miércoles, julio 28, 2021
Fin a las pruebas de sexo abusivas para las mujeres atletas

Fin a las pruebas de sexo abusivas para las mujeres atletas

Human Rights Watch observó que las reglamentaciones globales que alientan la discriminación, la vigilancia y la intervención médica forzada tienen como resultado daños físicos y psicológicos y dificultades económicas para las personas afectadas.

  • Las mujeres atletas, en general procedentes del Sur Global, son señaladas y perjudicadas por los estatutos sobre «pruebas de sexo».
  • Poner a las mujeres bajo observación por aplicación de las reglamentaciones y, en algunos casos, obligarlas a someterse a exámenes médicos constituye una forma de controlar los cuerpos de las mujeres en función de definiciones arbitrarias de la feminidad y de estereotipos raciales.
  • Los órganos que rigen las actividades deportivas —incluidos World Athletics y el Comité Olímpico Internacional— deberían dejar sin efecto todas las reglamentaciones que exigen la práctica de intervenciones que no responden a una necesidad médica y que se realizan para seguir cumpliendo con los requisitos sobre elegibilidad.

(Ginebra) – Las mujeres atletas, en general procedentes del sur global, sufren abusos y daños causados por las reglamentaciones sobre «pruebas de sexo», señaló Human Rights Watch en un informe que se dio a conocer el día de hoy. Las reglamentaciones están dirigidas a mujeres que participan en carreras de entre 400 metros y una milla, y obligan a estas mujeres a someterse a intervenciones médicas o a quedar fuera de las competencias.

El informe de 120 páginas, ‘They’re Chasing Us Away from Sport’: Human Rights Violations in Sex Testing of Elite Women Athletes [«Nos expulsan del deporte’: Violaciones de derechos humanos en las pruebas de sexo a mujeres atletas de élite» -resumen y recomendaciones en español-] documenta las experiencias de más de una decena de mujeres atletas del Sur Global que se han visto afectadas por las reglamentaciones sobre pruebas de sexo. Human Rights Watch observó que las reglamentaciones globales que alientan la discriminación, la vigilancia y la intervención médica forzada tienen como resultado daños físicos y psicológicos y dificultades económicas para las personas afectadas. El Comité Olímpico Internacional —el órgano supremo de los deportes globales— está desarrollando pautas para abordar violaciones de derechos humanos causadas por las políticas de pruebas de sexo.

«World Athletics ha actuado contra mujeres del Sur Global durante décadas, y ha tratado a quienes tienen altos niveles de testosterona como no humanas», señaló Payoshni Mitra, académica y defensora de los derechos de los atletas. «Estas reglamentaciones desmerecen a las mujeres, les hacen sentir que algo de su persona es inadecuado, y las obligan a someterse a intervenciones médicas para participar en actividades deportivas. Los deportes modernos deberían adaptarse para fomentar la inclusión y erradicar la discriminación en lugar de perpetuar la exclusión y la discriminación».

Human Rights Watch se asoció con las académicas expertas Payoshni Mitra y Katrina Karkazis para llevar a cabo investigaciones en 2019, y entrevistó a atletas afectadas, a sus entrenadores y a otros funcionarios y expertos vinculados con esta cuestión, además de examinar documentos judiciales y médicos.

Durante décadas, los órganos que rigen las actividades deportivas han regulado la participación de las mujeres en los deportes a través de reglamentaciones de «pruebas de sexo» dirigidas a mujeres atletas con algunas variaciones en sus características de sexo que hacen que sus niveles naturales de testosterona sean superiores a los habituales. Estas reglamentaciones niegan a estas mujeres el derecho a participar como mujeres en eventos de carreras de entre 400 metros y una milla, salvo que se sometan a pruebas invasivas y a procedimientos médicos innecesarios. Estas prácticas violan los derechos fundamentales a la privacidad, la salud y la no discriminación. Muchas mujeres del Sur Global —incluidas corredoras como Dutee Chand de India y Caster Semenya de Sudáfrica—han sufrido un perjuicio desproporcionado.

Para identificar a las personas alcanzadas por las reglamentaciones, los funcionarios someten los cuerpos de todas las mujeres atletas al escrutinio público y exigen que aquellas que parecen «sospechosas» se sometan a exámenes médicos degradantes y, a menudo, invasivos. Estos exámenes constituyen una forma de controlar los cuerpos de las mujeres en función de definiciones arbitrarias de la feminidad y los estereotipos raciales. No existe un consenso científico respecto de la posibilidad de que las mujeres con niveles naturalmente más altos de testosterona tengan una ventaja de rendimiento en el atletismo. Pese a que, entre los hombres, existe una amplia diversidad de niveles de testosterona, nunca se han establecido reglamentaciones análogas para ellos.

Las mujeres entrevistadas manifestaron haber experimentado un cuestionamiento profundo de su propia persona, vergüenza y alejamiento del deporte —aun cuando este era su medio de vida—, así como intentos de suicidio. Una corredora que había sido sometida a pruebas de sexo y posteriormente quedó descalificada dijo: «Quería saber los resultados… Quería saber quién soy. ¿Por qué me someten a pruebas? A otras jóvenes no les realizan pruebas… Quería saber por qué me habían llevado al hospital y me habían quitado la ropa».

Además de las violaciones de derechos humanos que entrañan estas reglamentaciones, el impacto de su aplicación se extiende más allá del ámbito de los deportes. Tener éxito en el atletismo puede permitir que las mujeres tengan estabilidad económica. Desde educación hasta vivienda y alimentos, los beneficios pueden manifestarse tempranamente, y también pueden ser una vía que conduzca a un empleo estable fuera del ámbito del deporte. Muchas de las atletas entrevistadas crecieron en un entorno de extrema pobreza. Su éxito en el atletismo a menudo se convirtió en una fuente de ingresos para toda su familia. En algunos casos, su alejamiento abrupto del deporte después de haber sido descalificadas resultó devastador para su propio bienestar económico y el de sus familias.

Expertos del área de salud, defensores de derechos humanos y atletas de élite han se han pronunciado de manera creciente contra las reglamentaciones. En un informe de2020, la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos recomendó revocar de manera inmediata las reglamentaciones sobre pruebas de sexo para las mujeres atletas. La Asociación Médica Mundial ha recomendado que los médicos de todo el mundo no deberían cumplir con las reglamentaciones, porque violan la ética médica.

En 2019, 25 mujeres atletas francesas escribieron una carta abierta al presidente de World Athletics Sebastian Coe, al presidente del Comité Olímpico Internacional Thomas Bach, y a los ministerios de salud y de deportes de todo el mundo, en la cual manifestaron: «Estas mujeres son seres humanos y atletas de alto nivel como nosotras. Compartimos con ellas la misma pasión por el deporte y sus valores. Su salud y su futuro se encuentran en peligro. La imagen del deporte ha vuelto a empañarse. Se han avasallado los derechos humanos y la dignidad humana».

Roxana Maracineanu, la ministra de Deportes de Francia, reaccionó diciendo: «Tenemos mujeres que compiten que son más fuertes que otras mujeres, tenemos hombres que compiten que son más fuertes que otros hombres, este es el principio del deporte, y gana el mejor. No comprendo, desde un punto de vista deportivo, por qué en categorías de hombres hay personas como Usain Bolt, Michael Phelps, Ian Thorpe y otros que tienen la oportunidad de dominar su categoría, y por qué en una categoría de mujeres hay mujeres que no tienen el derecho a dominar en su categoría».

«Impulsadas por creencias erróneas sobre la testosterona, la biología y el género, e impregnadas del lenguaje paternalista sobre la ‘protección’ de las mujeres atletas, estas reglamentaciones causan un daño indescriptible a las mujeres, especialmente a las del Sur Global», señaló Katrina Karkazis, profesora visitante de estudios sobre mujeres, género y sexualidad de Emory University, y becaria en Yale Global Health Justice Initiative. «Estas reglamentaciones causan daño porque las presunciones que subyacen a ellas son intrínsecamente sexistas: que las mujeres atletas son siempre inferiores a los hombres atletas, de manera que debemos controlar los deportes de mujeres con el fin de proteger a las mujeres. Este control no sirve para proteger a las mujeres; solamente sirve para causarles daño».

La industria global del deporte está regulada por un sistema complejo de entidades gubernamentales y no gubernamentales locales, nacionales, regionales e internacionales —incluidos los órganos que rigen las actividades deportivas— que tienen diferentes relaciones con los mecanismos oficiales de derechos humanos. Los órganos que rigen las actividades deportivas tienen una función particular en la regulación de los deportes en todo el mundo.

Los gobiernos de todo el mundo han asumido un compromiso con la igualdad de género y contra la discriminación de las mujeres. Los gobiernos tienen la obligación de proteger los derechos de los atletas que representan a sus países y compiten en su suelo. Las normas de derechos humanos se aplican a todos. Las políticas que son intrínsecamente discriminatorias —como las reglamentaciones sobre pruebas de sexo— van en contra de los compromisos del movimiento olímpico con la dignidad y la igualdad para todas las personas, manifestó Human Rights Watch. Regular el juego limpio es una función válida de las autoridades deportivas; cometer violaciones de derechos humanos en el proceso no lo es.

World Athletics debe dejar sin efecto estas reglamentaciones de manera inmediata. El Comité Olímpico Internacional (COI) —la autoridad suprema en deportes internacionales— debería defender los principios fundamentales de la Carta Olímpica, incluido el Principio 4, que establece que «toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo», y el Principio 6, que indica que «el disfrute de los derechos y libertades establecidos en esta Carta Olímpica debe garantizarse sin ningún tipo de discriminación, ya sea por raza, color, sexo, orientación sexual, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, riqueza, nacimiento u otra condición1K.

El COI debe reconocer públicamente los prejuicios raciales y de género que están presentes en las reglamentaciones sobre pruebas de sexo, y eliminar todas las reglamentaciones que exigen la práctica de intervenciones que no responden a una necesidad médica y que se realizan para seguir cumpliendo con los requisitos sobre elegibilidad.

«Al examinar y excluir a competidoras mujeres por sus niveles hormonales naturales, las reglamentaciones de World Athletics estigmatizan, establecen estereotipos y discriminan a todas las mujeres», señaló AgnesOdhiambo,  investigadora sénior sobre derechos de la mujer de Human Rights Watch. «Ser obligadas a someterse a un examen médico puede resultar humillante, porque no responde a una necesidad médica. Identificar a las atletas mediante la observación y la sospecha es una forma de controlar los cuerpos de las mujeres en función de definiciones arbitrarias de la feminidad y los estereotipos raciales».

Selección de testimonios presentados en el informe:

«La funcionaria de la federación me dijo que tenía que tomar la medicación. Me explicó que la IAAF quería recibir los detalles sobre mi caso, y saber si puedo tomar los medicamentos y, quizás, hacer la cirugía».
— D. B., atleta que fue sometida a pruebas de sexo que arrojaron como resultado que no reunía los requisitos establecidos por las reglamentaciones de World Athletics.

«La médica me preguntó cosas sobre mi vida y me hizo un examen físico en el cual me controló el pecho, los genitales, incluso por dentro, y me preguntó si menstruaba y si tenía novia o novio».
— P. H., atleta que fue sometida a pruebas de sexo que arrojaron como resultado que no reunía los requisitos establecidos por las reglamentaciones de World Athletics.

«Durante la prueba, solo hablaban sobre [otra atleta a quien le habían realizado pruebas]. No mencionaron nada sobre una ventaja indebida. Y dijeron que iban a quitarme las medallas como lo hicieron con las medallas de [otra atleta]. Dijeron que si dejo [de competir], no van a hacer nada. Pero si continúo, me quitarán todo. Yo no entendía lo que decían. Me preguntaba: ¿Qué es la testosterona? …No entendía por qué la testosterona era importante».
— P. F., atleta que fue sometida a pruebas de sexo que arrojaron como resultado que no reunía los requisitos establecidos por las reglamentaciones de World Athletics.

«Mi vida se terminó: ningún entrenador tiene interés en prepararme; no tengo trabajo. No podía ni siquiera comer».
— J. G., atleta, al describir el impacto de ser considerada inelegible.

«Que [World Athletics] diga que estas atletas deben tomar fármacos para reducir sus niveles [de testosterona], lo cual puede generar otros efectos secundarios, es nefasto. Desde mi manera simplista de analizarlo, es casi un problema de dopaje en sí mismo. Dopaje forzado; dopaje sistémico».
— J. Q., entrenador de varias mujeres que sufrieron el impacto de las reglamentaciones sobre pruebas de sexo de World Athletics.

«En función de la conversación que mantuve con la paciente, puedo decir que mi impresión es que ella no comprendía o no sabía exactamente lo que se le hizo, ni qué otro tipo de atención o tratamiento se requería, o cuáles son las consecuencias para ella».
— Dr. Thomas Seppel, un endocrinólogo de Alemania que examinó a una mujer atleta del Sur Global que fue sometida a una gonadectomía en un intento de continuar compitiendo conforme a las reglamentaciones de World Athletics.

Fuente: Human Rights Watch

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