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Por. J. C.
Los plutócratas que nos gobiernan han decidido sedar a los pueblos con el uso reiterado de eufemismos que maquillan o embellecen la sangrienta realidad, y extirpan sus remordimientos de conciencia.

No se debe decir pelotas de goma. La pelota se asocia al juego, a la diversión, a actividades lúdicas, lo que produce una química en el cerebro que nos hace felices.

La bala es hija de la guerra y la muerte. Si no, que se lo pregunten a Ahed Tamimi, la guerrillera palestina de 16 años que está en prisión por enfrentarse a los soldados israelíes y reclamar la devolución de los territorios ocupados.

Un hermano suyo, de 14 años, llamado Mohamed, se encuentra en coma tras recibir en la cabeza un impacto de bala de goma, según informa Unadikun.

Con las balas de goma se puede perder un ojo o los dos y, eso, nada tiene que ver con el ping-pong o el badminton.

Spot contra las balas de goma

Las concertinas -que en realidad son alambradas terminadas en cuchillas- son términos que rápidamente nos llevan a palabras con sonido musical como concierto, acordeón, es decir, dirigen nuestro pensamiento a la actividad más sublime del arte.

Tal vez los plutócratas, que odian que el lujoso mármol de sus viviendas esté manchado de sangre, duerman mejor sabiendo que de las concertinas fluye música. Así se evitan la imagen de cuerpos desgarrados que huyen de la muerte, la guerra y las hambrunas, que muchas veces ha provocado Estados Unidos y Europa.

La precariedad es otro vocablo que tiene mucha miga. Con éste ocultamos la pobreza y la explotación y, por lo tanto, la realidad económica de un país y las injusticias que comenten a diario los plutócratas. Se podría decir que “tú no tienes un trabajo precario, tú estás siendo tratado como un esclavo, a quien se niega el derecho a vivir con dignidad”.

Los DDHH son un eufemismo mayúsculo. Los Derechos Humanos son los privilegios que tiene una minoría, las elites, en el “Occidente civilizado”.

Hacer creer al pueblo que vive en el mejor de los mundos posibles -en democracias guays con DDHH garantizados- es un insulto a los hombres y mujeres que aspiran a cambiar todo lo que urge ser cambiado para que la Democracia, que sigue siendo un hermoso ideal, llegue a todos y a todas.

Y cierro esta lista con otro eufemismo: “La libertad de prensa”. Sí, podemos elegir entre la Sexta y la Trece, entre El País y el ABC, pero todos son la voz del amo y beben de las mismas fuentes, generalmente contaminadas por el poder del dinero y los intereses de los que dominan o intentan dominar el mundo.

Que cada uno y cada una añada a esta lista los eufemismos que tenga en mente. Es un juego excelente para ir quitando las máscaras a las palabras y ver el verdadero rostro de las cosas.

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