Muchas veces hemos escuchado que el dictador Francisco Franco creó la Seguridad Social. Es un bulo que cada cierto tiempo vuelve a las redes y que es necesario desterrar. Aunque es cierto que con Franco se acuñó el nombre de «Seguridad Social», el origen de las políticas de protección social es muy anterior a la dictadura. Además, el imperfecto modelo de prestaciones que después implantó en el régimen estaba muy lejos del sistema que conocemos hoy.

Las primeras prestaciones que percibieron los españoles surgieron de la Comisión de Reformas Sociales constituida en 1883 para estudiar cómo mejorar el bienestar de la clase obrera. En 1900 se crea el primer seguro social, de accidentes de trabajo, y en 1908 nace el Instituto Nacional de Previsión para gestionar las nuevas prestaciones.

Así, surgen seguros sociales como el Retiro Obrero, el Seguro Obligatorio de Maternidad y el de Paro Forzoso, en este caso ya en la Segunda República, cuando se produjo un rápido crecimiento del gasto social que se estancaría en los primeros años de la dictadura.

El régimen franquista amplió el catálogo (con seguros de enfermedad y de vejez e invalidez) y, ante las discriminaciones y desequilibrios financieros que provocaron las nuevas mutualidades laborales por sectores, intentó integrar los diferentes mecanismos de protección a través de una Ley de Bases de la Seguridad Social, que fue aprobada en 1963 y dio nombre al sistema actual. 

Franco bautizó el sistema como ‘Seguridad Social’, pero era un modelo desequilibrado y tenía duplicidades, mantuvo las cotizaciones alejadas de los salarios reales de trabajadores y estuvo infradotado. Así, el gasto social se mantuvo prácticamente estancado entre 1945 y 1965.

El franquismo tampoco estableció impuestos progresivos, ni transferencias a la Seguridad Social, ni servicios sociales universales, como ocurría en las democracias europeas. Como resultado, España se distanció de todos estos países y, en 1966, solo Portugal, que también era una dictadura, tenía unos niveles de gasto social tan bajos.

A partir de 1967, el gasto social empezó a crecer más rápido y se recortaron distancias con el resto de Europa, pero no sería hasta la llegada de la democracia tras la muerte de Franco cuando nacería el moderno sistema de la Seguridad Social, alumbrado a raíz de los Pactos de la Moncloa de 1978, que racionalizó el modelo e implicó a los agentes sociales.

La Constitución española de 1978 establece que «los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo».

La universalización del modelo se completó con la Ley General de Sanidad de 1986, que extendió la cobertura sanitaria a todos los españoles, aunque no cotizaran a la Seguridad Social, porque su financiación ya no dependía de las cuotas de trabajadores y empresas, sino directamente de los Presupuestos Generales del Estado.

Por lo tanto, tal y como exponemos, Franco poco tuvo que ver con el modelo de sanidad pública que conocemos hoy en día. Las mentiras como esta pueblan las redes a diario, aunque un simple repaso histórico las desmonta. No dejemos que la extrema derecha y sus bulos siembren las mentiras con el fin de blanquear la dictadura: Franco fue un dictador sanguinario que lastró a España en los derechos y libertades más básicas.

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