Por J.C.
El movimiento independentista catalán arrancó con una frágil alianza entre la izquierda y la derecha republicanas (esta última lastrada por graves casos de corrupción), lo que hacía prácticamente imposible -por la contradicción de las fuerzas que la integraban- la proclamación de una República duradera.

Si la mayoría de los independentistas hubiera sido (p. ej.) de izquierdas o de otro color político homogéneo no hubiera habido fisuras, ni en la plataforma, ni entre los votantes, ni entre el pueblo, por lo que ningún 155 hubiera parado la DUI. A no ser que el ejército hubiera tomado la plaza.

Además, los republicanos ganaron en escaños pero no en sufragios. Independientemente de lo que diga la Ley Electoral es más importante el número de votos de los ciudadanos que las normas que se crean para constituir cualquier parlamento.

Ahora Puigdemont, que ha saboreado un éxito agridulce y menguante, se encuentra como el astronauta ruso Serguéi Krikaliov, que fue abandonado en una estación espacial 310 días y 310 noches (entre 1991 y 1992) pues le pilló en la bóveda celeste la desmembración de la URRS y, los responsables de traerle a casa se olvidaron de él.

A veces la política, como la vida, es ingrata. Rajoy el héroe que salvó la unidad de España, ha recibido un duro castigo en diferido y el buque del PP parece que se está hundiendo. Lo que menos esperaba “el gallego impasible” es que le saliera el tiro por la culata.

Si alguien está celebrando por todo lo alto la victoria de C’s y la debacle del PP es Aznar -palabra que etimológicamente viene de Azno (1)-. Este personaje lleva tanto tiempo pegado a la Botella que está enganchado a una permanente ebriedad ideológica.

Hay quien dice que Inés Arrimadas se ha convertido en la juglar del terremoto catalán y que, en las noches de luna llena, se la ve tocando el arpa en la terraza de un palacete medieval. Poseída por el éter, canta con voz melódica y la mirada perdida en el infinito:

¡Ay, Puigdemont! ¡Ay, Puigdemont!
La distancia es como el viento
Apaga un fuego pequeño
Pero aviva un gran incendio.

La, la, lá
La, le, lí
Le, la, lí
Li, le, lá….

-1-La sentencia de que “Aznar procede etimológicamente de Azno”, no es del autor de este artículo ¡Válgame Dios! Pertenece al repertorio satírico del cantautor y revolucionario chileno León Canales, quien entre canción y canción, dedicaba unos minutos a la sátira política cuando actuaba en el madrileño Rincón del Arte Nuevo (Calle Segovia 17). Si el comentario acerca de Aznar, el paladín de la Guerra de Irak, ha ofendido a sus fans, les pido mis más sinceras disculpas obviando que vivimos en la época de la Postverdad.

 

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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