Las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), alianza de milicias mayoritariamente kurdas, permanecen en alerta en los alrededores de la localidad de Al Baguz, donde quedan células del grupo yihadista Estado Islámico (EI), al que le arrebataron su último enclave el pasado fin de semana.

En el campamento de Al Omar, principal base de esas fuerzas, muchos combatientes se han marchado a casa después de la victoria declarada el día 23 de marzo, pero algunos permanecen vigilantes ante posibles contraataques.

Con un corazón grabado en su AK-47, el kurdo Oyalan Baker vigila el acceso al campamento desde el interior de una fortificación hecha con sacos terreros.

A sus 26 años y procedente de la localidad kurdosiria de Qamishli, en el norte de Siria, Baker es uno de los guardias de la base que ha servido para lanzar la batalla final contra el EI en la provincia de Deir al Zur, donde las FSD han arrebatado a los extremistas en los pasados meses todas las áreas que dominaban al este del río Éufrates.

Baker relata a Efe que anteriormente trabajaba en la agricultura y ahora está cumpliendo el servicio militar con las fuerzas de autodefensa kurdosirias, incluidas en las FSD.

Explica que va a volver a su hogar y dejará las armas por un tiempo, aunque no duda en volver si hay peligro y si su pueblo lo necesita.

Un pueblo en el que conviven kurdos y árabes, de fe musulmana, y siriacos, de credo cristiano, «sin ningún problema», asegura: «Somos todos hermanos, no hay problemas con nadie», insiste.

El enemigo común es el EI; todos los hombres jóvenes de la zona se han sumado a la lucha contra los yihadistas, que ocuparon amplias zonas del norte y del este de Siria, la denominada región de Royava, el Kurdistán sirio.

«Sí, todavía hay células del Estado Islámico», confiesa Baker desde su pequeña garita, ubicada encima de la puerta del campamento de Al Omar, que está fuertemente protegido por las FSD y también por las tropas de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, que ha apoyado a las milicias en su lucha contra los radicales.

A pesar de que el EI ha perdido todas las localidades que dominaba, sus «células durmientes» siguen activas y representarán uno de los principales retos para la seguridad de la zona, donde los extremistas llevan meses actuando contra civiles y milicianos.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha informado hoy de que las FSD, las fuerzas de seguridad kurdas «Asayish» y la Inteligencia kurda están llevando a cabo campañas de búsqueda de sospechosos de pertenecer al EI y a sus células en toda la provincia de Deir al Zur y otros puntos del país.

Según esa ONG, desde agosto de 2018 hasta la actualidad, al menos 266 personas, 77 de ellas civiles, han muerto en «operaciones de venganza» del EI contra milicianos, funcionarios de la Administración kurdosiria y trabajadores del sector del petróleo.

Los ataques tuvieron lugar en las provincias de Alepo y Al Raqa (norte), Deir al Zur y Al Hasaka (noreste), lo cual refleja la amplia presencia del EI más allá de los territorios que acaba de perder.

El Observatorio ha detallado que, según fuentes fiables, hay entre 4.000 y 5.000 yihadistas huidos que se encuentran en las localidades y áreas controladas por las FSD y que han creado células durmientes leales al EI u a otros grupos, o que simplemente buscan la supervivencia tras el colapso del autoproclamado «califato».

La red de activistas Deir Ezzor 24 ha publicado en su página web que las FSD han llevado a cabo redadas y una «amplia campaña de arrestos» en el norte de Deir al Zur, aunque no se sabe si los detenidos son miembros del EI.

Según los activistas que cuentan los horrores que ha sufrido esta región desde hace años, varios jóvenes fueron arrestados y llevados a un lugar desconocido, lo cual indica el riesgo de que las FSD puedan actuar ahora de forma arbitraria y vengarse de personas no vinculadas al EI.

Por Isaac J. Martín