Friedrich Engels nació en Barmen -distrito integrado en la actual ciudad alemana de Wuppertel- en la vieja Prusia, el 28 de noviembre de 1820 -hace hoy 200 años-, y murió a los 75 a causa de cáncer en el esófago el 5 de agosto de 1895 en Londres. Sus cenizas fueron arrojadas en el Mar del Norte, cumpliéndose con su última voluntad: esparcir su pensamiento por el mundo.

No es la pretensión de esta nota reseñar extensamente la biografía de Engels. La humilde intención de estas líneas es poner el acento sobre una fecha tan especial, en la que se cumple el bicentenario del natalicio de Federico Engels, figura singular por su ingente labor intelectual y por su intensa militancia en el movimiento obrero y revolucionario. Joven brillantísimo, políglota, abierto como pocos a los signos de su tiempo, que vivió lleno de contradicciones y cuya rebeldía lo llevó a renunciar a una cómoda vida de burgués. Nacido en el seno de una próspera familia de industriales textiles, a los 24 años ya había escrito y publicado un trabajo memorable de investigación sociológica sobre la clase obrera en Manchester, corazón del capitalismo industrial (1844).

Este luchador austero y pensador profundo, tenía una gran sensibilidad y humanidad. Era un hombre genial y pragmático, autodidacta, bon vivant, de alma inquieta, el “gentleman comunista” -como le definiría el historiador británico Tristram Hunt-, cuya generosidad la manifestó durante toda su vida con las personas que se acercaron a él, más allá del compromiso político concreto. Fue un revolucionario indomable, conocedor profundo de la miseria que el capitalismo genera; un estudioso de la sociedad de la época. En lo personal y afectivo, también vivió el sentimiento de clase, uniéndose a una obrera irlandesa, Mary Burns, su primer amor.

A Karl Marx lo conoció en 1842 en Colonia, y entre ambos intelectuales alemanes comenzó una gran amistad y una estrecha colaboración que duró 40 años. Engels aparecía como un miembro más de la familia en casa de Marx, cuyas hijas le llamaban «El General», por sus vastos conocimientos militares. Desde el momento en que se encontraron, Marx advirtió que ese joven, dos años menor que él, tenía una personalidad especial. Su confesada admiración por el talento y la agudeza intelectual de Engels quedó plasmada en dos frases memorables de Marx: «Engels, el hombre más culto de Europa«, dijo en una oportunidad; y en otra, refiriéndose a su amigo lo describió como «un verdadero diccionario universal”.

En una carta personal al socialista Conrad Schmidt (en 1890), Engels afirmaba que “en vida de Marx siempre toqué como segundo violín”. Situado siempre (y voluntariamente) a la sombra de Marx, Engels brilló de manera autónoma. El Moro de Trier le debe a Engels –además de ser su mecenas y confidente durante muchos años- nada menos que el haberle introducido en la economía política clásica y en las potencialidades que encerraba esta disciplina para el análisis del capitalismo y la sociedad industrial, y para el desarrollo del pensamiento y la práctica del socialismo. Su labor como albacea y editor de El Capital (1867) fue clave para la finalización de su edición. Después de la muerte de Marx en 1883, Engels publicó el segundo y el tercer volumen de su obra principal, Das Kapital

Ambos publicarían juntos obras tan influyentes como La Sagrada Familia (1844), La ideología alemana (1845-46) y El Manifiesto Comunista (1848).

Engels -a diferencia de Marx que falleció doce años antes- vivió lo suficiente como para comprobar la profundidad y los alcances de la recuperación capitalista, y fue precisamente ésta quien lo convenció de que el relanzamiento de un nuevo ciclo revolucionario debería esperar la lenta maduración de las condiciones objetivas y subjetivas, por ahora ausentes. Una anticipación del cambio en el paradigma estratégico del movimiento obrero que, muchos años después, sería teorizado por Gramsci: entrever la necesidad de adoptar una estrategia popular que le permitiera a las clases subalternas librar exitosamente el combate por la hegemonía en el seno de la sociedad civil, para convertirse, en «clase dirigente» antes de siquiera pretender ser «clase dominante».

Sin embargo, el libro de Federico Engels El Anti-Dühring (1878) -título abreviado de una obra clásica de la filosofía marxista, La subversión de la ciencia por don Eugenio Dühring – fue su obra cumbre, de una significación política pocas veces repetida en la historia de la humanidad. Supuso el compendio, la síntesis, desarrollo y formalización de las primeras conquistas intelectuales, científicas, materiales y morales, del edificio revolucionario llamado Marxismo, donde se sistematizan sus tesis fundamentales.

La labor de Engels es clave en la lucha por las reivindicaciones de la clase obrera y trabajadora mundial. Él fue el primero en afirmar que el proletariado no solo constituye una clase explotada, sino que precisamente la miserable situación económica en que se encuentra lo impulsa hacia adelante y lo obliga a luchar por su emancipación definitiva. «No es posible comprender el marxismo ni es posible exponerlo coherentemente sin tener en cuenta todas las obras de Engels», dijo Vladimir Ilich Lenin. El legado engelsiano sigue vivo en el movimiento obrero y sindical, al adentrarse de forma pionera en el mundo del trabajo y en las entrañas del sistema capitalista.

El 200º aniversario del nacimiento del filósofo, historiador, teórico social, periodista, empresario textil y revolucionario comunista Friedrich Engels, es conmemorado durante todo este año en Alemania con diversas actividades académicas, seminarios internacionales y exposiciones alusivas, tanto en su ciudad natal, como en otras urbes.

Asimismo, se celebra desde el 27 de octubre al 5 de diciembre de forma telemática y en sesiones alternas, el Congreso internacional ¡Engels Vive! 1820-2020, (https://engelsvive2020.wixsite.com/congreso) que pretende ensalzar la vigencia de su pensamiento y generar un diálogo desde el siglo XXI con las líneas directrices que nos trazó Engels en el XIX.

La erudición con la que Engels analiza temas filosóficos, sociológicos o económicos en cada tratado, de modo profundo, coherente, multilateral y completo, de manera altruista y desinteresada, contrasta con estos tiempos de distopias, de envilecimiento de la política, de crisis civilizatoria generalizada. ¿Qué queda hoy, en su doscientos cumpleaños, de esta figura singular más allá de su propia vida, sus ideas y sus escritos? En el texto “Marx and Rock” –incluido en el libro Dígaselo con Marx (VV.AA., Ediciones GPS, 2018)- se recoge una colección de estatuas de Karl Marx, algunas de ellas junto a Engels, erigidas en diferentes lugares del mundo. Una estatua no es un objeto neutro ni decorativo. Cuando se instala una estatua en un lugar público, se está conmemorando y homenajeando a la persona que está representada. Y frente a una gran furia iconoclasta -desatada por asesinatos racistas en EE.UU.- que se ha propagado este año por muchos lugares contra las estatuas de distintos “personajes” (en algunos casos, acciones controvertidas), que han comenzado a caer al suelo sin parar; Friedrich sigue en pie en ciudades como Wuppertel, Manchester, Moscú, Berlín o Shanghai, honrado por monumentos a su recuerdo. Como colofón, seguidamente se recogen imágenes de estos monumentos -algunos de ellos de conocimiento personal- donde hoy, seguro, hay depositadas flores a sus pies.

Estas notas de recordatorio obituario, comienzan con una cita de Engels “Todo lo que pone a la gente en movimiento, debe pasar primero por sus cabezas (…)”. También por sus corazones, deberíamos añadir; aunque corran malos tiempos para la lírica.


Wuppertel, Renania del norte – Westfalia, Alemania
Wuppertel, Renania del norte – Westfalia, Alemania

El Engels Memorial es una estatua de bronce del filósofo y revolucionario comunista alemán FRIEDRICH ENGELS, realizada por el escultor chino Zeng Chenggang (2014) y donada por la República Popular China a la ciudad alemana. Se encuentra en el Jardín de Engels en Wuppertal, Alemania.


Busto de Engels en el jardín de Smolnogo, San Petersburgo, Rusia.
Busto de Engels en el jardín de Smolnogo, San Petersburgo, Rusia.

El monumento se encuentra ubicado en el parterre Smolny, en San Petersburgo desde 1932. El busto de bronce está colocado sobre un pedestal de granito de tres metros. En el otro lado de la avenida –frente a frente- se encuentra otro busto de K. Marx.


Plaza Prechistenskie Vorota. Moscú, Rusia.
Plaza Prechistenskie Vorota. Moscú, Rusia.

La estatua fue instalada en Moscú en 1976 en la plaza Prechistenka. Su autor es el escultor I. Kozlovsky. El monumento es una gran figura de bronce montada sobre un pedestal de granito con la inscripción «Friedrich Engels». 


En Manchester, Inglaterra.
En Manchester, Inglaterra.

Estatua de los años 70 procedente de Ucrania, , que compró Phil Collins en 2017 cuando decidió rendirle homenaje al autor de “La condición de la clase obrera en Inglaterra”, que vivió durante dos décadas en esta ciudad. Situada en Tony Wilson Place (Manchester) frente al centro de artes escénicas.


Parque Fuxing. Shanghai, China.
Parque Fuxing. Shanghai, China.

La estatua se encuentra en el parque Fuxing, en Shanghai. Con más de seis metros de altura, la escultura tallada en piedra, se levantó en 1985 para conmemorar el 90 aniversario de la muerte de F. Engels.


Marx-Engels Forum. Berlín, Alemania.
Marx-Engels Forum. Berlín, Alemania.

Monumento situado en el parque del distrito de Mitte, en Berlín (antigua RDA). Fue inaugurado el 4 de abril de 1986. El conjunto escultórico fue diseñado por Ludwig Engelhardt.


Luis Miguel Sánchez Seseña – Economista