Antes de que los fanáticos de las religiones monoteístas (judíos, cristianos y musulmanes) inventaran el pecado y prohibieran el sexo, los seres humanos gozaban de su cuerpo con naturalidad y espontaneidad, pues ese Dios «resentido con la felicidad humana», aún no había creado el Infierno. Los paganos gozaban como enanos en Sodoma y Gomorra y, no digamos en el antiguo Egipto, donde los dioses practicaban el coito anal (Seth violó a su sobrino Horus, tras un brutal combate (1), y los hombres y las mujeres se enamoraban apasionadamente y daban rienda suelta a sus instintos siguiendo la ley de la naturaleza, según la cual el único pecado es no vivir la vida.


Por Javier Cortines

Sería un atrevimiento afirmar que el Papiro Erótico de Turín, (encontrado en el interior de una antiquísima vasija en Luxor, en el siglo XIX), es la primera revista pornográfica de la historia ya que, lamentablemente, la Biblioteca de Alejandría, que albergaba unos 900.000 manuscritos, fue arrasada sucesivamente por romanos, cristianos y árabes, lo que nos privó del inmenso legado de la civilización egipcia y de otras grandes culturas.

Ese rollo de 2,59 metros de longitud y 25 centímetros de ancho -que contiene doce escenas sobre “el sexo pagano” que se practicaba en el país de El Nilo hace más de 3.000 años- fue hallado casualmente por un obrero que participaba en unas excavaciones que se realizaban en el poblado de Deir el-Medina, muy cerca del Valle de los Reyes y de las Reinas.

“El papiro tiene imágenes tan monstruosas y obscenas, que me dieron una impresión muy extraña del comportamiento y sabiduría de los egipcios”, exclamó Jean Françoise Champolion, el hombre que descifró la Piedra Rosetta, nada más analizar aquel milenario “kamasutra” del país que tanto admiraban los griegos.

Sobre ese papiro que sonrojó al historiador francés, que actualmente se encuentra en el museo de la ciudad italiana de Turín, se ha dicho de todo, pero siempre quedarán interrogantes acerca de qué se proponía el autor de esa deslumbrante orgía de los sentidos. Los cuadros retratan recurrentemente versiones del “coito a tergo” (el hombre penetrando a la mujer por la parte trasera, tanto por la vagina como por el ano) (2).

El sarcástico artista, que posiblemente pintó esa obra maestra durante el reinado de Ramsés II (1279-1213 a.D.) – periodo que coincidiría, más o menos, con el supuesto éxodo de los judíos y las Diez Plagas de Egipto- ¿Quiso retratar cómo era un prostíbulo de la época? ¿Las orgías que hacían altos dignatarios, algunos decrépitos, con jovencísimas sacerdotisas consagradas a la diosa Hathor (la Afrodita egipcia)? ¿O se trata acaso de una brutal sátira sobre los sacerdotes y militares que ostentaban el poder en Luxor?

Este escriba -tras dejar abiertas otras hipótesis y haber estudiado durante años las costumbres egipcias- se decanta por una sátira despiadada sobre los sacerdotes y los militares, en línea con las acuarelas que pintaban los hermanos Bécquer sobre los excesos amorosos que lubricaban la corte de la reina Isabel II, pinchar en Los Borbones en Pelota.

También parece ser «una obra feminista» ya que, mientras las mujeres están radiantes, llenas de vida, y rebosan alegría, juventud y belleza por doquier, los hombres (posiblemente sacerdotes del templo de Amón de edad avanzada, ergo con problemas eréctiles) parecen monigotes, están apagados, ensombrecidos, empequeñecidos, es decir, la virilidad queda muy mal parada con la sátira a sus «falsos falos descomunales». Allí, la reina de la bacanal es mujer. Mientras ellas disfrutan, gozan, ellos dan la impresión de que sufren, están angustiados.

En el dibujo que hace alusión a los militares, aparece una chica montada sobre un carro de guerra y ofreciendo sus nalgas a “un guerrero” para que la penetre. En esa imagen ella tiene mucho más poder que él, como en el resto de “las impúdicas escenas”. Es evidente  que las chicas se están riendo con franqueza de sus “itifálicos invitados”, que ya quisieran, en la realidad, tener la potencia de la adolescencia.

En otro retrato (el que alude al clero o a los cortesanos) hay un texto que dice:

Ven detrás mío con tu amor ¡Oh, Sol! Has encontrado mi corazón exaltado, ejercita mi deleite.

Teniendo en cuenta que el vocablo “Sol” se relacionaba en Egipto con gran número de divinidades (Ra, Horus, Isis, etc.,) y éstas reforzaban el poder de los templos y los cortesanos, parece que hay un sarcasmo adobado con tabasco  identificando al promiscuo hombrecito con el disco solar.

El papiro está adornado, entre otros detalles, con instrumentos de música (imprescindibles en cualquier fiesta egipcia) y flores de loto, con las que se elaboraba una droga afrodisíaca que tenía efectos psicotrópicos.

Concluyo con el comentario que hizo la historiadora Bettina Hughes en un reportaje que emitió en su día “History Channel”:

El Papiro de Turín es francamente asombroso, porque todo lo que puede ocurrir, realmente ocurre.

Veamos un video de la investigadora Laura Huertas explicando las escenas del Papiro de Turín.

(Debo señalar, también, que en Egipto no era extraño practicar sexo con los animales. Debido a que la mayoría de los dioses y diosas tenían un “alter ego” en la fauna, se copulaba con ellos en rituales sagrados. Había un celebre coito, que se realizaba en público, entre una mujer (de la corte o sacerdotisa) en la posición del perro que era penetrada por un macho cabrío (forma del Dios Amón). Eso lo describe Heródoto en su segundo libro de historia “Euterpe”, dedicado al país de los faraones).

1- Desmond Morris narra en su obra “El mono desnudo”, – todo un clásico de su género que leí hace décadas- cómo pelean ciertos primates que se disputan la supremacía del grupo. En muchos casos el perdedor, cuando ve que el macho alfa se dispone a matarlo, se da la vuelta, eleva sus cuartos traseros y se deja violar. Así, según descubrió el etólogo y zoólogo británico, el vencedor perdona la vida al vencido, ya que su agresividad desaparece con la eyaculación. (La violación de Horus por Seth parece una repetición de los patrones de nuestros ancestros).
-2- Tal vez para los beatos, los castos y partidos de la extrema derecha como VOX, el Papiro de Turín no sea más que una manifestación inaceptable de “terrorismo anal”. Debería aprovecharse la actual visita a Panamá del Papa, líder de la secta más influyente del planeta, para preguntarle si vamos al Infierno si copulamos como monos, es decir, como nuestros verdaderos padres.
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