En 1959, el eterno escritor Gabriel García Márquez fue corresponsal en Bogotá de la agencia de prensa Prensa Latina creada por el gobierno cubano después del comienzo de la revolución cubana para informar sobre los acontecimientos en Cuba. Allí «tenía que informar objetivamente sobre la realidad colombiana y difundir a la vez noticias sobre Cuba y su trabajo consistía en escribir y enviar noticias a La Habana. Era la primera vez que García Márquez hacía periodismo verdaderamente político.

En enero de ese mismo año García Márquez había conoció a Fidel Castro, pero su amistad se formó después, cuando el escritor ya estaba trabajando con Prensa Latina, viviendo en La Habana y se vieron de nuevo varias veces. Después de conocer a Castro, «Gabo estaba convencido de que el líder cubano era diferente a los caudillos, héroes, dictadores o canallas que habían pululado por la historia de Latinoamérica desde el siglo XIX, e intuía que solo a través de él esa revolución, todavía joven, podría cosechar frutos en el resto de los países americanos», según los pasajes recogidos del libro Gabo y Fidel: el paisaje de una amistad, de Ángel Esteban y Stephani Panichelli.

En entrevistas y artículos, Gabo alabó siempre la «inteligencia política» de su amigo, su «instinto» y su «curiosidad infinita», al tiempo que lo acompañó a discursos, fiestas y eventos.

«La figura de García Márquez como amigo de Fidel es algo sobre lo que se ha escrito mucho, pero no se ha profundizado», afirmó a Gabriela Polit, profesora del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Texas, al afirmar que los archivos «hay que verlos con calma» y que «pueden dar lindas sorpresas».

Por otra parte, el diplomático, periodista, biógrafo y compadre del Nobel, Plinio Apuleyo Mendoza señala que «Él es amigo de Castro, pero no creo que sea partidario del sistema, porque nosotros visitamos el mundo comunista y quedamos muy desencantados».

«Él tenía la facilidad de hablarle al oído a los poderosos. Por alguna razón desarrolló esa habilidad particularmente con Fidel», dijo César Salgado, profesor puertorriqueño de la Universidad de Texas, al constatar que el escritor intercedió para ayudar a disidentes a salir de la isla o con la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños.

El archivo personal de García Márquez no solo contiene un rico material gráfico con el líder revolucionario, sino también libretas con anotaciones inéditas sobre sus viajes a Cuba, además de un discurso y tres artículos mecanografiados por el propio Castro.

En 1983, cuando se le preguntó a Gabriel García Márquez: «¿Es usted comunista?» el escritor respondió: «Por supuesto que no. No lo soy ni lo he sido nunca. Ni tampoco he formado parte de ningún partido político». Según Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli, «Gabo entiende por socialismo un sistema de progreso, libertad e igualdad relativa» donde saber es, además de un derecho, un izquierdo (hay un juego de palabras que ambos autores utilizan para titular el capítulo de su libro: «Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo»).

El propio Castro, en 2008, calificó una visita de García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, como las «horas más agradables» desde que enfermó en 2006 y tuvo que delegar todos sus cargos.

 

 

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