Por Cynthia Duque Ordoñez

Más de 30 años después de la “restauración borbónica” en España, empieza a renacer el movimiento republicano acallado a punta de fusil para cuestionar el sistema político vigente. Cada vez es más habitual ver banderas tricolores en la calle, empiezan a surgir diversas plataformas ciudadanas por la república, se empiezan a ver protestas simbólicas contra la monarquía o incluso iniciativas políticas para consultar a las masas (referéndum).

La república es una forma de gobierno tan antigua como la civilización misma, que no conoce de continentes ya que en todos, antes o después, se optó por tomarla como forma de organizar la vida política.

La república en la historia

La primera república de la que se tiene conocimiento es la antigua confederación de tribus hebreas de Palestina en el siglo XV a.C. Esta duró hasta el establecimiento de la monarquía el año 1020 a.C. A partir del siglo VIII a.C. y durante cientos de años, la mayoría de las Ciudades-Estado de la Grecia clásica fueron repúblicas. Durante más de 300 años la república también fue la forma de estado en Cartago, hasta su derrota a manos del imperio romano el 146 a.C. Asimismo, la propia Roma fue la República durante cinco siglos. En el siglo IV d.C. se establece la república de San Marino, siendo por tanto la más antigua de las que existen en la actualidad.

Entrados ya en la Edad Media, en Islandia se creó una república en el año 930, con un gobierno más o menos democrático. Duró más de 300 años. Las Ciudades-Estado del norte de Italia, gobernadas por la burguesía, instauraron el modelo republicano, como instrumento político, aunque imperfecto ya que dejaba fuera del gobierno a la mayoría de la población. Y con esa idea en mente concretamos la búsqueda por la República Popular y Socialista que no excluya del gobierno a las clases no adineradas, algo que indirectamente ocurre en repúblicas europeas o americanas en manos de los mercados financieros y alejados del pleno poder popular del cual emana la soberanía.

La República Popular

Rousseau establecía el concepto de “república legítima” asociándola al Estado fundado en el principio de soberanía popular. Precisó el modelo de dicha República en estado de equilibrio, es decir, delinear un sistema de proposiciones que definen el tipo de exigencias que racionalmente deben darse para que la república legítima pueda en efecto considerarse como la condición de posibilidad del logro de la dignidad humana. La “república legítima” es la forma de organización política de un pueblo basada en el principio de soberanía popular.

La soberanía es popular o simplemente no es más que fuerza o imposición no legítima. Para Rousseau, la persona moral de la República, constituida en asamblea por los ciudadanos, es el titular de esta soberanía y en esta condición ejerce la función legislativa, encargada de determinar la voluntad general.

Por otra parte, es necesario que se aplique la ley. La aplicación de las leyes es un acto que no corresponde a la Asamblea Legislativa sino al Gobierno, a través del uso de la fuerza soberana de la cual es depositario. Así, Rousseau no sólo distingue la función Legislativa de la Ejecutiva, sino que también subordina esta última a la primera.

A partir de entonces, durante el siglo XIX, cualquier lucha revolucionaria, tenía como consecuencia la instauración inmediata de una república popular y por ende socialista tras los avances políticos introducidos por Karl Marx que tomaron vida en la Comuna de París, un primer intento necesario para el triunfo de la posterior Revolución de Octubre. Esto es especialmente así en el proceso de independencia de la América Latina, que supone la creación de numerosas repúblicas.

Ya en el siglo XX, sucede un hecho que abre un nuevo capítulo en la historia del republicanismo. Se trata de la Revolución Rusa de 1917 y la transformación del Imperio Zarista en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Su influencia posterior en el pensamiento republicano del siglo XX es enorme y supone una nueva forma de república, alejada del modelo republicano burgués anterior: la República Socialista.

Las Repúblicas españolas

España ha tenido a lo largo de su historia dos experiencias republicanas. La I República (1873-1874) intentó llevar la democracia y la modernidad al país pero sucumbió ante la inestabilidad provocada por la precaria situación de la nación llena de conflictos internos. La II República (1931-1939) perseveró por sacar a España de su atraso y acabar con los privilegios de los poderes oligárquicos que eran los causantes de este atraso (sobre todo en los periodos del Bienio Reformador y del Frente Popular), lo que le supuso la enemistad de estos últimos.

Finalmente estos poderes se rebelaron contra la República con el resultado de una guerra que algunos llaman “civil”, pero lo cierto es que fue el resultado de un fallido golpe de estado fascista como los acontecidos por toda Europa contra un gobierno legitimo que contaba con el apoyo de su pueblo. La guerra supuso el fin de la democracia republicana y la instauración de un régimen dictatorial y represivo durante cuarenta años a lo que seguiría la llamada “restauración borbónica” continuadora del régimen.

En el marco de la refundación de la II República se tomó en cuenta la necesidad de formar al ciudadano, para ello era necesario barrer con los modelos tradicionales y excluyentes; favorecer la creación o consolidación de un sistema educativo tendiente a superar ese escollo, aunque se deriva del eje social, es necesario para realizar el cambio del eje político así que la revolución toma en cuenta esos dos ejes fundamentales para iniciar un gran proceso de liberación cultural, que al mismo tiempo afectaría de manera positiva los demás ejes que conforman la superestructura. El nuevo modelo apunta a que el ser humano sea integral que se involucre y se comprometa con los seres humanos con los cuales convive, partiendo desde la unidad básica social: la familia, comunidad, región, nación o Estado, en todos los procesos políticos, culturales, educativos, sociales, económicos y ambientales que propicien una mejor calidad de vida hoy y mañana.

 

La república popular es la más perfecta forma de gobierno en la que nadie está por encima de su congénere por razón de su apellido, donde la legitimación del derecho y poder coercitivo manan de la Asamblea. El mayor periodo de esplendor que vivió este país hasta el golpe de estado orquestado por el fascismo español fue la II República, lo que no es casual, si bien, ésta en no llegó a ser una república popular aunque fuera la tendencia que seguiría conforme a las peticiones del pueblo.

Hoy y siempre recordemos a aquellos y aquellas que dieron su sangre y su vida por defender la democracia en su forma de gobierno más pura y legítima que existe, la República Popular (alejada de su manifestación burguesa de la II República), la mayoría de ellos olvidados en cunetas mientras sus asesinos reciben vítores y honores en un inmenso mausoleo. Es el momento de devolver todo el poder al pueblo, de que este retome la soberanía, es el tiempo de una revolución cuyo fin último sea la República Socialista.

¡Viva la República!

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