Toñi Gómez
Coportavoz de Equo

Aparentemente no es que este haya sido un verano especial, salvo por esa sutil vuelta de rosca que únicamente se percibe cuando eres capaz de permanecer atenta a lo que sucede a tu alrededor.

Las olas de calor se han alternado con inestabilidades atmosféricas provocando desastres naturales asociados: lluvias torrenciales e incendios pavorosos que han arrasado casi 60.000 hectáreas de terreno solo en España. Las caras de desesperación de los migrantes a bordo de barcos de rescate a los que se les negaba un puerto seguro reflejaban, si cabe, más miedo que en otras ocasiones, y la violencia machista nos ha azotado con especial virulencia.

Sin embargo, dos noticias consiguen que la llama de la esperanza, se mantenga encendida: por un lado, el feminismo ha convocado la ‘emergencia feminista’ que iluminará de violeta la noche del 20 de septiembre y, por otro, el movimiento Fridays For Future ha convocado la ‘H uelga General Global’, una llamada a la acción para poner freno, de forma inmediata, a la brutal crisis climática que estamos padeciendo, el 27 de septiembre.

Podría haber ocurrido que todos permaneciéramos impasibles ante lo que apunta ser el fin del mundo, tal y como lo conocemos, pero las mujeres y la juventud no se conforman; porque fueron, son y serán.

En estos meses de julio y agosto se ha vivido una auténtica barbarie en cuanto a violencia machista: asesinatos y violaciones, incluidas las perpetradas por las ya conocidas como “manadas”, han abierto los informativos casi cada día. “No podemos normalizar el horror, la muerte, la violencia, la injusticia y el sufrimiento” recalca el movimiento feminista en su manifiesto.

Y no es casualidad que estos mismos términos se puedan aplicar al daño que le estamos infligiendo a nuestro medio natural y a la biodiversidad, como tampoco es casualidad que sean los movimientos feminista y juvenil los que, lejos de volver la cara a la realidad, afronten un mismo fenómeno que se ha venido sucediendo en el tiempo y que se llama violencia.

La violencia tiene múltiples y variadas manifestaciones y un denominador común que es el sometimiento. El sometimiento se ha venido mostrando como el método más eficaz para seguir perpetuando un sistema que necesita ser inmisericorde para asegurar la continuidad del status quo, los privilegios, tanto los que conciernen al varón como los que se ejercen desde quienes dirigen una estructura económica capitalista que, en nuestro país, suponen el 1% de la población.

Las mujeres sabemos mucho de opresión y, por eso mismo, también sabemos mucho de inconformismo. Los milenios transcurridos dan para mucho aprendizaje.

El papel que tradicionalmente se nos ha asignado nos ha causado mucho daño, pero también nos ha fortalecido hasta hacernos tremendamente resilientes, tanto que jamás hemos dejado de exigir lo que en derecho nos pertenece.

El caso de la juventud es distinto. Según todos los indicadores, esta será la primera generación que vivirá peor que sus padres, y es que le estamos hurtando lo único que deberíamos asegurarles: su futuro.

Es duro de admitir pero la realidad es que estamos dejando que caiga sobre sus jóvenes espaldas la responsabilidad de tomar decisiones que nos corresponde adoptar a los adultos y, afortunadamente, están respondiendo con la madurez que a nosotros nos falta. Se están haciendo resilientes a fuerza de que les neguemos la posibilidad de crecer en la confianza de que todo irá bien.

Posiblemente, estos dos eventos de septiembre se lleven a cabo en plena pre-campaña electoral porque, por desgracia, vamos camino de desaprovechar la oportunidad de crear una gran alianza progresista de gobierno capaz de implementar las medidas necesarias para poner fin a la violencia machista, la violencia contra el aire y la tierra y, por ende, la violencia contra los más desfavorecidos.

No pretende ser este un escrito científico lleno de datos sesudos, sino una plegaria, casi desesperada, para tomar conciencia de lo que mucho que nos estamos jugando que sale de lo más profundo de mis sentimientos, porque peino sobradas cana para no querer mirar hacia otro lado ante las infinitas señales de alerta y tengo la suficiente sensibilidad como para desear que quienes vienen detrás de mí vivan en un mundo más justo y equitativo.Y eso pasa, necesariamente, por restañar las heridas ambientales y sociales.

Por este motivo, el 20 de septiembre estaré con las mujeres aportando mi luz violeta, y el 27 sumaré mi experiencia a la fortaleza de nuestra juventud, a la que hago ruego de perseverancia en la resistencia porque sólo vosotras y vosotros podéis salvar al mundo.

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