Desde el pasado siglo, Washington se afana en la nueva estrategia de los golpes suaves o blandos, un mecanismo de intervención en los asuntos internos de otras naciones puesto en práctica por su Agencia Central de Inteligencia en diversas partes del mundo, a partir de la estrategia generada por el ideólogo estadounidense Gene Sharp.

En su obra “De la dictadura a la democracia” orienta, paso a paso, a través de 198 medidas, cómo derribar a un gobierno con métodos supuestamente no violentos. Sin embargo, un análisis concienzudo de las “recomendaciones”, permite descubrir que las mismas conducen inevitablemente al derrocamiento de gobiernos tras finales tempestuosamente agresivos.

No existe mejor ejemplo de ello que el derrocamiento del gobierno de Muamar el Gadafi en Libia, que culminara con el linchamiento de éste por parte de turbas enardecidas, el 20 de octubre de 2011.

Es a partir de ese engendro del filósofo y politólogo Sharp, que Estados Unidos ha intensificado una práctica nada nueva en su accionar internacional: la selección, reclutamiento, preparación, orientación y financiación de individuos capaces de llevar adelante, en el terreno, las acciones de su nueva estrategia: el mercenario.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, al definir a esa persona que pone en venta su mente y accionar plantea:

“Dicho de un soldado o de una tropa que por estipendio, sirve en una guerra a un poder extranjero” o también lo describe como “persona que desempeña por otra, un empleo o un servicio por el salario que le da”.

Wikipedia le añade a esta definición un aspecto muy importante y es que ese individuo “lucha en un conflicto bélico, por su beneficio económico y personal, normalmente con poca o nula consideración con la ideología, nacionalidad, preferencias políticas o religiosas del bando para el que lucha”.

La historia más reciente de Cuba recoge un buen ejemplo; el caso de la derrotada invasión protagonizada por más de mil soldados cubanos apátridas, quienes desembarcaron en Bahía de Cochinos el 16 de abril de 1961.

Estos actuaron contra su propio país luego de ser reclutados, organizados, entrenados y pagados por el Gobierno de Estados Unidos para tal aventura destinada a derrocar a la entonces joven Revolución Cubana.

En los días más recientes, aparecen en Cuba grupos de individuos y medios de prensa apátridas que desde el Sur de La Florida, reciben instrucciones de cubanos radicados allí, quienes les orientan actos de calle, realización de propaganda contrarrevolucionaria y agresiones contra comercios, instituciones y autoridades, a cambio de algunos cientos de dólares y en ocasiones, rebajan la tarifa y les ofrecen en pago por sus deleznables “servicios”, sólo recargas de celulares.

Las personas y medios digitales que se han aventurado a estas fechorías movidos por ese beneficio económico, han caído exactamente dentro de la definición y calificativo de mercenarios.

Quienes los mandan desde Miami, los cuales asimismo ejercen el mercenarismo, reciben a su vez el pago de los encargados de distribuir el dinero que anualmente el Congreso de Estados Unidos destina a promover un cambio de gobierno en Cuba; fondos que son repartidos a través de la Fundación Nacional para la Democracia o NED, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID en inglés) y otras entidades.

Desde su creación en 1983, la primera hace más de mil donaciones anuales que, según sus postulados, son “para apoyar los proyectos de grupos no gubernamentales en el exterior que están al servicio de objetivos democráticos, en más de 90 países”.

La otra entidad o USAID es, según definición oficial “la institución estadounidense encargada de distribuir la mayor parte de la ayuda exterior de carácter no militar” y según plantean sus documentos constitutivos, “es un organismo independiente aunque recibe directrices estratégicas del Departamento de Estado”.

A mediados de 2018 el Congreso norteamericano aprobó 15 millones de dólares para “promover la democracia” en Cuba y otros 20 millones para igual fin en Venezuela, aproximadamente las mismas cifras que cada año destinan a esos fines.

Esos son los fondos que estas instituciones hacen llegar a las manos de “activistas” que, tras apropiarse de grandes cantidades, a su vez los remiten a los encargados de acciones dentro de Cuba. Se conforma así la más clara y repudiable cadena de mercenarismo.

Estos sujetos, que venden sus esfuerzos a los oscuros objetivos de la Casa Blanca contra su propia tierra se distancian diametralmente, aunque ellos postulan lo contrario, de todo patriotismo; el mismo que impulsó a tantos próceres de nuestra tierra desde el siglo XIX, hasta la Revolución triunfante en 1959.

La enorme distancia entre estos mercenarios y los patriotas cubanos, reside exactamente en que éstos no actuaron nunca por dinero y menos procedente de poder extranjero alguno, en posesión de los más nobles y limpios deseos para su país.

Cuando José Martí, nuestro Héroe Nacional viajaba sin descanso entre Nueva York y las ciudades de Tampa y Cayo Hueso en la cayería Sur de La Florida, era pregonando las razones de la lucha que aupaba para extirpar de Cuba el yugo español.

El dinero con que llegó a contar en 1895, que totalizó 58 millones de dólares, fue obtenido a expensas del sacrificio que hacían los humildes tabaqueros cubanos emigrados, quienes aportaban parte de sus ganancias en aras de la libertad de su patria.

Eran tiempos en que no existían la NED ni la USAID y el Congreso de Estados Unidos y sus gobernantes estaban muy lejos de interesarse en ayudar a la causa de la independencia de Cuba.

Así lo demostraron palpablemente cuando incautaron los barcos y armas gestionados por Martí para iniciar la última etapa de la independencia cubana en 1895; hecho recogido por la historia como el fracaso de La Fernandina, debido al puerto floridano donde ocurrió el suceso.

Aún en el caso en que las autoridades estadounidenses hubiesen ofrecido a Martí fondos para su empeño, a no dudarlo éste lo hubiese rechazado de plano. Su conocida postura anti imperial nos permite asegurarlo y también su pretensión expresa más de una vez, de que la independencia de su amada tierra fuese el fruto del más limpio esfuerzo y sacrificio de los cubanos.

Un siglo más tarde, cuando el joven abogado Fidel Castro se afanaba en el empeño de una Revolución radical que liberase a Cuba del tirano pro estadounidense Fulgencio Batista, no se le ocurrió pedir ayuda monetaria a potencia alguna y menos a Estados Unidos.

Ejemplos como el de Fernando Chenard, uno de los seguidores de Fidel, constituye todo un símbolo. Este vendió el estudio fotográfico e instrumentos con los que se ganaba la vida, para aportar el dinero a los preparativos de la lucha.

Jesús Montané, también allegado al líder revolucionario, fue otro caso ejemplar. Este entregó todos sus ahorros personales de varios años con igual fin. Aportes de ese tipo fueron parte sustancial de los fondos reunidos para los preparativos del Asalto al Cuartel Moncada, la clarinada que inició la guerra antibatistiana.

La diferencia entre mercenarios y patriotas queda clara. Los primeros se venden bochornosamente a conseguir los objetivos de una potencia extranjera contra su propia tierra, a cambio de dividendos para el beneficio personal, algo que de hecho, los convierte en traidores.

Los segundos reúnen el dinero necesario con sus propios esfuerzos, libres de ataduras extranjeras, movidos únicamente por el amor hacia su país, en aras de beneficiarlo con el objetivo supremo de la independencia.

Los primeros se avienen al proverbio romano que reza: “Roma paga a los traidores pero los desprecia”; los patriotas por el contrario, se adhieren al pensamiento martiano que exhorta a convertir a la patria en “ara, no pedestal”.

En cuanto a los medios de prensa auto calificados de independientes, si bien su pretendida falta de nexos con el estado cubano es real, para nada lo es de Washington y sus objetivos al cual les atan los fondos que de ese Estado reciben.

Las agencias federales estadounidenses devienen de esa forma en maquinaria infernal creadora de mercenarios en muchas partes del mundo y en Cuba tenemos lamentablemente parte de esa contaminación lograda por el dinero y las ansias de lucro personal a cualquier precio, que padecen algunos.

Por Miguel José Maury Guerrero – Rebelión

Necesitamos tu ayuda para seguir ofreciendo Contrainformación. No queremos depender de bancos, publicidad o grandes empresas. Si te gusta lo que hacemos, invítanos a desayunar una vez al mes para que podemos seguir ofreciéndote nuestro trabajo
¿Prefieres hacer un ingreso por tu cuenta? Aquí puedes hacerlo: Triodos Bank: IBAN - ES0714910001283000114479    

1 Comentario

DEJA UNA RESPUESTA