Kili Vázquez Ponce

El 1 de octubre de 2017 vimos por la tele como espectadores en gran parte de España como un gobierno autonómico desestabilizaba el país. En Cataluña eran actores políticos desde el primero hasta el último a diferencia del resto del Estado.
(No seré yo quien juzgue el derecho de autoderminación de los pueblos y el pertenecer voluntariamente a un territorio.)
El mismísimo Rey de España, Felipe, salió compareciendo en defensa de unos policías que salieron de distintas partes del Estado e incluso a grito de `A por ellos, oe´ (los policías ya ni cumplían años, sólo órdenes) y de un supuesto Estado de derecho. El imperio español siempre ha sido muy complicado.
El Estado, demostró una vez más que le da exactamente igual quien le ataque, ya sean partidos socialdemócratas vascos, grupos antifascistas, partidos marxistas-leninistas, individuos anti sistema o una institución como la Generalitat. El Estado tiene el monopolio de la violencia, ya sea legítima o ilegítima.
Te ilegaliza, te encarcela, te manda a cárceles lejos de tu hogar o directamente te manda a una legión de policías y te interviene toda una institución.
España cabalga entre la monarquía, las traiciones del PSOE a la clase trabajadora, el PP cuando pactaba con los derechosos catalanes, el franquismo sociológico, Ferreras justificando agresiones a ancianos o a jóvenes y un largo ectéra. Pero vamos a matizar en esto último.
La democracia no es votar cada 4 años que partes del sistema, si la izquierda o la derecha DEL SISTEMA, se reparten cómo administrar el Estado burgués español. No estamos hablando que Puigdemont o Torra, ni si quiera Ana Gabriel o Rufián no sean exactamente igual que Zoido, Trillo, RuGALcaba, Iglesias o incluso Susana Díaz, porque son lo mismo, son el sistema. La independencia catalana, si la consiguen, será el mismo Estado burgués que es España a día de hoy. Ferreras, estaba evidenciando una cosa, una súper producción televisiva de cómo se deslegitimó desde un proceso capitalista a un Estado y cómo éste se defendió. Se ha desafiado al Régimen del 78 como nunca antes se había hecho. Puro espectáculo.
A nadie, completamente racional le gusta que un Estado golpee a sus ciudadanos, pero los Estados se defienden. Y toda acción tiene sus consecuencias desde quien ideó y tomó la decisión de hacer el referéndum y lo financió hasta el que fue a votar. En Cataluña no te persiguen por hablar, cantar y demás en catalán. Ni caen bombas, ni hay crímenes contra la humanidad provocados por el Estado español, ni desplazamientos forzosos de la población, ni ningún apartheid. Pero la condena siempre será máxima hacia Madrid y a esos descerebrados del «a por ellos, oé» que mandaron a apalear a gente que sólo quería votar como si fueran a combatir contra los franceses el 2 de mayo. Pero en el tablero actual del ideario colectivo para los/as catalanes/as independentistas, Madrid representa lo irracional, a un Estado que como a la mínima te salgas de su guión, va a por ti. El proceso independentista todo lo contrario, representa lo racional, ¿quién puede competir ideológicamente contra el depositar una papeleta en una urna? Y más cuando te golpean por ello y detienen a tus líderes.
Y sin embargo para la parte nacionalista española, Madrid representa la unidad, la continuidad del Régimen del 78, la legalidad y encima esa idea de patria cogida con alfileres.
Un teatro con muy malos actores.
La clase trabajadora está haciendo política. La clase trabajadora es internacional y es ese su carácter principal. La palestina, la onubense, la ilerdense o la saharaui tienen mucho en común. Es la burguesía y sus regímenes la que les está maltratando día a día.
«Las leyes de la historia estaban dictadas por la clase propietaria organizada en el Estado. El Estado fue siempre el protagonista de la historia, porque en sus organismos se concentra la potencia de la clase propietaria; en el estado la clase propietaria se disciplina y se unifica, por sobre las disidencias y los choques de la competencia, para mantener intacta la condición de privilegio en la faz suprema de la competencia misma: la lucha de clases por el poder, por la preeminencia en la dirección y ordenamiento de la sociedad» Gramsci.
Hay mucho que aclarar, por hacer y una vez más pagar los platos rotos de los partidos del Régimen del 78 y sus intereses.
Ser joven en España y estar en contra el sistema es demasiado fácil. No es discutible que este sistema es una maquinaria que crea jóvenes que no están de acuerdo con el actual planteamiento y el modo en el que en España se hace política. Vivir estos tiempos desde la adolescencia, la cual es en el periodo que supuestamente los/as jóvenes tienen su etapa más rebelde hace que en el ideario colectivo se rebelen ante lo establecido. Y el Régimen del 78 es una maquinaria de crear independentistas.
(Si Cataluña fuera Palestina o el Sáhara, estarían en todo su derecho para el derecho de autodeterminación de sus pueblos)
Torra o Puigdemont se han reunido con personajes que defienden/ son sionistas israelíes. Si Cataluña se independiza y tuvieran que reunirse con el Rey de Marruecos no me cabe la menor duda de que lo harían y por intereses económicos ni reconocerían al pueblo saharaui.
Hay que saber quienes son aliados para describir exactamente ese pacto de fuerzas. Gente supuestamente de izquierdas, incluso adalides del antifascismo compartiendo trinchera con sionistas. Lo nunca visto. Se les ha olvidado que la solidaridad es la ternura de los pueblos.
Pero el juego ha sido en el capitalismo. Si en Cataluña se estuviera dando una revolución socialista ningún líder se podría haber exiliado a ningún país europeo.
¿Madrid o Barcelona? Da exactamente igual.
La clase trabajadora no puede fiarse ni de Artur Mas o Puigdemont ni de M. Rajoy o Pedro Sánchez. Son exactamente lo mismo, el sistema, el capitalismo.
Burguesía catalana y española. Foto: EcoDiario.es