Félix Rodríguez de la Fuente y el lobo

Odile Rodríguez de la Fuente
Bióloga. Directora de la fundación Félix Rodríguez de la Fuente


Lo que Félix sentía por el lobo iba mucho más allá de un mero análisis naturalista o científico de la especie. Sus aportaciones al conocimiento y protección del Canis Lupus Signatus, quedan aún patentes en el mero hecho de que España haya sido uno de los pocos países en Europa donde no se extinguió la especie. Sus escritos sobre la etología de este fascinante animal, desvelaron conductas que hoy forman parte del acervo científico a escala mundial. Aún con profundo rigor científico, Félix, sin embargo, se caracterizó por no omitir lo sensitivo y misterioso de esta especie y su relación con el hombre.

En este sentido, me permito contar una anécdota personal. Hace unos años tuve la oportunidad de escuchar por primera vez los programas de radio de mi padre. Entre ellos se encontraba “El Cuento de Lobos”, un relato que mi padre fue urdiendo impulsado por su imaginación, conocimientos íntimos de la especie y relatos que le fueron contados por los pastores, durante su infancia, en su pueblo natal. “El cuento” fue elaborándose a medida que mi padre se lo contaba a mi madre durante aquellas eternas esperas en las faldas de los cortados de Guadalajara, donde los halcones construían sus nidos. Cada vez que mi madre le pedía que le contara “el cuento”, el añadía más matices, nuevos giros y personajes hasta urdir un relato de 9 horas que afortunadamente decidió compartir con sus seguidores en la radio. Yo siempre había oído a mi madre hablar de aquel “cuento”, pero no fue hasta hace unos años, que pude escuchar, de nuevo, a mi padre relatarme aquel estremecedor relato en una salita fría e impersonal de rtve. Podréis imaginar el escalofrío que sentí cuando entre aquellas paredes, ataviada con los voluminosos cascos propios de las salas de visionado, escuché absorta cómo mi padre encabezaba el relato confesando que aquel “cuento” era el que le contaba a su hija pequeña Odile, de apenas 4 años, siempre que podía, sometido a la presión de su insaciable curiosidad. Con estas palabras empieza un cuento que desvela el porqué de la fascinación que sentía mi padre por esta especie.

Mi padre encontraba en la mirada del lobo, no solo un puente directo a la naturaleza más salvaje e insondable, sino una oportunidad para conocer mejor el pasado, presente y futuro del Homo Sapiens. El creía que tras una convivencia estrecha durante miles de años en lo que podríamos denominar nuestra infancia común, las convergencias evolutivas en las dos especies cazadoras y sociales que dominaron el Pleistoceno, eran mucho mayores de lo que hasta el momento se creía. Félix siempre habló de que el lobo fue un compañero de viaje, un aliado y un igual durante aquella etapa. Un espejo en el que el hombre se podía mirar, del mismo modo que el mismo hizo muchos siglos después en los ojos de sus lobos. El creía que el antagonismo surgió a partir del cambio evolutivo en las sociedades humanas que pasaron de ser cazadoras recolectoras a agricultoras y ganaderas. En algún momento de la historia aquel pacto sagrado de convivencia, que sintetizaba un estado idílico de armonía entre el Hombre y la Tierra, se quebró. Aquella disolución no solo supuso enemistarnos con nuestro hermano más próximo sino contra nuestra madre: la Tierra. Así, permitiéndose la licencia que otorga el contexto novelado de un cuento, mi padre explicaba que su pasión por el lobo, su profunda admiración y respeto por esta especie, traslucía, en realidad, su capacidad para sentir y acceder a la memoria atávica de lo que, para él, fue, la etapa más feliz de la humanidad. Una etapa en la que el hombre se sabía parte de algo mucho mayor, hermano de todas las especies, libre y realizado. En el lobo residía una oportunidad para recordarnos, para recuperar aquel reflejo en el que nos dejamos de mirar, aquella mirada que aún contenía a la naturaleza en todo su misterio e inabarcable dimensión.

“El domingo también es un día festivo en el calendario de mis lobos. Saben que estoy con ellos toda la tarde. Corremos sin descanso y practicamos muchos juegos, como el de alcanzar un trozo de madera colgado en la rama de un árbol. «Remo», como siempre, ha batido a todos en la competición; ha cogido muchas veces con sus dientes el taco de madera colocado a más de dos metros de altura.

Al atardecer duerme bajo la fina lluvia de abril. Abrigado en la losa de la cabaña de piedra, tengo mi mano derecha apoyada en su cuello. Sus músculos se tensan, su respiración se hace entrecortada, de su pecho escapa un ronquido amenazador. «Remo» está soñando.

Hay una paz antigua en el ambiente. Huele a tierra húmeda, a floración. En los ojos ambarinos de los cinco lobos que me rodean, quietos, enroscados en sus hoyos, leo un mensaje de lealtad que viene desde el fondo de las edades. Va cayendo la tarde y, apoyado en la roca de la pequeña caverna, sueño en el sueño de mi lobo «Remo».

La nieve galopa enloquecida por la llanura inmensa, cabalga en el viento ártico y se me clava en los ojos.

¡El bisonte!

Salto hacia un lado y el gigante pasa en medio de un torbellino blanco, arrastrando los venablos que le van robando la vida.

Los hombres gritan; se quedan atrás, hundidos en la nieve, cansados.

¡La carne! ¡La carne!

Los lobos cortan el paso a la carne. «Remo» salta más que ninguno; se cuelga de la garganta del coloso. El torbellino gira y les arrastra a todos: «Sibila», «Rómulo», «Diana»… Un lobo sale por el aire impulsado por el poderoso testuz agonizante.

Los venablos silban. Los lobos cantan con sus ladridos agudos. La carne se desploma. Y el viento ártico nos envuelve a todos.

Apoyado en la roca de la pequeña cabaña, me miro en los ojos de mis seis lobos; «Remo» ha despertado ya. Allá abajo ladran mis perros de caza. Quizá han soñado con nosotros. Porque ellos también estaban allí, hace diez mil años, cuando matamos al bisonte.”

Félix Rodríguez de la Fuente

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Licenciada en Biológicas y producción de cine creó y dirige la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente. Ha capitaneado grandes proyectos de sensibilización ambiental entre los que destacan exposiciones, la revista trimestral Agenda Viva, plataformas online, documentales para tve, libros, aplicaciones, congresos y una Marca de Garantía para productos de alimentación. Actualmente colabora llevando la sección de medio ambiente en un programa de radio con Juan Luís Cano, imparte charlas y escribe artículos de opinión. Pertenece a varios comités de asesoramiento, grupos de trabajo medio ambientales y a la Junta rectora de Rewilding Europe.

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