Por Fredes Luis Castro

El economista y especialista en relaciones internacionales Simon P. Watmough sostiene que la defensa de los musulmanes rohingya por parte del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, así como la acusación a las autoridades de Myanmar de llevar a cabo un genocidio contra esta minoría, son acciones que forman parte de un desplazamiento de la política exterior turca a favor de un enfoque civilizacional, en desmedro de su pretérita preferencia occidental. El nuevo paradigma fue especialmente diseñado por Ahmet Davutoğlu, autor del best seller turco La Profundidad Estratégica, que se desempeñó como Ministro de Asuntos Exteriores durante los años 2009-2014, antes de transformarse en Primer Ministro, cargo que desempeñó hasta el 24 de mayo de 2016. Los geógrafos de la Universidad de Bilkent, Pinar Bilgen y Ali Bilgiç, describen la iniciativa como una “nueva” política exterior de Turquía hacia Eurasia*.

Desde el 2002, año en que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) accede al gobierno, explican Bilgen y Bilgiç, el cambio en la política exterior turca fue celebrado por algunos por introducir una “nueva imaginación geográfica” que restauró el “espacio geopolítico otomano”, y cuestionado por otros por desmantelar la estatalidad secular, con un giro que abandonó la convicción euroatlántica a favor de una euroasiática. El lenguaje geopolítico, registremos, fue compartido tempranamente por seculares e islamistas, en el primer caso por su impronta científica, en el segundo por su carga autoritativa, en ambos con un sentido geográfico determinista.

Pero europeístas y euroasiáticos no invocaron, como Davutoğlu, la geopolítica en clave civilizacional. ¿Qué es una geopolítica civilizacional? Bilgen y Bilgiç recurren a John A. Agnew:

es una comprensión de la cultura y la civilización como presupuestos condicionantes del comportamiento internacional. (…) difiere de la “geopolítica naturalizada”, que considera a los aspectos naturales de la geografía como determinantes de la política exterior, y de la “geopolítica ideológica”, que otorga primacía a la ideología como fuerza impulsora clave en la arena internacional.**

Coincide  Davutoğlu con la versión de civilización renovada por Huntington, por evitar el juicio normativo que divide el planeta en categorías civilizadas versus menos civilizadas, para enfatizar una concepción etnográfica y plural de civilizaciones, como entidades autónomas con características determinadas por su historia y su cultura. Pero de ningún modo adhiere al excepcionalismo de Occidente, afirmado por el autor de El choque de civilizaciones, lo que no le impide sugerir un excepcionalismo turco, que impone un liderazgo en su “cuenca civilizacional”.

En La Profundidad Estratégica, observan los geógrafos mencionados, Davutoğlu critica a las anteriores administraciones, que en su preferencia euroatlántica resignaron ejercer como un poder regional bajo el paraguas de la hegemonía civilizacional occidental, antes que liderar la cuenca civilizacional a la que pertenecen. Para el académico y decisor público, su patria debe intensificar relaciones con los otrora territorios otomanos y con las regiones adyacentes habitadas por los pueblos turcos y musulmanes, para llenar las oportunidades proporcionadas por el vacío geopolítico y geoeconómico post-Guerra Fría. Eso sí, las relaciones deben intensificarse con una función central por parte de Turquía, en tanto líder de la civilización islámica en Eurasia Central.

Existen antecedentes de gestiones que revisaron el lugar turco en Medio Oriente, Asia Central y el Cáucaso, en particular durante los años de gobierno de Turgut Özal y del Ministro de Asuntos Exteriores İsmail Cem, pero fueron menos atrevidos a la hora de desafiar a Occidente (la colaboración con Estados Unidos en la Guerra del Golfo, decidida unilateralmente, fue emblemática). Por otro lado, en la “nueva imaginación geográfica” del PJD hacia Eurasia Central las políticas exteriores se justifican con la invocación a una geopolítica civilizacional. Los autores del paper aquí referido, citan un discurso del Ministro de Asuntos Exteriores Abdullah Gül, en el 2002:

Desarrollaremos relaciones de cooperación que no afecten los intereses de parte alguna de conformidad con las prácticas de buena vecindad con la Federación de Rusia, y de conformidad a las afinidades culturales que tenemos con las Repúblicas de Asia Central y del Cáucaso.**

Las relaciones con Rusia, Georgia y Armenia se desarrollan en términos de “buena vecindad”, mientras que la afinidad cultural se reserva a los estados de habla túrquica, con quienes, suelen predicar los hombres y mujeres del PJD, existe una “responsabilidad histórica”. Cuando se trata de los países de la región regularmente presentada como Medio Oriente, el énfasis cultural no se reduce a la lengua, recobrando vigencia la conexión cultural-religiosa. En una entrevista en la que conminó a materializar reformas políticas a estos países, Abdullah Gül advirtió que de no actualizarse:

otros intentarán arreglarlo a su manera e interferirán en nuestros asuntos. Y esta interferencia no tendrá buen puerto porque ellos no comprenden nuestros sentimientos, nuestros hábitos, nuestras culturas y nuestra estructura social.**

“Ellos” contra “nosotros”. En este marco deben interpretarse también las intervenciones de Erdoğan a favor de los palestinos, en cumplimiento de un “deber histórico”, que impone a Turquía una responsabilidad hacia el “hermano más joven”.

Bilgen y Bilgiç ofrecen la siguiente conclusión:

el PJD no es el primer partido político en localizar a Turquía fuera de la civilización occidental. Anteriormente, los gobiernos de Özal habían posicionado a Turquía fuera de la civilización Occidental en términos culturales, sin embargo la localizaban en Occidente en términos de valores políticos. (…) Lo que es diferente en la propuesta de Davutoğlu y el PJD es que han postulado a Turquía como líder de su propia civilización, lo que implica su no pertenencia a la civilización Occidental. Turquía puede practicar el diálogo con los Estados que pertenecen a la civilización occidental, pero esos estados no son “nosotros”. En el ámbito de los Estados que participan del “nosotros”, Turquía tiene responsabilidades, lo que a su vez puede provocar tensiones en las relaciones con los que no lo son (por ejemplo, Israel y Armenia), porque detrás del discurso de la geopolítica civilizacional está la idea de diferencias inmutables entre los pueblos/comunidades/sociedades/estados que pertenecen a civilizaciones distintas. De esto se desprende nuestro argumento más amplio de que el diseño de los asuntos de política exterior por parte del PJD después del 2002 en términos de geopolítica civilizacional ha reformulado las fronteras que unen y dividen a Turquía y Eurasia Central, con implicaciones aún por ser conocidas en las relaciones internacionales de Turquía.**

Los académicos de Ankara firmaron su investigación en el año 2011.

* Los investigadores definen a Eurasia Central, objeto de su estudio, como el área comprensiva de Transcaucasia (Georgia, Armenia, Azerbaiyán), Asia Central (Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán) y Oriente Medio (Jordania, Líbano, Siria, Irán, Iraq, Israel, Autoridad Palestina, Yemen, Arabia Saudita, Omán y Emiratos Árabes Unidos).

**Traducción propia.

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Fredes Luis Castro es un abogado argentino y analista internacional especializado en temas de geopolítica y nuevas tecnologías. Ha cursado estudios de posgrado en Derecho en la Universidad de Palermo, de Administración Pública en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y de Relaciones Económicas y Negocios con Asia del Pacífico e India en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Ha sido asesor de distintos legisladores de la Cámara de Diputados argentina desde el año 2006 hasta la fecha. En los años 2012 y 2013 fue asesor en la presidencia del Grupo Parlamentario de Amistad con la República de la India. Es militante peronista. Blog: http://fredescastro7.wixsite.com/shushwap

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