El candidato del MAS, Luis Arce Catacora, ganó las elecciones de Bolivia ya en primera vuelta, con el 52,4 % de los votos. El derechista Carlos Mesa quedó en un lejano segundo lugar, con el 31 % de los votos, y Luis Camacho en un humillante tercer lugar, con solo el 14 % de los votos. Jeanine Áñez, que presidió Bolivia por un año tras el golpe, ya había retirado su candidatura previamente por los catastróficos resultados previstos.

La victoria de Luis Arce impone una dura decepción para el ultraderechista presidente Jair Bolsonaro. Basta con recordar que, cuando del golpe de 2019 patrocinado por la Organización de los Estados Americanos, la OEA, Brasil ha sido de los primeros en reconocer a la autoproclomada presidenta Jeanine Áñez.

Como divulgó el diario boliviano El Periodista en noviembre de 2019, la oposición derechista boliviana, en un intercambio de audios, afirmó que su actuación tiene el respaldo directo de Bolsonaro y de la cúpula de las iglesias brasileñas. Miembros del Partido Republicano de Trump, como el senador Ted Cruz, también participaron de la articulación de policías y militares de extrema derecha. Lamebotas eximio de Trump, Bolsonaro ya había apoyado el intento de golpe de Juan Guaidó en Venezuela, y no fue distinto en Bolivia.

La mínima perspectiva de la victoria de la derecha en Bolivia animaba a Bolsonaro con la idea de fortalecer la tendencia que ya cuenta con varios gobiernos sudamericanos, con Chile, Ecuador y Colombia entre ellos. La victoria de Arce rompe esa situación mientras Bolivia abre canales de diálogo con la Argentina de Alberto Fernández, el gran enemigo ideológico del ultraderechista brasileño.

Otra derrota dolorosa en el horizonte

La de Bolivia puede no ser la única derrota  está a punto de sufrir otra derrota. Si se confirman las expectativas de victoria del demócrata Joe Biden sobre Donald Trump, el eje Brasilia-Washington pasará a una nueva etapa. La rendición de Bolsonaro al líder estadounidense quedará expuesto ante la opinión pública si Trump, como se prevé, cae.