¿Existe el “feminismo liberal”?

Rafael Silva


La derecha de este país lleva cada vez peor la propia existencia del 8M, así como las manifestaciones feministas que se producen por todo lo ancho y largo del territorio. Su cinismo y desvergüenza no conocen límites. En este último 8M, la derecha española se ha lucido especialmente. Vox, el más machista y misógino de nuestro Trifachito, al menos fue claro en este sentido, llamando “locas feminazis” a las mujeres que participaban en la manifestación. El PP de Pablo Casado no participó en la marcha, publicaron un contramanifiesto (donde por supuesto desvirtuaban todos los valores del feminismo), y su líder tuvo incluso la desfachatez al día siguiente del 8M de afirmar que ellos “no les dicen a las mujeres qué tienen que hacer, cómo tienen que pensar, cómo tienen que sentir, ni siquiera se refieren a las mujeres como un colectivo”. Muy sospechoso, viniendo de un partido que nunca ha condenado claramente la dictadura franquista. Pero el colmo de la hipocresía, del cinismo, del oportunismo y de la demagogia se lo llevó, de nuevo, Albert Rivera y sus Ciudadanos. Días antes ya se había conocido su famoso eslogan “Soy liberal”, habían proclamado que el feminismo “no consiste en dar pasos a la izquierda ni a la derecha, sino adelante”, que el feminismo no consiste “en una guerra absurda entre sexos”, se habían apropiado incluso vergonzosamente de la figura histórica de Clara Campoamor (la defensora del derecho al voto para las mujeres durante la II República), habían declarado (aquí coincidían con el PP, sus compañeros de viaje) que la izquierda no se puede apropiar del feminismo, “como si sólo existiese un feminismo de izquierdas”, y en el colmo de la desfachatez, afirmaron que Ciudadanos defiende un “feminismo liberal”.

Va siendo frecuente, y es una tendencia muy peligrosa, la tergiversación y apropiación maniquea y torticera de conceptos, ideales y derechos, conseguidos total o parcialmente tras muchos años de lucha de la clase trabajadora, y en este caso de la lucha de las mujeres, y su perversa manipulación y apropiación por parte del discurso de esta derecha, que es, sigue siendo, la derecha rancia e intolerante de siempre, pero que ahora, además, es la derecha de la confusión, la que pretende provocar el caos ideológico, en base a apropiarse indecentemente de algunas conquistas y luchas de las clases populares y trabajadoras. O bien desde la supina ignorancia, o bien desde los más perversos objetivos, o bien desde las dos cosas a la vez, pretenden que comulguemos con ruedas de molino, hagamos lo blanco negro, desnaturalicemos las ideas y los conceptos, los despojemos de su carga ideológica, y abiertamente caigamos en sus demagógicos brazos. Es un ejercicio de tal bajeza y perversión moral para el cual cuesta encontrar calificativos. Pues bien, ahora resulta que existe, lo dice Albert Rivera, y lo proclama a los cuatro vientos, una cosa que se llama “feminismo liberal”, es decir, neoliberal. Si el señor Rivera no fuera tan ignorante, comprendería que ambos términos entran en clara contradicción.

Pero para hacernos entrar en su juego, realiza una asociación entre el liberalismo y la libertad, conceptos que no tienen absolutamente nada que ver. O sí: podríamos decir que el liberalismo es la libertad, pero únicamente para los ricos y poderosos. Por tanto, se reduce a la libertad de explotar, de comprar, de adquirir, de vivir bien a costa de aplastar a los pobres, de hacer crecer sus fortunas, de saquear los pueblos, de expoliar y marginar a los más desfavorecidos. Liberalismo es la libertad para instalar la riqueza para unos pocos y la miseria para muchos. Podríamos decir, de forma resumida, que liberalismo es a libertad lo que canibalismo es a gastronomía. Por eso, el feminismo, que representa la lucha histórica por la igualdad, por el empoderamiento, por la equiparación del hombre y la mujer en la sociedad, por la emancipación de la mujer frente al hombre, y por la abolición del patriarcado como conjunto de fundamentos políticos, económicos, sociales y culturales donde se asienta la dominación del hombre sobre la mujer, jamás puede ser liberal. Es algo absolutamente contradictorio. El feminismo lucha por la erradicación de todas las discriminaciones, de todas las injusticias contra las mujeres, de todo el sometimiento de la mujer frente al hombre bajo el sistema patriarcal, y es una lucha histórica que se viene llevando a cabo desde la izquierda. El feminismo no es, como declara Albert Rivera, una “cuestión transversal”.

El neoliberalismo es la culminación de las políticas de la desigualdad, es la corriente más extrema del capitalismo salvaje, que lo mercantiliza todo, que todo lo somete al Dios sagrado del mercado, de las leyes de la oferta y la demanda, que no entiende de Derechos Humanos, tan sólo de los derechos del más fuerte. El neoliberalismo jamás ha tenido como meta la igualdad, sino todo lo contrario. El neoliberalismo justifica la desigualdad, la desarrolla, la legitima y la proyecta, se basa en una sociedad desigual, donde priman los perversos valores de la competitividad, el egoísmo, el individualismo, la privatización de los derechos humanos, la corrupción, el desprecio a la naturaleza, el culto al patriarcado, etc. (aquí hemos expuesto un catálogo de todos ellos). El feminismo pone en el centro del debate el mantenimiento y el cuidado de la vida, mientras que el neoliberalismo es el mayor destructor de la vida. El neoliberalismo está, por tanto, en las antípodas de todo lo que el feminismo representa, porque el feminismo está ligado a las luchas obreras, por una sociedad igualitaria, del reparto, de los derechos humanos, de la abolición del patriarcado, de las conquistas de derechos y libertades, de los servicios públicos y universales, del empoderamiento de las clases populares. ¿Le interesa todo ello al partido de Albert Rivera?

Como ejemplo del tipo de “feminismo” que sí le interesa a Ciudadanos, tenemos la medida, que Albert Rivera pretende regular si alguna vez tiene poder para ello, de los llamados “vientres de alquiler”, o más técnicamente, gestación subrogada. El enfoque que subyace detrás de ella nos lo explican Berta Iglesias y Yago Álvarez perfectamente en este artículo para el medio digital de CADTM. Recojo sus palabras a continuación: “Que las mujeres que acaban gestando bebés para otras personas sean pobres, en su inmensa mayoría, tampoco es casualidad. Ese “feminismo liberal” que defiende Inés Arrimadas no es más que la transposición del neoliberalismo patriarcal a los cuerpos de las mujeres. La capilarización del poder del dinero sobre la tarea de reproducción principal y necesaria para la continuidad de la vida y exclusiva de las mujeres: parir. No es casualidad que, en la guerra semántica de intentar blanquear ese patriarcado capitalista, hayan abandonado el uso del término “vientres de alquiler”. Intentan camuflar que ese feminismo liberal se basa en la libertad de aceptar transacciones financieras partiendo de situaciones de desigualdad e injusticia. Proponen mercantilizar los cuerpos de las mujeres, saldar deudas mediante el alquiler de las tareas reproductivas. Ese mal llamado feminismo habla de libertad obviando que, para ser verdaderamente libres, hay que tener las necesidades mínimas cubiertas. Optar entre quedarse en la calle por no poder pagar o aceptar alquilar el vientre no es libertad: lo sería si la mujer tuviera un trabajo digno, bien pagado, independiente de su cuerpo. No es el caso. Por eso, el feminismo liberal es cualquier cosa, menos feminista”.

Por tanto, digámoslo claramente: jamás le va a interesar a Ciudadanos la lucha de las Kellys, la lucha de las empleadas de hogar, resolver la feminización de la pobreza, romper el techo de cristal, eliminar la brecha salarial, adoptar medidas para la conciliación de la vida laboral y familiar, o abolir la prostitución, entre otros muchos asuntos relacionados con el verdadero feminismo. A Ciudadanos siempre le va a interesar más el feminismo de “fachada” de una Ana Botín, de una Christine Lagarde, o de una Angela Merkel, que tienen de feministas lo que yo de cura cartujano. Por tanto, que dejen ya de intentar confundirnos, marear la perdiz, llevar el ascua a su sardina, y proclamar absurdos eslóganes sobre el “feminismo moderno” o el “feminismo liberal”. Feminismo sólo hay uno, y es de izquierdas, revolucionario, radical, republicano, anticapitalista, antineoliberal, antipatriarcal, solidario, de clase, ecologista, pacifista y socialista. ¡A ver si se enteran en Ciudadanos, y dejan la batalla semántica de una vez! Jamás la derecha podrá ser feminista, luego no sirve de nada que intenten cambiar el rostro por intereses coyunturales, oportunistas o electoralistas.

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Soy un malagueño de izquierdas, enamorado de los animales, y de mi profesión, la enseñanza. Soy profesor de nuevas tecnologías y crítico de las mismas, sobre todo de los cursos de F.P.O. (Formación Profesional Ocupacional) de la Junta de Andalucía. Me hice analista político ante la terrible deriva del capitalismo de nuestro tiempo, ante la necesidad de alzar la voz ante las injusticias, ante las desigualdades, ante la hipocresía, ante la indiferencia, ante la pasividad, ante la alienación. Sentí la necesidad vital de aportar mis puntos de vista, mi bagaje personal, y de contribuir con mi granito de arena a cambiar este injusto sistema.

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