Entre los rasgos del fascismo se encuentra la exaltación de valores como la patria o la raza para mantener permanentemente movilizadas a las masas, lo que llevó con frecuencia a la opresión de minorías –especialmente en el caso alemán debido a su importante componente racista– y de la oposición política, además de un fuerte militarismo. El fascismo surgió en Italia durante la Primera Guerra Mundial, para luego difundirse por el resto de Europa durante el periodo de entreguerras. La «Gran Guerra» fue decisiva en la gestación del fascismo, al provocar cambios masivos en la concepción de la guerra, la sociedad o el Estado.

Dentro de la categoría de «régimen fascista» entrarían algunos regímenes políticos totalitarios o autoritarios de la Europa de entreguerras y a prácticamente todos los que impusieron las potencias del Eje durante su ocupación del continente en la Segunda Guerra Mundial. En primer lugar estaría la Italia fascista de Benito Mussolini (1922),​ seguida por la Alemania del Tercer Reich de Adolf Hitler (1933)​ y cerrando el ciclo, la España de Francisco Franco, cuyo régimen se prolongó desde 1939 hasta 1975.

El nacionalismo de vencidos

Una característica de los países donde triunfaron los movimientos fascistas es la reacción de humillación nacional por la derrota en la Primera Guerra Mundial, el nacionalismo de vencidos, que impulsaba a buscar chivos expiatorios a quienes culpar (como Alemania), o la frustración de las expectativas no cumplidas (como Italia, defraudada por el incumplimiento del Tratado de Londres).

El resentimiento de los vencidos se manifestaba, en el plano internacional, en contra de los más claros vencedores (como Reino Unido, Francia o Estados Unidos); mientras que en el plano interno se volcaba contra el movimiento obrero (sindicalistas, anarquistas, comunistas, socialistas) o el peligro real o imaginado de una revolución comunista o incluso una Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional.

Fascismo: el nacionalismo de vencidos
Fascismo: el nacionalismo de vencidos

También entraría dentro del resentimiento fascista cualquier otra fantasmagórica sinarquía oculta en cuya composición incluyera a cualquier organización que los fascistas juzgasen transnacional y opuesta a los intereses del Estado, como el capitalismo, la banca, la bolsa, la Sociedad de Naciones, el movimiento pacifista o la prensa.

Sobre todo en el caso alemán, se insistía en la convicción de pertenecer a un pueblo o raza superior cuya postración actual se debe a una traición que le ha humillado y sometido a una condición injusta; y que tiene derecho a la expansión en su propio espacio vital (Lebensraum), a costa de los inferiores.

 

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