Marruecos abre y cierra el flujo migratorio tanto en el Estrecho, Ceuta y Melilla, como en el Atlántico, costas del Sáhara ocupado, como método de presión para condicionar la actitud del Gobierno de España.

En las últimas semanas más de 2.300 migrantes han llegado a las costas canarias procedentes de Marruecos y del Sáhara ocupado. La presión migratoria sobre el archipiélago se ha multiplicado desde el inicio de las tensiones en el Sáhara Occidental, dónde el Frente Polisario ha declarado la guerra a Marruecos tras la violación del alto el fuego por parte de Rabat.

Desde el inicio de 2020 un total de cerca de 18.000 migrantes han llegado a Canarias, de los cuáles más de 8.000 lo han hecho en el mes de octubre. Una cifra que podría superar el mes de noviembre de mantenerse la actual tendencia.

Estas personas, proceden del África subsahariana y mayoritariamente del propio Marruecos, donde la precariedad y crisis social es máxima. Parten desde las ciudades costeras del país vecino hacinados en barcazas de pesca con las que recorren los 500km del Océano Atlántico que separan Canarias de las costas saharauis y marroquís. Los viajes son organizados por mafias y tolerados o restringidos por el rey Mohamed VI, quién abre y cierra el flujo migratorio en función de las circunstancias políticas.

Así, desde el inicio de las tensiones en el Sáhara Occidental, Marruecos ha permitido que estos peligrosísimos viajes ilegales se multipliquen. El objetivo, recordar a España qué papel debe jugar ante la declaración del Estado de guerra del Frente Polisario.

La consecuencia ha sido el desborde de los servicios migratorios españoles, completamente saturados. La situación en Canarias «es límite», tal y como ha admitido el propio Gobierno de España. En el gran canario muelle de Arguineguín, dónde son conducidos los migrantes al llegar a aguas nacionales, la situación es de completo caos. Más de 2.000 personas permanecen desde hace días en instalaciones con capacidad para 500. Muchos duermen al raso y no se cuenta con aseo y baños para todos; todo en plena crisis sanitaria por la COVID-19. Varias ONG y asociaciones de Derechos Humanos han denunciado a las autoridades españolas por no aplicar la ley y mantener en condiciones infrahumanas a estos migrantes.

La respuesta del Gobierno español, lejos de denunciar el chantaje marroquí, ha sido la de movilizar en pleno a su gobierno para satisfacer a la dictadura al alauita. Hasta cuatro ministros están trabajando en esta crisis migratoria sin señalar la causa real: José Luis Ábalos y José Luis Escrivá, titulares de los ministerios de Transporte y Migraciones, se han desplazado a Las Palmas; Carolina Darías, Ministra de Política Territorial, ha realizado un “plan de choque”; y Grande-Marlaska, al frente de Interior, ha viajado a Marruecos para pedir a Mohamed VI mayor control. A ello podríamos sumar a la Ministra de Exteriores, Arancha González Laya, quien ha criticado en un comunicado oficial las protestas prosaharauis en Valencia, “solidarizándose” con el reino de Marruecos porque un grupo de manifestantes intentó ondear una bandera de la RASD en el mástil del consulado alauita de la ciudad.

El ejecutivo español demuestra con este movimiento que mantiene su alianza con Marruecos, un acuerdo que va más allá de lo migratorio y supone la no intervención en el conflicto saharaui. Control migratorio a cambio de inmovilismo ante nuestra excolonia.

Por la vía de los hechos, el gobierno PSOE-UP mantienen la política aplicada desde Adolfo Suárez, la del silencio. La pregunta es hasta cuándo España seguirá cediendo al chantaje marroquí y dará la espalda a sus responsabilidades internacionales, pues sigue siendo potencia administradora del Sáhara.

En una entrevista con el medio de política internacional Descifrando la Guerra, el Delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, ya advirtió: «el nuevo gobierno de coalición se encuentra ante la historia». Pues bien, a luz de lo sucedido parece que por el momento, «el Gobierno más progresista de nuestra democracia» continúa escribiendo la historia a espaldas del pueblo saharaui.