Ferrer i Guàrdia nació en Alella en el año 1854, en una familia de campesinos. A los 13 años tuvo su primera disputa con la Iglesia, tras denunciar al sacerdote de su pueblo de intromisión familiar, por lo que fue enviado por su familia a trabajar a Barcelona, donde entró como aprendiz en un comercio de harinas cuyo dueño le inscribió en clases nocturnas y le inició en los ideales republicanos.

Más tarde entraría a trabajar como revisor en la compañía de ferrocarriles Barcelona-Cerbère lo que  le permitió convertirse en el correo que aseguraba el contacto entre los revolucionarios españoles y el exiliado presidente del gobierno republicano Manuel Ruiz Zorrilla, de cuyo Partido Republicano Progresista era militante.

Muy joven se casó con Teresa Sanmartí con la que tuvo que exiliarse a París y donde vivió unos quince años. Subsistió dando clases de castellano y ejerciendo como secretario sin sueldo de Ruiz Zorrilla.

En París descubrió su vocación pedagógica y desarrolló una brillante carrera al frente de la escuela laica que él mismo había fundado, con lo que se ganó prestigio internacional como pedagogo librepensador y enemigo del oscurantismo que por aquel entonces dominaba la enseñanza religiosa en España. En julio de 1892, participó en el Congreso Librepensador de Madrid.

Se separa de Teresa Sanmartí para casarse años después con Leopoldine Bonnard, maestra de tendencias anarquistas con quien recorrió Europa.

Tras recibir una cuantiosa herencia que le dejó al morir Ernestine Mennier -una rica anciana parisiense a la que había dado clases de español, regresó a Barcelona, en donde se instaló y creó la Escuela Moderna. Se trataba de una escuela con un ideario racionalista e igualitario, laica y ácrata, no coercitiva. Comenzó con una treintena de alumnos y llegaría a alcanzar los 175. Esta iniciativa pedagógica le acarreó la enemistad con los sectores conservadores y con la Iglesia católica, que veían en estas escuelas laicas una amenaza a sus intereses, como dueños en exclusiva de la educación en España.

En ese círculo conocería a Soledad Villafranca Los Arcos que desde finales de 1905 hasta su muerte sería ya su compañera.

Ferrer i Guàrdia fue acusado por inducción al asesinato cuando un trabajador de su editorial, Mateo Morral, atentó contra Alfonso XIII el día de su boda lanzando una bomba que provocó la muerte de veintitrés personas. Fue absuelto de los cargos ya que no se reunieron pruebas concluyentes contra su persona, pero se le impuso una fuerte vigilancia y se cerró su Escuela.

En 1909 vuelve a ser detenido acusado de haber sido el instigador de la rebelión obrera y popular contra la Guerra de Marruecos, conocida como la «Semana trágica», con el pretexto de su antigua vinculación con Mateo Morral.

Se constituyó el consejo de guerra en la prisión Modelo de Barcelona para juzgarlo en el que terceras personas decían haber visto a Ferrer dirigiendo el incendio de edificios religiosos. Se cambia un delito de sedición castigado con cárcel por otro de rebelión que acarrea pena de muerte por lo que es ejecutado el 13 de octubre de 1909. Se negó a que le vendaran los ojos, gritando en el momento de ser fusilado sus últimas palabras, no acabadas porque la fusilería lo acalló: «Soldados, vosotros no tenéis la culpa. Apuntad bien. ¡Viva la Escuela Moderna! Muero inocente y feliz de…»

Dicho proceso provocó un escándalo internacional y motivó una campaña internacional de mítines y movilizaciones en todas las principales capitales europeas y que pilló por sorpresa al gobierno español, causando tal crisis que su primer ministro, Antonio Maura, se vio obligado a dimitir, lo que le acarreó el fin de la política activa.

Posteriormente, en dos ocasiones por lo menos, se debatió en el Congreso de los Diputados de Madrid la petición de revisión del proceso a Ferrer Guardia (y su consiguiente rehabilitación), apoyada por los parlamentarios republicanos y Pablo Iglesias, pero en ambas fue rechazada gracias a los votos de los dos partidos dinásticos, el Conservador y el Liberal, y los de la Liga Regionalista. En 1911 se revocó la parte de la sentencia relativa a la confiscación de bienes, al haber sido considerado responsable civil de los daños producidos en la Semana Trágica, por lo que fueron devueltos a sus herederos.


Fuentes: Wikipedia, La Vanguardia, nuevatribuna.es