurre algo similar, ya que sus personajes son plenamente conscientes de la importancia que el dinero tiene en el siglo XXI. Frances en Conversaciones entre amigos depende para subsistir del dinero que su padre le manda de vez en cuando, hasta que se encuentra con la cuenta bancaria a cero y la necesidad real de vender sus historias más personales para poder mantenerse.

Esto es algo presente también en Gente normal y en Dónde estás, mundo bello. Las relaciones entre Marianne y Connell y Alice y Felix, respectivamente, están basadas en esta diferencia social: los hombres se sienten inferiores a las mujeres debido a su menor estatus económico.

Silencio y malentendidos

También en ambas se puede percibir cierto protagonismo del silencio. Irónicamente, en Conversaciones entre amigos es más lo que no se dice que lo que sí, lo que se esconde que lo que se enseña.

Frances ha aprendido desde pequeña a reprimir sus sentimientos, a esconderse de los ataques de malhumor de su padre, y usa su cuerpo como lugar de castigo. De hecho, tanto ella como Marianne en Gente normal se autolesionan y se sienten inútiles y faltas de valor. Eso las hace alejarse de Nick y Connell, respectivamente, a quienes no son capaces de transmitir la intensidad de lo que sienten. En Gente normal, esto lleva a malentendidos (presentados por la autora desde los dos puntos de vista) que acaban en la ruptura (momentánea) de la pareja.

El silencio también aparece en tus novelas. El mejor ejemplo lo encontramos en Sentido y sensibilidad. Elinor, la hermana mayor, contiene sus sentimientos (al contrario que su hermana pequeña Marianne), probablemente para evitar el dolor. El hecho de esconder su amor lleva, una vez más, a malentendidos y a que el señor Ferrars, su pretendiente, crea que Elinor no está interesada.

Momento en el que Elinor, en la adaptación de Sentido y Sensibilidad, deja de reprimir sus sentimientos.

De la misma manera, Elizabeth y el señor Darcy también se habrían evitado muchos disgustos si hubieran confesado más de lo que creían implícito. Los lectores de Rooney y los tuyos, estoy segura, se tiran de los pelos mientras atienden a los enredos a los que lleva el silencio.

Menos corsés y más internet

La escritora irlandesa hasta emula la comunicación epistolar de los personajes, pero con el uso de email y Facebook –una sustitución necesaria incorporada en el texto con la naturalidad que este tipo de comunicación tiene hoy en día–. Sally Rooney, por lo tanto, es una autora del siglo XXI y eso queda plenamente visible en sus obras. Snapchat, Tinder, correos electrónicos, las stories de Instagram… nada sobra. Lo que daría por ver cómo tratarías tú la comunicación en internet…

Porque, a la vista de las pruebas, es una verdad universalmente reconocida que, entre ambas, la esencia de vuestras historias es la misma desde hace doscientos años.

Con cariño,

Alicia

Alicia Muro – The Conversation

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