Este mes de enero, se cumplen una serie de fechas conmemorativas, tanto en el plano militar como también políticas en Palestina y en específico en la Franja de Gaza, que en virtud de la decisión del presidente Mahmoud Abbas de llamar a elecciones generales para este año 2021, nos permite situar estas evocaciones a partir del año 2005.

¿Por qué ese año 2005? Porque las últimas elecciones presidenciales y legislativas palestinas, se verificaron en enero de aquel año y enero del año 2006, respectivamente. Por ello, ambas fechas son un importantísimo punto de partida, para el análisis de estos últimos 3 lustros de historia política palestina, donde el aspecto militar es insustituible, pues se trata de un país sometido a la colonización y ocupación militar del sionismo. Han transcurrido 16 años desde la elección presidencial, que llevó al cargo a Mahmoud Abbas, como también 15 años de las elecciones legislativas, que implicó el triunfo del Movimiento de Resistencia islámica (HAMAS) como también el cumplirse doce años del término de la denominada Operación Plomo Fundido, una de las operaciones militares más sangrientas de este siglo XXI, implementadas por las fuerzas sionistas contra el pueblo palestino y en específico contra la Franja de Gaza. Todas ellas signadas con el mes de enero como referencia.

Elecciones y la necesidad de frutos de unidad

Tras el proceso electoral para elegir presidente en Palestina, celebradas en enero del año 2005, generadas por la muerte de Yasser Arafat, resultó electo Mahmoud Abbas. Una elección cruzada por acusaciones de escasa transparencia y obstáculos puestos a los opositores, principalmente al médico y activista Mustafá Barghouti quien compitió por la primera magistratura. Hamas y la Yihad islámica habían llamado a boicotear estas elecciones. Un año después, el 26 de enero del año 2006 se efectuaron las elecciones generales palestinas destinadas a escoger a los miembros del llamado Consejo Legislativo palestino (Parlamento) encargado de elegir al primer ministro palestino.

El vencedor de aquellas elecciones legislativas fue el Movimiento de Resistencia islámica (HAMAS) que obtuvo el 44% de los votos y 74 de los 132 asientos parlamentarios. Un triunfo amplio, explicado por razones de política interna, sobre todo, por el relevante papel cumplido en el aspecto político, social y asistencial de HAMAS tras la primera Intifada, los nulos resultados derivados de los acuerdos de Oslo, la segunda Intifada y sobre todo por las serias acusaciones de corrupción que aquejaban a la Autoridad Nacional Palestina a quien se le enrostraba sus labores de coordinación de seguridad con las fuerzas ocupantes sionistas, que terminaban, finalmente en la represión de los propios palestinos.  Al Fatah ocupó el segundo lugar en aquella elección, que le significó sólo 45 asientos. Este resultado alarmó, no sólo a los sectores más conservadores de la política palestina, sino que generó la decisión de Washington y Tel Aviv de impedir que HAMAS llegara conformar un gobierno a pesar de la decisión del pueblo palestino. El triunfo HAMAS remeció los cimientos de la política palestina generando una profunda conmoción en Al Fatah, que volcó sus ojos a Washington y el régimen sionista.

Gaza

Este triunfo dio curso a una política de máxima presión, en todos los ámbitos, direccionada desde Washington y Tel Aviv, lo que implicó una fuerte campaña contra HAMAS y sobre todo el desconocer el triunfo legítimo de sus fuerzas, aupado todo esto también, por el potencial europeo de desconocer el triunfo de HAMAS a quien suele asignársele la responsabilidad de todos los males en Palestina.  Tengamos muy presente que la razón esencial por la cual el ya inexistente proceso de paz no avanza no es responsabilidad de HAMAS como hipócritamente suele argumentarse: es la ocupación y la negación de derechos a los palestinos desde hace 72 años. Invocar como un mantra que HAMAS es responsable de la colonización y ocupación, además de ser una falacia es propio de ignorantes y cómplices del sionismo. Situarse al lado del colonizador, el ocupante y su padre putativo en contra de sus hermanos fue un enorme error de al Fatah. Si bien ambas organizaciones disputan legítimos espacios de poder, no hay que perder de vista que el enemigo se llama sionismo. Aquí la falsa disputa entre securalismo y el factor religioso de HAMAS no es el elemento de separación.

Esta intervención descarada del binomio imperialismo-sionismo y una fuerte campaña de desinformación internacional y que además contó con el beneplácito de Al Fatah generó la división del mundo palestino. Desunión entre sus principales facciones, que los llevó incluso a la llamada guerra entre hermanos, que en el año 2007 se saldó con medio millar de muertos, combates en las ciudades palestinas, asesinatos, secuestros, en hechos que fraccionaron al mundo político palestino por más de una década, posibilitando la profundización de la ocupación palestina al perder de vista que el objetivo principal fue es y será la autodeterminación del pueblo palestino.  Entre una Franja de Gaza dominada por Hamas, que había triunfado en las elecciones legislativas y Cisjordania gobernada por la figura de Abu Mazen (Mahmoud Abbas) quien ganó las elecciones presidenciales.

Luego de 16 años, el pasado 15 de enero del 2021, el presidente Mahmoud Abbas ordenó al comité electoral y a todos los órganos estatales palestinas, que se diera curso al proceso de elección democrática en Cisjordania, Gaza y Al Quds Este. Esto, pasado tres lustros desde aquella ocasión que llevó, precisamente a Abbas a la presidencia. La nueva convocatoria electoral debe efectuarse en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este bajo el siguiente cuadro:  Los comicios legislativos se efectuarán el próximo 22 de mayo y los presidenciales, el 31 de julio. Un tercero, para elegir el Consejo Nacional palestino, tendrá lugar el 31 de agosto.

Esta decisión es de enorme trascendencia. Tiene un formidable significado político, social, de unidad nacional, de mostrar al mundo que los palestinos son capaces, a pesar de todas las vicisitudes de avanzar por un camino de unidad. Entre estas dificultades, se encuentra, en primer lugar la ocupación de los territorios palestinos, la colonización de nuevos territorios con la construcción de asentamientos y la ampliación de otros en Cisjordania. La ampliación del muro de la vergüenza que ya se extiende por 720 kilómetros hundiendo su travesía por aldeas, pueblos, ciudades y zonas agrícolas palestinas. Sumemos a esto la segregación, el impedimento para la libre circulación de los habitantes, los asesinatos y crímenes a manos de las fuerzas de ocupación. Las elecciones también se celebrarán pese a las presiones de Israel y Estados Unidos pero, con voluntad y decisión estratégica la dirigencia palestina en Gaza y Cisjordania han definido realizarlas, en momentos que se está generando el cambio de gobierno en Estados Unidos y con su lazarillo sometido a fuertes críticas por la corrupción política interna.

Son elecciones que se concretarán como parte de un proceso de reconciliación nacional y además en un marco de enfrentamiento contra los procesos de normalización, donde el sionismo ha acercado posiciones con regímenes árabes corruptos tratando de enterrar, definitivamente, cualquier intento de autodeterminación e incluso invisibilizar la propia existencia de Palestina. El camino político, para el pueblo palestino demanda la más amplia unidad, superar las propias debilidades y asumir las responsabilidades de los movimientos, partidos y organizaciones palestinas, que deben ser capaces de superar los escollos que el ocupante y sus aliados le han puesto a Palestina como obstáculos y barricadas. Debilitar las ambiciones políticas de personajes, que no le han hecho bien al proceso de autodeterminación del pueblo palestino y que más bien han sido útiles la ocupante

Estas elecciones deben posibilitar la conformación de núcleos directivos, amplia participación social, objetivos claros para quienes habitan Gaza, Cisjordania, Al Quds Este y la diáspora. La autodeterminación debe ser esa estrella que guíe a los caminantes. Ser capaz de contender contra las influencias internacionales, que han buscado concretar la vieja máxima de dividir para reinar, contando para ello incluso, con las propias decisiones y conductas corruptas al interior de la política palestina. Ese marco favorece la dispersión, la desunión y con ello se impide desarrollar una vida política con cierta normalidad dentro de la anomalía que significa estar ocupados y colonizados desde el año 1948. No olvidemos que Palestina es un territorio ocupado, tanto el histórico desde 1948 como Cisjordania desde el año 1967 y una Franja de Gaza sometida a un bloqueo implacable desde el año 2006. Si eso se tiene presente, el camino de la unidad se aceita con menos trabajo, pero no con menos compromiso. La unidad es el único camino para combatir el sionismo y el imperialismo.

Por Pablo Jofré Leal. Fuente: Segundo Paso