Feminismo y amor

1
45Shares

Iria Bouzas

Hace unos meses publiqué un artículo en el que afirmaba, sin ningún atisbo de duda, que “el sexo es algo maravilloso”.

No me costó nada escribir esa frase. Ese montón de facetas de mí que se encargan de componer todo mi “yo”. por una vez estaban de acuerdo y no había ninguna duda al respecto de lo que estaba afirmando.

Pero hoy, intentando escribir un artículo sobre el amor, la cosa ha cambiado mucho.

He intentado reproducir, con la misma contundencia, la afirmación anterior cambiando la palabra “sexo” por “amor” pero de golpe toda mi orquesta interior se ha puesto a tocar como la banda de jazz más desorganizada del mundo. Cuando me he dado cuenta, cada músico estaba interpretando una partitura diferente.

Así que he tenido que parar. Pedir a gritos que se hiciese el silencio y entonces me he puesto a reflexionar sobre este tema.

El amor, simplemente como sentimiento de afecto que nos produce el deseo de todo lo bueno, es algo maravilloso.

Pero los seres humanos tenemos una tendencia enfermiza a complejizar y retorcer cualquier cosa que cae en nuestras manos. Somos seres complejos, con emociones complejas y ese proceso es inevitable.

Es así como el amor deja de ser simplemente amor para necesitar adjetivos que lo complementen.

Cuando hablamos y diferenciamos entre amor fraternal, amor físico o amor romántico no estamos haciendo nada especialmente novedoso.

Ya los griegos diferenciaban en su día cuatro tipos de amor diferentes: Eros, Storgé, Philia y Ágape.

Y no eran los griegos los primeros en descubrir que el amor tiene muchas facetas, muchas variantes y muchas capas.

Y es la presunta bondad de una de esas facetas la que el feminismo está tratando de desmontar hace tiempo: “La del amor romántico”

El amor romántico visto como una historia emocional de dependencia en la que una persona necesita hasta la desesperación de otra para poder continuar desarrollando su proceso vital, es algo enfermizo e insano.

Décadas de películas de príncipes y princesas, siglos de novelas llenas de sumisión pasional nos han incrustando en el sistema de valores colectivo que este “amor” en el que ambos componentes de la relación pierden su identidad para fusionarse en un solo ser,  es el colmo de la felicidad, la entrega y el éxito afectivo.

Así que por lo que parece, hace mucho tiempo estamos definiendo como amor a algo que parece más cercano a una patología que a un sentimiento hermoso.

Algunos sectores, bastante reaccionarios todo hay que decirlo, han cargado una vez más contra el feminismo acusándolo de estar en contra del amor.

Nada más lejos de la realidad. El feminismo no ataca al amor igual que no ataca a la necesidad de respirar o al deseo.

Pero la realidad es que el uso que se le ha dado al término amor es muy torticero y si lo revisamos con una cierta perspectiva histórica podemos ver que ha servido en la mayoría de los casos para tener sometida, una vez más, a la mujer, atada a sus cadenas de dependencia.

No hay cadena más resistente que la que nos imponemos nosotros mismos y desde luego, el amor romántico tradicionalmente ha sido la más pesada y dañina para muchas mujeres.

El amor, como el sexo, debería ser algo que se viva en igualdad. El sometimiento, la renuncia o la minoración del “yo” no son una buena premisa para ningún tipo de relación sana y feliz.

El feminismo no lucha contra el amor. Lucha contra una propaganda infame que ha hecho creer durante décadas a varias generaciones de mujeres que para amar y ser amada debían renunciar a ser ellas mismas, a sus necesidades, a sus aspiraciones y a sus deseos.

El feminismo lucha a favor del amor. En primer lugar de las mujeres hacia sí mismas. Mujeres llenas de autoestima, fuertes y empoderadas. Una vez que ese amor se produce, el feminismo se hace a un lado cuando cada una de esas mujeres decida ya en libertad si quiere amar a otros y de hacerlo, cómo quiere que sea ese amor.

Magistral aquella frase que leí una vez en una pintada en la facultad: “Quiéreme, sí. Pero quiéreme bien”

45Shares

1 Comentario

Deja un comentario